Contenido creado por Pablo Méndez
21 días

Veintiún días (Última parte)

La historia de Daniel Flores García (Última parte)

A las seis de la tarde del 26 de febrero de 2013, cinco turistas de Cartagena encontraron al estudiante chileno Daniel Flores García a orillas del Lago Huelde, al Oeste de la isla chilena de Chiloé. Desnutrido, deshidratado y sin poder caminar, Daniel Flores fue trasladado hasta el bote que lo llevó con su familia. Había estado 21 días perdido en el bosque. Última entrega de su historia.

Lectura: 26'

2013-04-18T13:23:00-03:00
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Montevideo Portal | Pablo Méndez
@pablomendezmvd

Cuando Montevideo Portal lo contactó, Flores todavía se estaba recuperando, tenía los músculos debilitados y los pies hinchados por la inflamación de las heridas. Relató durante horas, con mucha paciencia y esfuerzo, todo lo que había vivido esos días caminando sin rumbo por los bosques del sur chileno.

Flores buscó los detalles, planteó dudas y arriesgó respuestas a preguntas que aún no se había hecho. Lo que sigue es la reconstrucción de su historia, una síntesis de su relato en primera persona.

(Leer primera, segunda y tercera parte)

Cuarta parte

Lo que complica ahí la evaluación de las distancias y la ubicación de las personas es la espesura del bosque y el eco. Es difícil comunicarse ahí adentro. Vos podés tener una persona delante de tí, a 50 metros y no la ves por la espesura y cuando esa persona te habla, por el eco, vos la sentís como si estuviera detrás de ti. Estuvimos como una hora tratando de comunicarnos, yo sentía que me hablaban de atrás, de los costados, me decían ´andá para ese lado que está el cielo azul´ y mientras yo avanzaba hasta allí, se nublaba y aparecía el cielo azul por el otro lado o me decían ´quedate en un árbol´ y yo pensaba ´pero acá está lleno de árboles´. No teníamos buena coordinación, yo me acercaba y ellos se alejaban y como que se empezaron a ofuscar un poco y yo les decía ´por favor, quédense ahí no se vayan´ Yo pensaba que me iban a encontrar, pero si no me encontraban iban a quedarse acampando cerca y otros iban a ir a buscar ayuda. En un momento, me dijeron ´Andate al árbol más grande´ y yo comencé a avanzar al árbol más grande, rompiendo ramas. Cuando llegué estaba agotadísimo y me quedé ahí, ya no me moví hasta que empezaron a llegar ellos. Primero llegó Simón, un chico alto alegre, de pelo largo y cara rojiza, ´¿Así que tú eres el que estaba perdido?´, yo le dije que sí, el se río y me dijo "estás vivo, compadre y se acercó, yo lo abracé muy emocionado pensé que nunca iba a volver a ver a una persona, estaba supercontento, casi me pongo a llorar. ´Lo encontramos´, gritó Simón y después llegó Nicolás y al rato Andrés, me tomaron por los hombros y me ayudaron a levantarme y avanzar, pero cada tanto se caían conmigo, estaríamos a 50 metros del río. Nicolás y Simón me iban agarrando porque más allá de que no podía caminar bien, tampoco tenía equilibrio, me iba de un lado para el otro, me era muy difícil dar más de dos o tres pasos seguidos sin perder el equilibrio. Yo los abrazaba y les decía ´gracias, gracias´ y ellos, con el tiempo, se iban alegrando, ´lo encontramos´ gritaban, eran tres niños de unos 20 años. Cuando llegamos al brazo del río Cipresal me sorprendí, pero después vi que tenían un bote. Dos niñas esperaban en el río, Deborah, que era una niña rubia, bien bonita y simpática y Claudia, que era una chica morena, que era la polola del Nico. El bote no alcanzaba la orilla, y veo como uno de los chicos empieza como a caminar por el agua, y empecé a creer que estaba alucinando de nuevo porque una persona no puede caminar por el agua. Ellos me vieron un poco asustado y me dijeron ´mirá, trata de pisar aquí´, había raíces por debajo del agua que te permitían avanzar por el río y aunque no tenía mucha fuerza, logré subirme al bote.

Después fuimos saliendo de a poco, y yo me iba sacando una sanguijuela que tenía, pensé en comerla, pero enseguida me di cuenta y la tiré al agua. En medio de la laguna voy viendo el bosque en el que estaba metido, era una selva inmensa en un espacio pequeño, empecé a ver los caminos, los ríos, las cabañas, había muchas cabañas, pero dentro del bosque no se veía ninguna. Yo iba conversando con las chicas, pero era raro, todo lo que les decía, las hacía reír. Íbamos viajando y se iban riendo. yo pensaba que por lo menos ahora estaba con personas. Me acuerdo que les dije que yo pensaba estudiar Medicina, pero que con todo lo que había pensado en comida, creía que iba a estudiar algo relacionado con la gastronomía, como chef internacional o una cosa así, y ellos más se reían, me preguntaban cosas y me contaron que cuando ellos escucharon que estaba perdido, pensaron que nunca me iban a encontrar. Deborah, me decía que pensaron que yo estaba muerto y que haberme encontrado, para ella era como un regalo para valorar la vida. Cuando estábamos llegando al camping del abuelo Petto, el viento que venía tanto de la playa como del río, hizo que el bote se empezara a dar vueltas sobre sí mismo, los chicos tuvieron que remar más fuerte y pudimos seguir. Cuando finalmente llegamos a la orilla, me empezaron a doler las piernas, todavía tenía que trasladarme hasta el camping, para ver si me podían dar una pomada o una inyección. Yo pensaba que de ahí me llevaría Carabineros hasta Santiago.

Yo voy entrando tranquilo al camping, pensando en que habíamos llegado a la civilización, cuando uno de los chicos grita ´encontramos al que estaba perdido´, y ahí, como que las 500 personas que estaban en el camping se acercaron a ver quién era. Había algunos tipos que miraban enojados, otros alegres, algunas niñas lloraban, de repente llegó un tío medio punky y me dijo ´tu huevón, qué estabas haciendo, dónde te habías metido y me levantó y después toda la gente quería llevarme y tocarme y los niños que me habían rescatado quedaron atrás. Me llevaron a una casa donde había mucha gente, me sentía como Jesucristo en la película Jesucristo superstar, que lo levantan por el aire. Al ver tanta gente y tanta comida, yo quería comer aunque sea un poco de pan, o un poco de leche, pero me respondieron que no me podían dar porque me podía hacer mal. En un momento siento que alguien grita que me vinieron a buscar, y escuchó la sirena de la policía. Atrás de ellos llegaron unos lugareños en una camioneta. Los del camping estaban medio ebrios y no me querían dejar ir. Llegan los de la Policía de Investigación y dicen que ellos están a cargo de mí y empiezan a forcejear, “no que lléveselo usted” y ahí llega mi mamá, y me llevan al consultorio. Yo sentía que estaba en el aire y en el mismo aire me iban sacando todas las prendas y me iban poniendo otras, me envolvían como a un bulto y me llevaba en una ambulancia al Hospital de Castro. Luego me estabilizaron y me hicieron las preguntas de rigor al ingresarme. Todos se sacaban fotos conmigo, los doctores, las enfermeras, los de la PDI, los Carabineros, los periodistas, todos celebraban.

 

El hospital 

Al caer la noche, me relajé, me pusieron el suero y recién ahí empecé a sentir todo el peso de mi cuerpo porque antes yo sentía las molestias, que me costaba levantar el brazo o mover el cuello, era todo una molestia, pero con la motivación que tenía igual lo trataba de mover y lo movía, después ya estando en el Hospital, me bajó el cortisol, que es la hormona del estrés y mi cuerpo se empezó a relajar, igual cuando empecé a ver todas las luces eléctricas, fosforescentes, veía como una honda de luz, como difuminaciones y me sentía sumamente distorsionado, la misma sensación que cuando tirás una piedra en un agua quieta, esas hondas sentía yo en todas las cosas que miraba. El primer día todo bien porque fue muy alegre, aunque yo me sentía muy extraño y todos me venían a ver. Yo no podía dormir, dormía como mucho una hora, una hora y media y me venían a preguntar si no quería que apagaran la luz. Mi cabeza pensaba mucho, yo tenía hábitos, mi metabolismo empieza a crecer en la mañana y se estabiliza en la tarde y a la noche empieza a bajar. Como en el bosque no podía dormir en la noche, obligué a mi cuerpo a mantener el metabolismo para poder calentarme, por si tenía que trasladarme o arreglar el refugio en el que estaba. Toda esa rutina se me rompió y afectó los ritmos circadianos. Cuando después yo quería dormir en la noche, porque mi cuerpo estaba cansado y yo sentía somnolencia, mi mente empezaba a activarse y empezaba a pasar información sin que yo quisiera. Recuerdos de la infancia, de cuando estaba más grande, de cuando era adolescente, como si alguien me abriera la mente y me empezara a pasar toda la información acumulada y me empezaba a hacer preguntas y esas preguntas me llevaban a los pensamientos que tienen que ver con el futuro y los por qué y las cosas filosóficas, yo empecé a sentir mi corazón acelerado y me asusté, en realidad pensaba que me iba a morir. Lo único que hacía era tratar de respirar lentamente y oraba, pedía para relajarme.

El primer día estaba en Tratamiento Intensivo, yo sentía un calor inmenso del pecho hacia abajo, como si tuviera una gripe fulminante hasta la planta de los pies. Yo trataba de mover los pies bajo las sábanas, los levantaba un poco y no me podía quedar quieto, porque sentía que las sábanas me estaban aplastando las piernas, tenía que acomodarme para un lado y después para el otro y así. Ese día llegó una enfermera y me dijo ´ya lo vamos a bañar porque viene bien cochinito del bosque´ y le respondí que yo podía solo, pero cuando hice un tremendo esfuerzo para tratar de levantarme, vi que no podía, tenía la planta del pie hinchadísima y no tenía ningún equilibrio, me dolió como si me estuvieran mordiendo los pies. La enfermera me miró y me dijo ´no puede´ y me lavaron en la cama.

Al otro día me pasaron a una sala de aislamiento. El régimen de comidas era liviano puras papillas, flanes, sopitas de verdura con pedacitos chiquitos de pollo, el pan en la mañana, en la tarde postres y en la noche también papillas. Ahí me llevaban libros, me hacían los tratamientos, me preguntaban cosas, me inyectaban, me lavaban, yo sentía como que estaba en una burbuja, entonces cuando llegó el momento de darme el alta, yo no quería salir porque había mucha gente que quería saber de mí, que quería tocarme, que quería hablarme y yo no es que no quisiera eso, pero sentía que no volvería a tener la vida normal que tenía antes. Yo había recibido picaduras de insectos, tábanos, zancudos, sanguijuelas, los bichos se me posaban en las heridas y se me infectaba, se me generó una reacción alérgica importante y estando en el hospital las piernas se me pusieron tiesas y ya no las podía mover, lo único que movía eran las manos, la mitad del brazo y trataba de enderezar la cabeza. Yo tengo un pequeño pie de atleta que lo controlo con clotrimazol, pero esta vez como andaba sin zapatos y no me lavaba, el hongo empezó a crecer hasta que me afectó el dedo por abajo y eso llegó hasta el tejido de la piel. El hongo atacó eso y yo ya no sentía los pies.

Toda la infección generó como un pie que parecía un pie leproso, que ya estaba como para ser casi cortado, si hubiera estado un tiempo más. Estaba tan débil que el cuerpo no me respondía para lograr la reconstrucción de tejido, entonces las heridas que yo me hacía no curaban tan rápido y se infectaban. Me empezaron a dar suero, sodio con potasio y antibióticos en una dosis muy alta y se me empezó a caer un poco el pelo. Yo me tocaba los pelos de las piernas y sentía que se salían solos, los de mi cabeza y los pelos de la barba también se me salían a manojo. También se me salían pedacitos de carne de la lengua porque era muy fuerte la clorfeniramina para el asunto de la alergia y además me equivoqué en las dosis; me dijeron que tomara una cada ocho por cuatro días y yo escuché cada cuatro horas, entonces tuve que dejar el tratamiento a los dos días y tomar harta agua y orinar. Después retomé, pero eso días fueron terribles, tenía miedo emocionalmente, estaba mareado y no quería estar solo. Hablé con una sicóloga, en Chonchi, porque cuando estuve en el Hospital de Castro, en el parte médico pusieron que yo y mi familia estábamos bajo tratamiento sicológico, pero nunca fue así, lo que pasaba era que me estaban cuidando que no me vaya a Santiago y yo realmente no podía porque los pies se me partían con la infección que tenía. Recién en Chonchi, cuando tenía tres semanas de alta, me atendieron y ella me preguntó cómo veía mi vida, como me veía de aquí en adelante.

 

Yo le dije que estaba un poquito disgregado, que no era la persona que había estado antes perdido en el bosque, o la persona que está en los medios de comunicación, en el periódico. Yo sentía mucha incertidumbre en eso. Yo le decía que no podía tomar tantos proyectos a la vez y tampoco sentía que yo fuera de la mano con esos proyectos. Creo que Dios tiene algo preparado para mí y yo ya no puedo tomar cualquier decisión. No puedo decir, ´ahora vamos a ir a Estados Unidos porque la gente necesita saber mi historia´, o por ejemplo también con mi familia que quería que yo me quedara con ellos que no me quedara en Chiloé como yo había pensado. Yo dije ´porque es la familia me voy con ellos´ y todo eso me generó mucha incertidumbre, porque no sabía qué era lo que iba a pasar. Empecé a contarle todas esas cosas a la sicóloga y los sentimientos encontrados que tenía con respecto a la gente que me ayudó y a la gente que no me ayudó, a la gente que trataba de sacar partido de mí, a la gente que simplemente no está ni ahí con mi tema, y yo le explicaba a la sicóloga y ella en un momento me hace un informe y me pregunta ´¿Tú sientes que necesitas tratamiento sicológico? Yo le respondí que desde un punto de vista moral y humano no, pero desde un punto de vista lógico sí. Si yo fuera una persona que veo a este chico que sale del bosque y está en esa situación, yo le diría que necesita ayuda sicológica. Ella me dijo que lo que yo tenía era un estrés postraumático. Uno puede ser una persona normal, con nivel de estrés normal, con su nivel de felicidad y de angustia normal y de repente estar como muy feliz y sentirse con demasiada energía para hacer cosas o sentirse demasiado bajoneado. En ese momento era como muy álgida mi situación. A mí me decían ´estás sucio´ y me bajoneaba totalmente o me decían ´que lindo tu pelo´ y me subía el ego inmediatamente, estaba como en esos altibajos.

Ahora no, ya estoy como más normal. Mucho más normal. Ahora estoy esperando. Acá en Santiago a diferencia de Chiloé la Medicina es mejor, pero se demora demasiado en la atención y me han ido aplazando. Yo estoy tranquilo, no me siento tan ansioso, como que diga ´necesito terapia lo antes posible, pero tampoco creo que no sea necesario´.

La infección por suerte se superó rápido, las costras se empezaron a caer y después generaron una costra más dura y el pie me quedó con mucho edema. Por la inflamación, me hicieron masajes, me pusieron antidiuréticos para botar por la orina el exceso de líquido. Me estoy rehabilitando bien, estoy yendo a controles con el médico, con el nutriólogo y mi hermano me está haciendo un programa de ejercicios para comenzar a fortificar el cuerpo. El peso ya lo tengo óptimo, y lo que son los músculos y eso todavía los tengo débiles, tengo harto espacio para rellenar con músculo. Tengo que empezar a fortificar el cuerpo y ver el tema de los pies que se me hinchan mucho por el líquido linfático. Ahora ando con zapatillas, pero si me pongo otra cosa se me hincha el pie, por los edemas que me quedaron, tiene que restablecerse esa circulación. Hoy me miré los pies en la mañana y ya no estaban hinchados, me quedó como un pequeño tacón en el talón del pie, como acolchadito, pero no me duele, ni me molesta. Yo creo que este mes voy a ver si es algo muy nocivo para mí o si es algo con lo que puedo vivir.

 

Creo que en el bosque me ayudó mucho el frío, con los moretones y las contusiones porque si no se me hubiera inflamado mucho más, como tenía la botella de agua congelada, en la noche yo me pasaba por los lugares en los que tenía algún golpe o alguna inflamación.

Correlatos

Esto va a sonar un poco raro, pero cuando a mí me encontraron, hicieron un curanto en mi honor y me regalaron un libro, que es un relato de varias personas que vivieron en Chiloé. La persona que me cuidó después que me trajeron del Hospital de Castro, aparece en un relato cuando él era joven, enfrentando a un ser mitológico que se llama camahueto, que dicen que existe por acá en el sector de la laguna. Esa persona, de la familia de los Miyacura, me introdujo de nuevo en el bosque, a donde me habían encontrado y me mostraron un lugar que se llama la cueva de la Pincolla. Cuando me iban relatando, cómo era la Pincolla, me di cuenta de que era la misma mujer con la que yo había alucinado, una mujer desnuda que tenía la deidad de la fertilidad y que tiene un tesoro oculto en la cueva. Lo más sorprendente es que en un cuento que hablan de los brujos, dan las coordenadas de dónde puede estar esa cueva y es exactamente el lugar de la cascada del primer día, donde yo me perdí.

Mis alucinaciones tienen mucha relación con la mitología de acá. Podrían ser miles las explicaciones. En Santiago nos manejamos por términos más lógicos, hasta la religión es más lógica, más racional. Yo siempre sentí que era un hombre lógico que planificaba, ordenaba y sacaba deducciones y el aspecto intuitivo e irracional era como un complemento en mí, pero con la experiencia que tuve allá, toda mi lógica se vio trastocada, por lo que yo creo que me contacté con una parte netamente irracional. Ahora veo la intuición y lo irracional como una parte integral de mi vida, en relación con la divinidad. Lo que pueda ser del hombre lo veo como un complemento de lo divino.

Yo era un turista, que iba a conocer el paisaje y miraba el paisaje como algo bonito, pero manteniendo una relación instrumental con el paisaje. ´El paisaje es bonito y hay que cuidarlo´, pero ahora entiendo bien ese concepto que dice que todas las cosas tienen un alma, el pensamiento mágico. En el sicoanálisis se habla mucho de eso, Jung habla de que todas las cosas tienen un alma.

Acá hay mucha memoria colectiva y muchas leyendas que relacionan a Don Ezequiel Álvarez-una de las personas que más contribuyó a la búsqueda- con seres y animales mitológicos que hay acá que él enfrentó alguna vez y los Miyacura también hablan de relatos, de fantasmas, monstruos y todas esas cosas, es algo bien especial, como Melquíades en Cien Años de Soledad, son personajes con esas características como seres legendarios que se enfrentan a situaciones sobrenaturales y se mezcla mucho el misticismo con la idea de la religiosidad cristiana. Yo me sorprendí cuando conocí a los leñadores, pescadores, agricultores y mineros del lugar, que me contaban qué era lo que hacían y quienes eran, siempre tienen como una historia familiar, como que hay una riqueza cultural impresionante. Dicen que muchas de las personas del lugar que yo después conocí son brujos, porque tienen conocimiento de medicina y exploran y encuentran oro donde nadie sabe que hay oro. Cuando Mariano Miyacura me estaba llevando nuevamente al lugar donde me había perdido me dijo que si bien éramos de sangre distinta, “ahora somos familia y la familia nunca va a estar separada” y me dijo que cuando quisiera podría ir a Chiloé. Yo ahí sentí que tengo sangre santiaguina, me crié y nací en Santiago y siempre quise tener las comodidades de Santiago, pero que tengo un corazón chilote, y no puedo concebir mi vida volviendo a Santiago. Voy a buscar la forma de ir a Chiloé, de trabajar allá y conocer la gente de allá, hay una cantidad de cosas que se pueden hacer a favor de la comunidad de Chiloé y en especial del sector de Cucao.

Cuando salí del bosque, yo pensaba que posiblemente me estaban buscando los carabineros, pero la cantidad de gente que veía era impresionante, mientras caminaba, me quedaban mirando y me preguntaban como estaba y yo saludaba. Yo creo que nunca se pensó que me iban a encontrar con vida.Mis vecinos acá en Santiago, con los que yo nunca hablaba, me saludaban y me preguntaban si estaba bien. Yo nunca pensé que el caso iba a ser tan conocido. Por lo que me dicen a mí, la noticia se conoció hasta en Ucrania, salió mi familia y en distintos lugares del mundo se conocía mi historia. Después de esto ¿qué voy a hacer? ¿esto será bueno o será malo? Había mucha gente que me decía que tenía que dejar pasar un tiempo, una persona-que no voy a decir el nombre- me dijo `te voy a dar un consejo, esto manéjalo bien, dale a los medios de comunicación lo que ellos quieren porque si no fuera por ellos nadie te hubiera buscado, aprovechá este es tu momento´, como que me daba indicios de que yo tendría que aprovecharme de mi fama. Después un predicador me regaló una biblia y me dijo ´tú hiciste un trato con él, ahora tienes que retribuirle, tienes que preguntarle a él qué es lo que quiere de ti. Él te puede decir de ahora en adelante, qué es lo que tienes que hacer´. Y yo he tratado de eso, me han ofrecido de todo, me han ofrecido plata, me han ofrecido irme para un lado, irme para el otro, pero a mí lo que me interesa es que se sepa que antes de perderme, mientras estaba perdido y después que yo salí del hospital, la gente me ha tratado superbién, en especial la gente del sur de Chiloe, se sintió el amor. Un periodista me dijo que yo era arriesgado pero más que arriesgado era porfiado y eso me jugó a favor. Yo soy como esos bichitos que hay allá, como el abejorro. El abejorro por sus características, es un insecto ignorante, porque no tiene la aerodinámica para volar, pero sin embargo -como es puro instinto y porfiado- vuela igual. Tal vez eso es algo que nos caracteriza en nuestra familia y tal vez gracias a eso, mi familia se movilizó y nunca perdió la fe. Mientras yo estaba tratando de salir, mis padres salían a caminar con un poco de comida para buscarme y a ellos le decían que no salieran. En mi familia somos muy porfiados y a veces esa dureza sirve bastante.

Los días que vienen

A mí me ofrecieron tantas cosas y yo no quería nada de eso. Me llegaron a ofrecer que vendiera mi imagen, pero yo no quiero. Si yo hago un trabajo, tal vez lo haga gratuitamente, si es un trabajo profesional voy a cobrar, pero por esta historia no, a mí lo que me interesa es que la gente conozca qué fue lo que pasó, quién fue la gente que me anduvo buscando, yo siempre voy a estar en deuda con ellos, los considero mis hermanos y no tengo cómo retribuirles. A mí me ofrecieron la plata del pasaje para ir a Santiago y yo les dije que me iba a radicar allá. Tu salvas a una persona, el tipo fue el héroe del mes, del verano 2013 y después dice gracias y se va, eso se llama ser indolente. Yo conocía solamente la geografía el paisaje, pero el paisaje humano es de gente muy solidaria, muy amorosa, y esta es la segunda oportunidad que tengo para buscar a mi familia y a mi gente y eso es impagable. Lo que a mí me asustaba cuando estaba perdido en el bosque no eran las alucinaciones; lo que más me asustaba era la idea de no volver a ver a una persona, o pensar en las muchas cosas que ya no iba a poder hacer. No ver a mis seres queridos, eso me asustaba; la posibilidad de no volver a ver ni hacer ciertas cosas. Por lo general, uno piensa mucho en la vida y en la rutina; hay que ir al trabajo, a compromisos, uno tiene que hacer muchas cosas, descansar el fin de semana y después de nuevo a trabajar o a estudiar, pero ahí en el bosque te das cuenta que la vida no tiene esa pobreza de situaciones en las vivencias. Yo ahí me di cuenta de todas las cosas que podría haber hecho. Yo veo ahora esa posibilidad y siento que no tengo límites. En ese momento lo que más me daba pena y rabia era no poder volver a mi rutina, como que me acongojaba. Antes me ponía muchos límites, ahora siento que no tengo ninguno.

Había un hombre que tenía muchos planes, su primer meta era estudiar y tener una profesión y una casa, no quería tener hijos, no quería tener esposa, no quería tener problemas con nadie, ni ninguna responsabilidad más que consigo mismo. Ese hombre juntó su dinero pagó sus deudas y un día se fue de vacaciones, se internó en un bosque y se murió. Tenía tantos planes en su vida, tantas prioridades y el tipo se murió. Después resucitó y volvió con una nueva vida y ahora está conversando con usted. Las primeras prioridades que yo tenía, ahora están como en el séptimo lugar, tengo otras prioridades mucho más importantes, la familia, mis amigos, la gente. Viéndolo desde un punto de vista más holístico pienso que la adolescencia es como un invento de la civilización occidental, antiguamente habían ritos de paso. Cuando yo aluciné con mi profesor, él me decía que uno entra a un campo de entrenamiento como un niño y sale como un hombre y yo siento que entré como un niño y salí como un hombre, un hombre que de a poco va aprendiendo y conociendo. Creo que cambié en el trauma del rito de iniciación y estoy descubriendo cada día más.

Antes de entrar al bosque, yo no podía saber lo que me iba a pasar porque otras veces había avanzado y no me había pasado nada, salía bien parado. Yo decía, ´entre por un lado tengo que salir por el mismo lado´. Yo podía decir ´por qué me pasan estas cosas, yo no me merezco esto y en algún momento estando ahí en el bosque llegué a decirlo pero si uno se pone a pensar uno no es tan infalible y tan santo como uno piensa, seamos bien críticos con nosotros mismos; yo me siento superindigno de que se me haya dado una segunda oportunidad. La gente me ha dado una segunda oportunidad, entonces para sentirme un poco más digno trato de hacer cosas por la gente.

Al principio yo le prometí muchas cosas a Dios, le prometí que iba a ayudar a mi familia, que le iba a pasar plata a ellos para que pudieran tener una casa, que iba a poner un negocio, que iba a ser mejor persona, que no iba a ser tan indolente con el dolor ajeno. Yo prometía que no iba a ser indolente, pero yo me daba cuenta que dios no respondía y la cosa se ponía más difícil y al final como que dejé de prometer cosas. En vez de proponerle un trato a dios, lo que hice fue ponerme en manos de él, decirle ´ya, yo sé que soy indigno, que soy un pecador, que soy un tonto, que he pecado contra mí, contra mi familia, contra todo el mundo, siempre tratando de hacer mi voluntad sin consultarte a tí´, y en ese momento me sentí más aliviado y liberado que cuando hacía tantas promesas, porque yo sabía que podía prometer mucho con mi boca pero si de corazón no actuaba con convicción, no servía de nada, siempre iba a estar dando vueltas sobre las mismas promesas. Jacques Lacan dice que el lenguaje es una manera de mentir, la mayoría de las palabras que utilizamos son para mentir. Nuestra vida muchas veces está basada en mentiras y la única forma de alcanzar la verdad es a través del acto del amor. El amor en todas sus dimensiones: el amor divino, el amor al prójimo, el amor sexual porque ahí tu no utilizas mucho la palabra, utilizas la acción.

Estando ahí en el bosque yo dije ´en mi vida voy a tratar de pensar las cosas y hacerlas, salteándome la parte del medio de decir las cosas que voy a hacer. Voy a pensarlo y hacerlo. En ese momento yo le prometí el cielo y la tierra a dios, pero si dios es dueño de todo, ¿qué le puedo prometer yo? En ese momento prometer fue muy muy válido y muy humano pero, en realidad, las cosas se van a ir viendo en el camino.

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