Esta condición crónica afecta entre ocho millones y diez millones de mujeres en algún momento de sus vidas.
Un estudio de la Universidad de Michigan reveló que las mujeres hispanas -encuestadas en el área metropolitana de Detroit- resultaron dos veces más propensas que las blancas a ser afectadas por vulvodinia, mientras que la condición afectó a una mujer negra por cada dos blancas.
En tanto, las mujeres más jóvenes, las que experimentaban dolores durante la relación sexual o dolor vulvar en los últimos seis meses y las mujeres con problemas para dormir, depresión y dolor crónico preexistentes también resultaron más propensas a desarrollar vulvodinia.
"Encontramos las diferencias más impresionantes e inexplicables entre grupos étnicos y raciales. Otros factores predictores incluyen la edad más temprana, la disfunción del sueño, condiciones comórbidas de dolor, síntomas genitales que no cumplen todavía criterios de diagnóstico y angustia psicológica", dijo la investigadora principal Barbara D. Reed, profesora de medicina familiar en la Escuela de Medicina de la UM.
La vulvodinia se caracteriza por una irritación ardiente, o un dolor agudo cerca de la apertura de la vagina. La localización, constancia y gravedad del dolor varía entre las mujeres. Para algunas el dolor vulvar puede ser consecuencia de actividades como el andar en bicicleta, el uso de tampón o el coito, y para otras puede ser un dolor constante y espontáneo.
"Uno de los problemas mayores con la vulvodinia es que los médicos tienden a no reconocerla, diagnosticarla o tratarla y por eso tantas mujeres sufren sin saber que sus síntomas tienen un nombre y que es posible un tratamiento", dijo Reed.
"Cuanto más los médicos sean conscientes de la frecuencia con que esto ocurre y a quién afecta la condición, más probable es que eduquen a las pacientes acerca de la vulvodinia y les den tratamiento o las refieran para recibir asistencia", concluyó.