La cultura norteamericana tiene una larga tradición de artistas outsiders, que logran -al menos en ciertos círculos- bastante repercusión. No se trata tanto de que su obra sea rupturista, sino más bien de una sensibilidad distinta, no apegada a las normas del mundo "adulto", más cercana al universo mágico de la infancia.

En el terreno musical, el mundo de la música popular tiene varios de estos ejemplos de artistas "infantiles" y "excéntricos", con aire de perdedores e inocencia a veces cruel, pero que a la vez conectan con un público más o menos amplio. Los nombres de Daniel Johnston y Jonathan Richman surgen naturalmente como ejemplo. El canadiense Mac DeMarco parece un continuador de esa línea de artistas pop individualistas que nunca dejan del todo la adolescencia.

Nacido en 1990 como Vernor Winfield McBriare Smith IV, DeMarco comenzó a hacer música en 2008 bajo el nombre de Makeout Videotape. Heat Wave, el disco que editó independientemente con ese seudónimo vendió las únicas 500 copias que se lanzaron.

En 2011 DeMarco se mudó a Montreal y comenzó a hacer música con su actual nombre artístico. Un año después editó un mini LP llamado Rock and Roll Night Club. Ese fue el disco que comenzó a llamar la atención sobre su propuesta. Con varias canciones muy similares que intercambiaban líneas melódicas, letras extrañas y un estilo de cantar que a veces se parecía al de Lou Reed, otras veces a una mala imitación de Elvis Presley, DeMarco sorprendió con un disco que es muy atractivo de escuchar, pero a la vez deja flotando en el oyente la idea de que el artista quizás se esté burlando de él.

2, su segundo álbum y el primero en poder ser considerado un disco "completo" terminó de consolidar su propuesta musical.

En muchas oportunidades se ha comparado su música con la de otro artista "raro" el estadounidense Ariel Pink. Como Pink, DeMarco tiene una fascinación por la música de los 70 y los 80 , especialmente por el pop y rock que comenzó a difundirse masivamente a  través de las nacientes emisoras de FM. Y, como él, es uno de esos músicos en los que la excentricidad de su personalidad artística no es un escollo para el éxito, sino lo contrario.

DeMarco también ha sido comparado obviamente con Richman y a Johnston, lo cual parece muy atinado. Más allá de compartir esa incomodidad con el mundo "real", sus letras son cercanas a la ironía inocente de Richman, aunque DeMarco maneja un humor más directo y "adolescente". Y, sin tener su candidez, hay varios temas "románticos" donde aparece, al igual que Daniel Johnston, como un perdedor que nunca abandona las esperanzas.

Pero a la vez su música tiene muchos nexos con compositores como Harry Nilsson y con la etapa del "fin de semana perdido" de John Lennon, época de su disco Walls and Bridges de 1974. Las líneas de guitarra sin distorsión, saturadas de efectos de chorus y vibrato, que son omnipresentes en la música de 2 y de sus posteriores álbumes, remiten casi directamente al sonido de ese disco de Lennon, lo mismo que esas melodías lánguidas y amables, siempre con mucho gancho.

Convertido en un músico de culto, mimado por la critica más alternativa, DeMarco ha ido construyendo además una fama de artista imprevisible por su errático comportamiento arriba del escenario, lo cual, por supuesto, ha aumentado su aura de excéntrico.

Los discos Salad Days, editado el año pasado y Another One, lanzado hace un par de meses han demostrado que además de ser un artista muy prolífico, sigue siendo un compositor interesante y personal.

Este próximo lunes 16 de noviembre, cuando Mac DeMarco se presente en La Trastienda, vamos a tener la oportunidad de comprobar de cerca esos méritos.

Por Andrés Torrón