Katzav se aferró al cargo en todo momento, con una confianza ciega de que todas las acusaciones vertidas en su contra eran infundadas y de que pese a las investigaciones policiales no había indicios serios para ser llevado ante la Justicia.
Esta semana Katzav afirmó que sufría un "calvario", comparable al de las víctimas de la "caza de brujas" durante el macartismo en EEUU, o al del capitán francés Alfred Dreyfus, judío, expulsado del Ejército a finales del siglo XIX acusado de espionaje en favor de Alemania y rehabilitado años después tras una campaña popular en su favor, uno de cuyos promotores fue el novelista Emile Zola con su artículo "J'accuse".
Hasta conocerse el año pasado las denuncias de catorce mujeres que lo acusaron de haber cometido distintos abusos sexuales, Katzav gozaba de una aureola de persona prácticamente intachable y con un futuro prometedor.
El 31 de julio del año 2000, Katzav, quien fue viceprimer ministro en el Gobierno de Benjamín Netanyahu e histórico militante del partido Likud, se convertía en el octavo presidente del Estado de Israel y el primero procedente de la formación nacionalista de derecha.
Su trayectoria política arrancó en 1969 cuando se convirtió en el alcalde más joven de Israel, con sólo 24 años, al frente del municipio de Kiriat Malaji, donde volvió a ser elegido intendente entre 1974 y 1981.
También en 1969 contrajo matrimonio con Guila, una mujer de origen askenazí con la que tiene cinco hijos, cuatro de ellos varones. Su esposa, hasta ahora, lo apoya en su afirmación de que es inocente.
Posteriormente en las elecciones de 1977, que llevaron al Likud al poder por primera vez, fue elegido diputado en el Parlamento.
Nacido en Yazd (Irán) en 1945, emigró a Israel con su familia (de ocho hermanos) en 1951 como parte de una oleada de inmigrantes judíos de los países árabes y musulmanes que comenzaron a llegar masivamente tras la fundación del Estado de Israel, en 1948.
Una de las misiones políticas de Katzav se la confió el primer ministro Menajem Beguin, que lo envió a Irán para convencer a los judíos de ese país de que vinieran a establecerse en Israel, algo que Katzav pudo hacer con facilidad, pues habla un fluido farsi, la lengua nacional iraní.
La infancia de Katzav transcurrió, como la de muchos de aquellos inmigrantes de origen sefardí, en un campo de refugiado de tiendas de campaña.
El servicio militar de Katzav, algo muy importante en este país, no es destacado. En 1964, a los 19 años, se incorporó a las Fuerzas Armadas y salió de ellas, tras cumplir el servicio obligatorio de tres años, con el grado de cabo del cuerpo de Comunicaciones.
Entró en política en 1968 -cuando estudiaba Economía e Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén- como activista del desaparecido Partido Gahal, de tendencia liberal.
Posteriormente fue alcalde, diputado -durante trece años- y sucesivamente ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y de Transportes y de Turismo en distintos gobiernos del Likud, entre mediados de los años ochenta y mediados de los noventa.
En el año 2000, Katzav pareció haber llegado a la culminación de su larga trayectoria política cuando accedió a la Jefatura del Estado derrotando, además, al veterano político Simón Peres en una votación parlamentaria.
Pese a que la figura del presidente en Israel es meramente protocolaria y a que sus poderes se limitan a conceder indultos y conmutar sentencias, Katzav ha representado a su país con un halo de rectitud y defendiendo el interés general por encima de cualquier otra connotación.
No es extraño que hasta que surgieron los escándalos, Katzav fuera considerado tanto por personalidades de izquierdas como de derechas como un representante cabal de Israel, poco amigo de hacer comentarios políticos.
Criado en una familia de pocos recursos, Katzav ha servido de ejemplo de cómo un judío procedente de un país oriental, que suele tener mayores trabas para ascender socialmente, puede abrirse camino gracias a la educación.
Y es que durante muchos años la escena política en Israel estuvo prácticamente dominada por las elites askenazíes, o judíos de origen europeo que tendían a minusvalorar a los judíos sefardíes, y en especial a los emigrados de países de Oriente Próximo, como es el caso de Katzav, cuya carrera política parece haber quedado ahora totalmente eclipsada.
Con información de EFE