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Montevideo versión

''El guardia se sonríe tímido y divertido, sentado en un taburete alto, al costado del cenicero de Lucky Strike, delante de una gigantesca tela luminosa con las caras de los famosos de Hollywood, que indica que el video club está en el subsuelo.''

01.09.2004

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2004-09-01T00:00:00-03:00
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Después de un año y medio de haber llegado a Pocitos, he logrado algo que me parecía casi imposible: entrar al supermercado con casi la misma sensación de entrar al Poco Sitio, el almacén de don Pancho Gómez, que está pegado al edificio enorme que hay en Avenida Italia y Propios, el almacén de mi barrio de soltero. Lo considero un premio a la rebeldía contra el esquema impersonal del supermercado que poseen muchas personas, tanto empleados como clientes (aunque entre los clientes he constatado muy pocos rebeldes, y entre los empleados he encontrado mucho seco de vientre).

Esa sensación de entrar a un lugar cálido, donde a uno lo conocen como persona, más allá de eso del cliente que siempre tiene la razón y al cual debo satisfacer a toda costa, so pena de que Peter Draker me escupa el ojo izquierdo, o el jefe me suspenda. La sensación de ser un conocido para las personas que te atienden, y no el cliente que viene a comprar al lugar donde yo tengo que trabajar. Una cosa linda que solo se logra si uno es rebelde y decide perder un poco ese miedo tan montevideano a hacer un papelón.

Hoy es martes, día de compra, día de cinco por ciento de descuento con la Hipercard, en todos los supermercados Devoto. Entro y saludo al guardia casi como si entrara en el Poco Sitio.

-Holaaaa. ¿Qué tal? -le digo mientras tomo un carro.
El guardia se sonríe tímido y divertido, sentado en un taburete alto, al costado del cenicero de Lucky Strike, delante de una gigantesca tela luminosa con las caras de los famosos de Hollywood, que indica que el video club está en el subsuelo. Me parece que le hago gracia, o le hace gracia que lo salude. En esa sonrisa siempre leo: ''Ya vino este flaco de los bigotes que siempre me saluda. Ja.''. Voy directo a la fiambrería y la carnicería, que es donde hay que hacer un poco de cola y sacar número. Es mi estrategia de compra. Primero lo lento y después lo rápido. No sé por qué, pero es mi estrategia para hacer la compra.

-¿Cómo andás Carlos Gómez? -le digo al carnicero mientras saco número para la fiambrería que lo que siempre demora más.

-Bieeeen. ¿Y vos Carlos Gómez? -me contesta.

Siempre bromeamos con el hecho de ser tocayos. Me enteré por Cecilia que es cajera, y un día, al ver mi nombre en la tarjeta me dijo: ''Mi esposo también se llama Carlos Gómez. Es un muchacho flaco y alto que trabaja en la carnicería.'' Al siguiente martes pregunté quién era Carlos Gómez, extendí la mano sobre el mostrador y dije: ''Mucho gusto Carlos Gómez. Yo soy Carlos Gómez.'' De ahí en más nos hicimos conocidos.

-Hoy me caí de la cama. -le digo, porque son las ocho y media de la mañana.
-Ya veo. -dice y corta con la cuchilla un pedazo de carne pulposa.

-Me gusta esta hora, che. Hay poca gente. -le digo.

-¿Te habrás caído de la cama, o te habrán echado? -pregunta insidioso mi tocayo. Truco. Retruco. Vale cuatro. Quiero.

-Callate la boca vos. Te hacés el macho porque tu mujer está allá en la caja, en la otra punta. -le contesto con una sonrisa. El carnicero me mira con la cuchilla en la mano, y por suerte se sonríe.

-Si él lo dice es porque más de una vez lo deben haber echado. -tercia la fiambrera y luego dice mi número.

-Acá. -le digo. Me acerco al mostrador. -¿Cómo estás?

-Bien. -me contesta.

-Dame trecientos de ese.

-¿Este?

-Sí. -y agrego en voz más alta para que me escuche el carnicero. -¿Sabés lo que pasa? Es que la esposa de este, es petisa, igual que la mía. Y el bien sabe como son las petisas. Cuando se enojan se ponen bravas, y para volver a la calma... Dios mío, esa sí que es difícil. Ahí no querés estar ¿no?

-Nooooo. -contesta el carnicero y niega con la cuchilla en alto y una gran sonrisa. La fiambrera se ríe en la máquina.

Yo compro. Ellos trabajan. Nos divertimos todos. Pienso que cuando vaya a la caja, le voy a decir a la esposa del carnicero: ''Che Cecilia, tu esposo está bravo. Hoy me amenazó con la cuchilla.''

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