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Este miércoles se realizó en el Museo del Fútbol del Estadio Centenario el lanzamiento del libro "Yo estuve ahí", del periodista Alejandro Figueredo, quien cubriera para la TV el pasado Mundial de Sudáfrica. La presentación contó con tres invitados de lujo: El "Loco" Sebastián Abreu -autor del prólogo-, el cantautor Jaime Roos, que también acompañó a los celestes en Sudáfrica, y el periodista Jaime Paolillo, que viajó al país africano durante el torneo.
La afinidad y simpatía que esta selección celeste demostró en lo interno, se contagió a todos queines los rodearon durante el periplo africano. "Nos hicimos todos amigos", afirmó Jaime Ross, quien prepara junto a su hijo un extenso video documental que saldrá en marzo próximo.
El músico recordó con cariño los días transcurrido en "El Convento", refiriéndose "al pequeño y confortable hotel de Kimberly", donde pararan algunos periodistas, operadores y camarógrafos, así como él mismo y su hijo, en carácter de "civiles". Afincar la concentración uruguaya "en esa localidad chica y sin gracia" fue "un acierto de Tabárez", afirmó el músico, y felicitó a Figueredo por su libro "que está muy bien escrito y demuestra gran poder de síntesis". Compañero habitual de la Celeste en los últimos mundiales, Roos evocó de manera agridulce el partido de semifinales contra Holanda, y afirmó que le hubiera gustado tener en ese partido "al correcto juez que nos dirigió contra Alemania". Para Roos, el choque de semifinales "fue un despojo" y "todos nos quedamos con la sensación de que podríamos haber jugado la final y hasta ser campeones". Sin embargo, no por eso dejó de ver el lado positivo del asunto, ya que valoró "un cuarto puesto en una época donde todo el mundo juega al fútbol, y ya no hay giles", rescatando asimismo el buen fútbol que demostró el elenco uruguayo. "Es algo de lo que todo el mundo habló y habla", manifestó.
A su turno, Sebastián Abreu destacó el trabajo de equipo llevado adelante por la selección, labor que "con humildad y sacrificio nos llevó a estar entre los mejores del mundo". Posteriormente, refirió de manera desenfada el encargo del prólogo por parte de Figueredo, y la realización del mismo. "Para escribir no me dan las bolas, yo te hablo y vos lo manejás", solicitó en la ocasión el futbolista. Ese "yo te hablo", se tradujo en una extensa conversación telefónica, que se prolongó "hasta las cinco de la mañana", recordó Abreu, quien al recibir el texto resultante de la charla, quedó sorprendido "¿Tan bien escribí?", bromeó.
Para el actual ariete del Botafogo, el libro de Figueredo cumple un importante papel a la hora de conservar de forma ordenada y racional los episodios del Mundial, sin que por ello se pierdan las emociones.
"Va a ser muy importante para las generaciones futuras, para nuestros hijos: es algo que vamos a recordar siempre", concluyó.
Finalmente, el autor recordó los dichos del Ministro Lescano - que estaba en la sala-, asegurando que el Mundial 2010 era causa nacional. Figueredo concordó con ese designó, y añadió que "todavía estamos a tiempo de decir que el Mundial de Brasil 2014 es también causa nacional".
El periodista agradeció a todos los colegas con los que compartiera la expedición sudafricana, varios de los cuales forman parte del libro. "Quise que cada uno de los siete partidos de Uruguay fuera abordado por algún periodista que también hubiera estado allí", detalló. Por ello, en las páginas de su obra figuarn los nombres de Federico Buysan, Pablo Gobba, Luis Inzaurralde, Rómulo Martínez Chenlo, Jorge Savia, Martín Charquero, Enrique Yanuzzi y Alberto Kesman.
FRASES DEL LIBRO:
"Al entrenador le gustó sobremanera la independencia que ofrecía la sede (...) Tabárez, se sabía, quería máxima privacidad. Y el Protea se la ofrecía. Pero hubo algo que inclinó definitivamente la balanza a favor de Kimberley. La disposición que mostraron las autoridades locales para salvar cualquier obstáculo que se presentara. Ese fue un punto determinante. La calidez jugó su propio partido".
"Desde hacía unos cuantos meses, con el respaldo del gobierno, se había instalado a nivel nacional la costumbre de los soccer´s fridays. Los viernes, los empleados de empresas privadas y públicas podían ir a trabajar con la camiseta de su selección. Las calles estaban embanderadas, los autos lucían todo tipo de accesorios patrios (llantas, fundas de espejos, banderines) y de lo único que se hablaba entonces era de fútbol".
"En Montevideo, la principal tarea para el chef [Aldo Cauteruccio] fue la definición de los productos que debía llevar desde Uruguay. Debía, además, tener bien claro cuáles podría encontrar en tierras mundialistas (...) La lista de cosas que debían llevarse desde Montevideo quedaba limitada, prácticamente en exclusividad, a aquellos productos que no encontraría en Sudáfrica. Así, se dispuso embarcar 180 kilos de yerba, 40 kilos de dulce de membrillo, 40 kilos de dulce de batata y unos 60 kilos de dulce de leche. Lo de la carne roja no sería un inconveniente. La AUF había hecho un acuerdo con el Instituto Nacional de Carnes que permitió el traslado de 1.115 kilos de carne".
"La arenga de los jugadores antes de salir al campo de juego ocurría a centímetros suyo. Martín Cáceres pasó a su lado y le preguntó: "¿Lo grabaste? ¡Tenés que grabar todo!". Por si faltaba algo, escuchó la voz del capitán Diego Lugano que le dijo: "Vení, grabá este momento que es único".El chef se convertía en una suerte de camarógrafo oficial del grupo. Comenzó a sacar cada vez más fotos, retrataba a los familiares en las tribunas y luego traficaba la tarjeta de memoria para pasarle a cada jugador las imágenes pedidas. El ritual se repitió en cada partido".
"El León sin melena había entregado una de las imágenes más conmovedoras de la Copa. Con la cabeza ensangrentada por un fuerte golpe con el mexicano Guardado, debió dejar la cancha varios minutos ante la orden del árbitro húngaro Kassai y, luego, debidamente vendado había podido terminar el encuentro. Fue una muestra de coraje y amor por la camiseta que llevó la admiración de la gente a extremos insospechados".
"La azafata estaba muy nerviosa y reiteraba en inglés el último llamado. Lo que nosotros desconocíamos era que la red de altavoces de la zona de vuelos regionales no era la misma que la de la planta superior. Sin embargo, para darle algo de tranquilidad, me ofrecí a convocar por el altavoz al último pasajero, en español. Para mi sorpresa, lejos de incomodarse, rápidamente me pasó el micrófono y en un segundo se estaba escuchando a viva voz un llamado diferente: "Al flaco de Puma, lo estamos esperando para tomar el vuelo de Kimberley. Apurate que te dejamos". De pronto, por las escaleras mecánicas asomaba la figura del esperado pasajero, con una amplia sonrisa, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar."
"El trabajo del periodista debe respetar ciertas distancias. Pero este Mundial planteaba desafíos inéditos. ¿Cómo abstraerse ante tanta emoción? ¿Cómo buscar en caliente análisis y reflexión tras una victoria tan sufrida y significativa? Sabiendo que habría tiempo para el trabajo con las pulsaciones normales, el momento del encuentro con los jugadores era, tras cada partido, único e irrepetible".
"Lugano rompió el protocolo y evadió toda medida de seguridad. Era el último, como siempre, en subirse al ómnibus, pero en vez de buscar la puerta del vehículo, enfiló hacia donde estaban los hinchas. Una pequeña cinta que hacía de barrera de contención no pudo evitar un caluroso abrazo del capitán con los sorprendidos fanáticos. Lugano abría sus brazos para alcanzar a la mayor cantidad posible de personas. Les regalaba la última alegría de una noche que ellos nunca podrían olvidar".
"Cuando el avión ingresó a espacio aéreo uruguayo, el piloto puso por los parlantes la voz del controlador de tráfico compatriota que daba oficialmente la bienvenida al equipo. Fue un momento de mucha emoción. Los jugadores y el resto de los pasajeros respondieron con un fuerte aplauso. Las palmas se repitieron en el momento de tocar la pista y una vez más se escuchó el "¡Volveremos / volveremos!".
Título: Yo estuve ahí
Autor: Alejandro Figueredo
Sello: Aguilar
Páginas: 285
Precio: $ 380
Conseguilo en www.nosgustaleer.com
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