Manden sólidos

Los mineros se comunicaron telefónicamente

"Estamos todos sanos y con hambre", dijeron este lunes los 33 mineros atrapados en su primera comunicación telefónica con la superficie. Según Juan Carlos Díaz, compañero de uno de los obreros atrapados, tienen casi dos kilómetros para moverse y un refugio que cuenta con frazadas y víveres. Los mineros afrontan también un desafío psicológico.

23.08.2010 15:16

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"Estamos todos sanos y con hambre", dijeron este lunes los 33 mineros atrapados en un yacimiento al norte de Chile, en lo que fue la primera comunicación telefónica con la superficie, informó EFE.

Los obreros, que llevan 18 días bajo tierra, pidieron comida y también oxígeno. Además de agua, medicinas y alimento líquido, los socorristas ya comenzaron a enviarles oxígeno empleando unos cilindros que hacen descender hasta el refugio.

Hoy comienza el proceso de hidratación y alimentos de los 33 mineros atrapados en Copiapó, lentamente y a través de la sonda utilizada para comunicarse con ellos en primera instancia.

Los 33 mineros tendrían más de 1,5 km para desplazarse, además del refugio de seguridad construido sobre la roca a 700 metros de profundidad, explicaron a la AFP expertos y trabajadores del mismo yacimiento.

"Pienso que tienen al menos un espacio de 1,8 km en donde pueden moverse, que es la zona donde creemos que no llegó el derrumbe", dijo a la AFP Juan Carlos Díaz, compañero de trabajo de los mineros atrapados y que estuvo en el yacimiento unas horas antes del derrumbe que los sepultó el 5 de agosto pasado.

"Nosotros les entregamos el turno esa mañana, por eso es que nos afectó mucho" lo que sucedió, relató Díaz en las afueras del yacimiento San José, en la ciudad de Copiapó, a unos 800 km al norte de Santiago.

Para Gino Erazo, otro trabajador del yacimiento y especialista en fortificación de minas, los mineros atrapados tienen suficiente espacio.

"Hay espacio de sobra para ellos abajo, 1,5 kilómetros más o menos" de extensión, dijo Erazo a la AFP.

Después de 17 días y a través de un pequeño ducto, los mineros pudieron ser contactados la tarde del domingo. En un mensaje escrito sobre un pequeño papel que lograron enviar hacia el exterior señalaron: "Estamos bien en el refugio los 33".

El refugio es una zona de seguridad con la que cuenta el yacimiento en su parte más honda, a unos 700 metros de profundidad, dotado con elementos básicos de alimentación para un período calculado de entre 48 y 72 horas.

Pese a estar allí durante 17 días, sobrevivieron, aparentemente en buena condición, y este lunes comienzan a recibir alimentación a través de un agujero perforado por una sonda.

Es en ese refugio donde los mineros deberán permanecer por unos cuatro meses, mientras se concretan las operaciones para un rescate directo.

Según Díaz, el refugio es una excavación fortificada construida sobre la roca de la mina. "Se perforó cerro virgen dentro de la mina y se les puso mallas metálicas a las paredes. El refugio contaba con víveres y frazadas", relató el minero.

Es un espacio "amplio, entran 50 personas tranquilamente", precisó por su parte Erazo.

El operario aseguró además que para iluminarse sus compañeros están utilizando las baterías de algunos vehículos que también quedaron atrapados en las profundidades de la mina.

"Hay cargadores frontales, maquinaria pesada, el camión de personal, porque están todos juntos, a todos el derrumbe los pilló abajo", aseguró.

Unas imágenes difundidas por la cuprífera estatal Codelco, que lidera las labores de rescate, mostraron a algunos de los mineros saltando, en aparente buen ánimo y estado de salud.

Según Erazo, gran parte de la fortaleza anímica que los mineros atrapados han mostrado radica en el jefe de turno, Mario Gómez, de 63 años y el más experimentado del grupo, quien el domingo le hizo llegar una sentida carta a su esposa desde el fondo de la mina, atada a la perforadora que los contactó.

"Es como un padre que cuida a sus hijos", explicó Erazo.

Los desafíos psicológicos

Conservar un ritmo de sueño, mantener la esperanza y un equilibrio psicológico en el seno de un grupo confinado en un espacio exiguo son algunos de los desafíos a los que se enfrentan los 33 mineros.

"Es más fácil sobrevivir en grupo. Si se está solo usted puede dejarse llevar por la desesperación, pensar que no tiene salvación. En grupo, si uno flaquea los otros lo animan", explica a la AFP Michel Siffre, espeleólogo y científico que ha llevado a cabo numerosas experiencias de confinamiento en condiciones extremas.

"Cuando la supervivencia está en juego el grupo se une. En todas las experiencias de supervivencia los problemas psicológicos se plantean después de la salida. Ante el peligro, se aguanta", señala por su lado Henry Vaumoron, secretario general de la Federación Francesa de Espeleología.

"Pero como en la balsa de la Medusa, donde muchos sobrevivientes se mataron entre ellos, o en el accidente de un avión uruguayo en la Cordillera de los Andes en 1972, donde sobrevivieron gracias al canibalismo, la situación puede degenerar", recuerda Siffre, quien pasó dos meses solo a cien metros de profundidad y a cero grados de temperatura en 1962.

Un experimento llevado a cabo hace varias décadas por la agencia espacial estadounidense NASA, en un equipo en autarquía completa, mostró que cuatro miembros de la misión no podían soportar al quinto y querían incluso matarlo, explica.

"En las situaciones de sobrevivencia eso se vuelve darwiniano. Los más fuertes sobreviven. Y la actitud mental es primordial. Hay que creer. Quienes creen en su supervivencia tienen más posibilidades de salvarse que los que se abandonan a la suerte", recuerda Siffre.

Para organizar la vida del grupo y solucionar los eventuales conflictos deben surgir "jefes": un superior jerárquico o individuo que en esos momentos excepcionales asume el papel de líder, según Siffre.

Los sobrevivientes tienen que conservar el mismo ritmo de sueño que en la superficie, ya que sin la luz del día se pierde la noción del tiempo.

"Los ejercicios de supervivencia llevados a cabo en grutas sin ninguna referencia temporal han demostrado que el organismo tiene su reloj biológico que se pone a funcionar por periodos de 26 horas", explica Sophie Lumineau, investigadora en cronobiología de la Universidad de Rennes.

"Pero este reloj biológico difiere ligeramente según los individuos. O bien todos van a sincronizarse con un ritmo promedio, o uno de ellos impondrá su ritmo a los demás", explica.

Gracias a las posibles comunicaciones con los socorristas, se les podrá imponer el ritmo del mundo exterior, por ejemplo entregándoles los alimentos a horas fijas. Y podrán probablemente tener luz con lámparas que les hubiesen pasado por el conducto.

Para permitirles sobrevivir habrá que renovar el oxígeno, aprovisionarles en agua y alimentos. Deberán rehidratarse permanentemente, beber sin cesar, ya que a los 33 grados Celsius, el agua del cuerpo se evapora permanentemente.

"Será necesario darles una alimentación más bien líquida. Entre menos vayan al retrete será mejor. Cuando uno está bloqueado bajo tierra, tiene que cavar y enterrar los excrementos", explica Henry Vaumoron.

"Todos tendrán problemas de visión al salir. Se constata un aumento de la miopía, de la visión del relieve y de los colores cuando se vive sin luz", explica Siffre.

"Lo esencial es que salgan vivos, pero no saldrán indemnes", estima.

(En base a AFP)