Contenido creado por Pablo Méndez
21 días

Veintiún días (3ª parte)

La historia de Daniel Flores García (Tercera parte)

A las seis de la tarde del 26 de febrero de 2013, cinco turistas de Cartagena encontraron al estudiante chileno Daniel Flores García a orillas del Lago Huelde, al Oeste de la isla chilena de Chiloé. Desnutrido, deshidratado y sin poder caminar, Daniel Flores fue trasladado hasta el bote que lo llevó con su familia. Había estado 21 días perdido en el bosque. Tercera entrega de su historia.

Lectura: 29'

2013-04-12T10:46:00-03:00
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Montevideo Portal | Pablo Méndez
@pablomendezmvd

Cuando Montevideo Portal lo contactó, Flores todavía se estaba recuperando, tenía los músculos debilitados y los pies hinchados por la inflamación de las heridas. Relató durante horas, con mucha paciencia y esfuerzo, todo lo que había vivido esos días caminando sin rumbo por los bosques del sur chileno.

Flores buscó los detalles, planteó dudas y arriesgó respuestas a preguntas que aún no se había hecho. Lo que sigue es la reconstrucción de su historia, una síntesis de su relato en primera persona.

Tercera parte
(ver las dos primeras entregas al final de esta nota)

Durante el día, yo quería ir al Oeste y buscaba el sol, o buscaba un río, pero el problema es que en Chiloé, entre el bosque, la cordillera de la costa y la playa, hay muchos cauces y bolsones de agua que son fuente de mucho ruido y en ese sector se sienten. Hay quebradas y cauces de agua en los que no podía pasar y tenía que desviarme por los brazos del río. Además en el bosque se escucha un zumbido que es como un ruido ambiental, que yo al principio pensaba que eran insectos, pero no. Ese ruido amplifica todos los otros sonidos; el viento, los animales, los pájaros y el río. El ruido del río se escuchaba tanto de día y como de noche.

En algunas noches se podía ver la luna, pero no podía ver las estrellas para orientarme. Cuando uno entra al bosque, las copas de los árboles están apretadas y no se alcanza a ver las estrellas. Yo no podía ver la cruz del sur ni el cinturón de Orión para orientarme y además avanzar en la noche es dificilísimo por la espesura del bosque y todas las quebradas y los peligros que hay. Me acuerdo del pájaro Chucao, que de noche hace un ruido superfuerte que pareciera que fuera una persona que estuviera gritando. De día canta de una forma y de noche canta de otra.

En el día, siempre me seguía uno, era un pajarito pequeño, que parecía un zorzal pero un poco más grande. Yo iba caminando y me daba cuenta que el pájaro se acercaba por donde yo caminaba y que al quebrar la rama de los árboles y las que hay en el piso, el pájaro se alimentaba de los parásitos que hay en el suelo entonces. Ahí cuando cantaba, era como muy parecido a un zorzal, pero de noche era como una voz de una persona que estaba imitando un pájaro, no parecía un animal que estuviera cantando, parecía una voz humana, era como muy fuerte. Las primeras noches que lo escuché me asusté mucho, porque no sabía si era un animal, si era un mamífero o un pájaro. Además, siempre va acompañado de otro pájaro que le responde en la noche, pareciera un diálogo entre gritos de animales conversando entre ellos. Yo no sabría describir el sonido, pero a la persona que no está acostumbrada le da 'cosa'. La primera vez que lo escuché, lo primero que atiné a hacer fue tomar un tronco que tenía cerca, por si se acercaba. Yo decía, ´si aquí un animal se acerca, no le voy a dar la oportunidad de que me haga daño´.

El dolor

Yo no recuerdo ningún accidente o golpe específico, me caí muchísimas veces. Tenía que aprender a caer porque muchas veces me caía en la oscuridad. Recuerdo que en una de las primeras caídas me pegué bien fuerte en los tobillos contra unas piedras, otra vez se rompió una rama y caí de cabeza, y después que me levanté me tocaba y me tocaba para ver si tenía sangre pero por suerte no tenía. A veces se rompía una rama y seguía de largo, o me quedaba enganchado el pie y caía de bruces o de espalda. Tenía heridas en las manos, que se me partieron por las ramas, picaduras de insectos y alergias de los tábanos, zancudos, sanguijuelas y hematomas que me generaron algunos bichos. También tenía heridas abiertas por las ramas, en las piernas y en los pies. Al caminar sobre las ramas, los pies se me fueron rompiendo y me entraron piedras y espinas, que se me incrustaron en la planta del pie. Una vez me tropecé y caí sobre una rama rota y sentí como que se me enterró la rama en un muslo, fue un dolor tremendo, sentí como si me hubieran cortado la pierna y estuve un buen rato así. Yo me buscaba y no me encontraba nada, fue un golpe en un nervio, que está muy cerca de la rodilla en la parte interna del muslo. Ese golpe me dejó rengueando, no pude caminar por un buen rato y me acosté. Cuando comencé a movilizarme de nuevo, me empezó a doler.

El dolor físico se combinaba mucho con la fatiga, el cansancio y el dolor sicológico. Yo tenía mi desgaste físico y me daba cuenta que eso me hacía sentir más débil y cansado. A la vez, yo sentía cómo el dolor físico me hacía sentir más apenado. Había veces que yo me golpeaba el cuerpo y no lo sentía. Cuando mi mente se relajaba, llegaban los momentos de desesperanza. Me sentaba contra un árbol y mi mente automáticamente me empezaba a decir los días que habían pasado, los kilos que posiblemente había perdido, la poca agua que me quedaba, mi mente me empezaba a decir todas esas cosas negativas, como que tenía todas las de perder. Yo me daba bofetadas en la cara y me decía ´no podés estar pensando así, pensar así es una tontería´. Había veces que me ofuscaba y empezaba a gritarle al bosque y le decía ´no voy a morir aquí, no voy a morir aquí, no voy a permitir eso, voy a salir y voy a vivir´. Yo no puedo decir que en ningún momento me frustré, que en ningún momento tuve miedo y desesperanza, pero cuando me sucedía eso, yo automáticamente me negaba a aceptarlo.

Una semana antes de partir a Chiloé, estaba leyendo el National Geographic, sería el del mes de enero porque llega retrasado, y contaba ahí la historia de los conquistadores de la Antártida. Había tipos que buscaban el Polo Sur y había tipos que eran australianos que decidieron buscar por la orilla de la Antártida que eran caminos más peligrosos y se fueron cinco amigos. En un momento, uno pensaba que era el único sobreviviente, que todos sus amigos habían muerto. Una vez, cayó por un acantilado y quedó amarrado de un hilo  y ya no tenía fuerzas para levantarse, y trataba de salir y no podía y se resbalaba. Con un cuchillo que tenía iba a cortar el cordel, porque no quería soportar morir de frío colgado y cuando lo va a cortar se acuerda de una frase, de un poeta, que él había leído que decía ´solamente un esfuerzo más, porque vivir es lo difícil, la muerte es lo fácil´, así que esfuérzate una vez más y trata de vivir. Él sabía del hoyo donde estaba metido, pero salía y ascendía. Llegaba hasta donde tenía que llegar, supuestamente el barco se había ido tres horas antes y él estaba volviendo y dijo ´ya dejo la bitácora del viaje en la nieve para que pueda saberse lo que me pasó a mí´ y a lo lejos ve en la nieve tres siluetas y eran tres amigos que lo estaban esperando, creyó que estaba alucinando. Tuvo que esperar un año para recuperarse y volvió como un héroe.

Yo me acordaba de eso, vivir es lo difícil, preservar la vida es lo difícil. Es más, yo en ese momento podría haberme dejado caer en algún precipicio o en algún barranco, o tirarme al suelo y ya no moverme más. Dormirme nomás y esperar a que pasara lo que tenía que pasar, pero yo sabía que había mucha gente que me estaba esperando, yo no les podía fallar. Yo me imaginaba a mi hermano haciendo sus actividades diarias, tengo a un hermano chico, Sebastián, al que le gustan mucho los videojuegos y yo me imaginaba a él viéndolo jugar al lado y decía ´no puedo dejar que esto arruine lo poco y nada que tenemos´, yo decía eso. Siempre me acordaba de alguna frase o de dios, de todos esos tipos que por ejemplo en la biblia siempre sobrepasaban algún problema o a los que les sucedía un milagro o alguna cosa así, que habían luchado o habían sobrepasado algún problema. También me acordaba de una película, la última que dieron de Batman, en donde Batman asciende. El tipo venía de estar totalmente quebrantado en su alma y su espíritu y tenía que levantarse para poder ascender y salir de ahí, y yo me sentía así. Yo sentía que día a día iba logrando un objetivo, iba reconociendo más terreno. El objetivo era salir de ahí y eso me motivaba cada día, aunque estuviera muy mal, aunque sabía que la probabilidad de muerte era muy alta, yo no me preocupaba por eso, me preocupaba por salir de ahí para volver a ver a mi familia y a mis amigos.

Cuando estaba en la adolescencia pensaba que el Hombre viene a la vida y se va de la vida sin que nadie se lo pregunte, sin que nadie le pida permiso. Tal vez el acto más humano que pueda tener uno es tomar la decisión de autoeliminarse. Ahora también pensaba mucho en lo que decía un poeta, que en la vida siempre hay que hacer un esfuerzo para poder seguir viviendo. Morir es fácil, morir en un accidente, autoeliminarse, es lo más fácil. Cuando yo estaba ahí arriba pensaba que podía morir, podía morir, me podía pasar algo, pero nunca pensé en suicidarme. De hecho, una vez estaba como pensando y sentía una voz que me decía “parece que pasan los días y nadie te va a encontrar, se te están acabando tus recursos, parece que ya no tenés tanta esperanza, te está saliendo todo mal”. Es como la voz de una parte de mi persona que me habla muy desesperanzada y le dije “¿Sabes qué? Yo no quiero seguir escuchándote porque aquí tengo muchas cosas para hacer. Ya no te voy a escuchar más".

Diálogos

Yo pensaba en distintas filosofías que había leído y que tenía que poner en práctica, me acordaba de dios y de todos los pensamientos positivos que pueden encontrarse en distintas religiones. No solamente hacía un poco de ejercicio para calentarme, sino que de vez en cuando hacía meditación, nombraba algunos mantras, rezaba el padre nuestro y hacía un poco de Tai Chi. De alguna manera, recolectaba todos los pensamientos y conocimientos incompletos que yo había aprendido y los ponía en práctica en el bosque. Pensaba que si me llegaba a encontrar con alguien gritaría una o máximo dos veces, para no gastar tanta energía. Algunas veces yo llamaba y gastaba harta energía pero no pasaba nada. Si a la primera vez no me contestaban, me podrían llegar a contestar a la segunda, pero ya después no habría una tercera. Yo creía que me estaban buscando.

A partir del día 10 empecé a escuchar mucho movimiento, pero estando ahí, en ningún momento tuve la posibilidad de hacer alguna especie de señal de fuego y la ropa que llevaba se confunde muy fácilmente con el follaje y la espesura del bosque, el short que tenía tampoco se podía ver mucho. Yo sentía ruidos de máquinas, algunos motores de botes a lo lejos. Tenía como la idea de que podía ser que me estuvieran buscando a mí, pero nunca llegué a tener la certeza de que me estaban buscando.

Había veces que escuchaba en la noche ruidos de gente y voces, pero pensaba que eran alucinaciones. De hecho de día alucinaba un poco pero de noche era mucho más. Cuando uno alucina genera algo que no puede controlar. Yo al principio me imaginaba a mi familia, imaginaba que hablaba con dios, pero sabía que todo era mi imaginación. Después empecé a escuchar voces que hablaban entre sí, yo sentía que eran parte de mí; la parte más racional y la irracional o el diálogo de personajes que había en mis sueños. Personajes que yo conocía de la literatura o de la televisión, que hablaban entre sí y hacían como un teatro imaginario, hablaban de un producto, de un jabón o algo, se ponían a comentar sobre el producto y sus voces me despertaban.

Estaba soñando, sentía que había una persona alrededor mío y me despertaba y cuando levantaba la cabeza, sentía que me estaba hablando el viento o que me estaban gritando. Después, muchas personas me contaron que cuando me buscaron gritaron mi nombre, entonces yo no sé. Hay muchas cosas que no sé si fueron alucinaciones o fueron cosas reales. Una noche me miré la mano y vi que de los dedos de mi mano salían hilitos de luz y alrededor mío también salían hilitos de luz, eran como una telaraña entre las plantas. Otra vez vi un trauco-una figura mitológica-que es un hombre pequeño que yo conocía muy bien. Yo estaba caminando y vi una especie de árbol que tenía exactamente la forma del trauco. Llegué hasta el lugar caminando y vi la misma silueta, él se quedó quieto y yo me quedé quieto también para no llamar la atención. Estuve observándolo como dos o tres segundos hasta que se empezó a mover y se empezaron a mover los matorrales y se fue. Por lo que vi en la silueta, era un trauco como de un metro veinte o treinta, con brazos largos, con un bastón, pelo largo y gorro.

Después con el tiempo, empecé a escuchar más voces y se me empezaron a mover todavía más cosas, veía que entre las ramas se movía algún animal o alguna culebra en el pasto, también empezaron a aparecer ruidos muy extraños. Yo en mi fuero interno me iba dando cuenta si era una alucinación o si era parte de la realidad. También tenía mis técnicas, había veces que veía algo que se movía en los matorrales y yo tomaba una madera cualquiera y la tiraba a los matorrales; si el bicho respondía más de una vez, yo daba por hecho que era una alucinación porque los animales acá son muy tímidos. Si el animal hubiera regresado y me hubiera atacado yo hubiera considerado que era una alucinación. El animal más peligroso que vi en ese lugar, era uno que andaba flaco, con lentes y llevaba puesto un short blanco y azul.

Una vez estaba tratando de hablar con dios y sentí que dios me respondió, a mí me pareció raro porque dios nunca me había hablado, después pensé que era como un dios demasiado racional y me di cuenta que en realidad era yo el que me estaba dando las respuestas, entonces paraba un momento y me decía ´estás cansado Daniel, necesitás comer, necesitás dormir´, trataba de tranquilizarme, oraba y pensaba en mi familia y les decía ´disculpen, disculpen, yo sé que están ahí´. Cuando yo hablaba con dios, el nunca me respondía con la voz, yo sabía que no era él. Dios me respondía con acciones o sentía su presencia, pero cuando había una respuesta, sin una intención mía, estaba alucinando y pese a todo lo que aluciné en ningún momento tuve miedo de volverme loco, en ningún momento pensé que me iba a trastornar, en realidad lo que más me preocupaba era si podía salir, si podía salir con vida, pero volverme loco no me preocupaba. Cuando los árboles me hablaban desde el bosque, me decían “oye, ven, acércate, acércate”, o gritaban mi nombre. También escuchaba el río y el viento, pero más que nada el sonido de las visiones y las voces.

A veces en la ciudad cuando estoy apurado o estresado yo he escuchado mi voz, mi nombre entre la gente, pero en el bosque no era una voz humana la que escuchaba, era como una voz de entre animal y hombre, una voz muy chillona como un gato, un perro o un pájaro. Una noche escuché como un grito de un niño que me llamaba “Daniel” y enseguida escuché una armónica. Cuando yo escuchaba mi nombre  respondía, “ah” o “por acá”. Después me contaron que mi hermano y los lugareños de aquel sector, me estaban buscando en una zona más elevada y habían estado tocando mi armónica, que yo dejé en el campamento y me iban gritando. En una de esas, yo pude haber escuchado eso. Esa vez, yo grité “por acá” pero no me escucharon. Cuando tú estás inmerso en el bosque se te agudizan mucho los sentidos pero las personas que se internan buscan y no sienten a la persona, ni sus movimientos, ni sus gritos o no se dan cuenta por dónde puede andar.

Yo, entre el día 13 y 15 sentí mucho movimiento; helicópteros, aviones, gritos, ladridos de perros, los motores de los botes Zodiac. Ellos al principio trataban de llamarme, cuando andaban por los brazos de los ríos de la zona y hacían los rastreos con los helicópteros. Después, todos pensaban que había que buscar un cadáver, yo pensé que otro grupo de personas se había perdido porque no podía ser tanto para una sola persona.

Seguir

Yo me tenía que trasladar, iba calculando mi peso o calculando lo que había comido, para ver cuánto me podía trasladar a diario y cuánto peso perdía. Al principio me tocaba la cintura y me medía por el grosor del rollito, iba entendiendo cuánto iba perdiendo de grasa o de masa muscular; me tocaba las costillas, me miraba las caderas. Cuando empecé a tocarme las caderas me sorprendió, porque nunca me había sentido tanto el hueso, eran unas caderas pequeñísimas como de un niño, después me empezaba a tocar el esternón que es muy difícil, antes para tocarlo tenía que hundir un poco la guata, ahora no, yo sentía el hueso y las costillas, me tocaba el omóplato en la espalda, me metía la mano por debajo del omóplato y me daba cuenta que estaba adelgazando mucho. Además, ya estaba teniendo problemas para caminar, estaba avanzando poco, porque al caminar unos pasos sentía el mareo y el cuerpo me pedía parar. Yo trataba de administrar mi tiempo y mi energía, descansaba un rato, comía, después volvía a descansar y ahí de nuevo me trasladaba.

Me venían muchos calambres en el cuerpo, por todos lados, y tenía que estirar para que se me pasara y hacerme masajes con las manos en todo el cuerpo para calentar en la noche y también para que se me pasara el dolor. A mí se me llenaban las heridas de pus y líquido, yo me los limpiaba con hojas y me las mojaba y después de hacer todo ese proceso de limpieza, me orinaba. Al orinar, me ayudaba a atenuar el frío y para desinfectar las heridas, con el ácido úrico de la orina.

Una vez estando supertranquilo, descansando entre dormido y despierto , sin que yo intercediera hablando o con las ganas de hablar, la voz volvió y me empezó a decir “llevas 14 días, los helicópteros pasan por al lado tuyo, te llaman y no te encuentran, no tienes posibilidades de vivir, date por perdido”, eran todas cosas negativas, y yo ahí me acordé de los orientales que dicen que la mente es una máquina que lamentablemente en occidente se maneja sola, porque no tenemos mucho hábito de meditación. También dicen que el diablo tienta de distintas formas y trabaja en la mente del hombre, entonces me acordé de eso y empecé a preguntarme por qué estaba pensando así, por qué estaba escuchando esa voz. Con el tiempo me entrené mucho me entrené mucho en prácticas como vaciar tu mente, enviar tu mente a otro lugar, a un lugar más “paradisíaco”, más tranquilo.

Al principio me costaba concentrarme porque había perdido la costumbre, el ruido, con la situación adversa que estaba viviendo era como  imposible concentrarme pero después con el tiempo volví a reordenar mi mente y me imaginaba un círculo o la cabeza de un alfiler, me concentraba en eso y me funcionaba porque de repente llegaba un momento en que ya no estaba pensando y a la vez no sentía tanto el dolor físico, lo que más sentía era la esfera de la cabeza del alfiler en el que me estaba concentrando, eran momentos bien cortitos, creo que deben de haber sido como dos minutos en los que lograba cortar esa conexión con el cuerpo. Pero eso me ayudaba mucho a ordenar mis ideas y a no desesperarme y a su vez, también descansaba mi cuerpo.

Yo ya tenía bastantes problemas y me vino una alergia y como que por un momento me frustré, yo sentía que todo el problema se me estaba haciendo cuesta arriba, pero dije ´no, tengo que avanzar, todavía puedo caminar, aunque me duelan los pies´, entonces con unas ramas me hice dos bastones, como los que utilizan la gente de trekking y empecé a subir cuesta arriba una pendiente, yo sentía cómo se me enterraban las piedras y las espinas en los pies. Lo que me dolió realmente fue cuando las piernas dejaron de funcionar, cuando tenía los tobillos ya llenos de líquido, los pies tan hinchados que parecía que tenía elefantiasis y estaban lastimados, me ardía mucho, me picaba y no me podía rascar. Cuando pisaba, sentía como si me estuviesen enterrando una cuchilla desde la planta del pie, hacia arriba.

Me caí en un lugar plano y me quedé ahí, como en reposo, tomé un poco de sol, porque hacía varios días que venía sintiendo el frío y necesitaba sol, tomé un poco de agua y descansé bastante. En ningún momento pensé en no seguir, era de día y pensé ´ tengo que seguir, tengo que ver qué hay del otro lado de la pendiente y después trato de hacer un refugio y descanso. Llega un punto que uno se da cuenta que en vez de descansar tiene que hacer todo más lento, cuando llegué ahí, debajo de un árbol, me demoré como seis horas en construir un pequeño refugio, estaba muy agotado, el estrés físico y sicológico me estaba desgastando y jugando en contra.

Cuando estaba haciendo el refugio me quedé dormido. Yo necesitaba cañas para hacer una rejilla y necesitaba helecho porque la hoja del helecho es muy grande y también me servía para tapar el refugio. Yo estaba quebrando unas cañas, unos helechos y me senté un rato para ordenar las hojas y me vino un sueño muy pesado: era tanto el cansancio y el sueño que tenía que se me cerraban los ojos. Cuando desperté estaba todo oscuro, era una boca de lobos, entonces tuve que empezar, en cuclillas a buscar el refugio, era como una distancia de tres metros, pero con la oscuridad que hay ahí no te orientas bien, más si recién te despertás. Estaba como al lado del refugio y yo lo buscaba y no lo encontraba, tocaba el aire y tocaba las plantas, entonces en un momento tropecé con una rama y me caí de espaldas, me caí en una orilla o en un barranco y quedé con medio cuerpo colgando.

Fue como caer en una cama pero en vez de caer entero en el colchón, una parte cayó fuera del colchón, entonces traté de enderezarme porque tenía la cabeza colgando. En realidad era un barranco que no era tan hondo, pero en ese momento en el medio de la oscuridad yo sentía que estaba colgando de un precipicio, entonces me puse a tantear y estuve no sé, como quince o veinte minutos tanteando hasta que llegué al refugio, pero fue una sensación muy desagradable, porque encima estaba el frío, el viento. Yo había hecho harto esfuerzo por hacer un refugio y casi no lo puedo ocupar, encima que no sabés qué animal anda por ahí. Yo estaba tanteando y podía tropezar de nuevo y caerme en un hoyo o en otro barranco.

Una de esas noches estaba lloviendo y me desperté del frío, estaba congelándome, y dije ´tengo que moverme', yo antes cuando hacía frío, automáticamente tiritaba, pero esa vez no estaba tiritando, entonces empecé a tratar de apretar las manos y me di cuenta entonces que no tenía ni fuerzas para mover los brazos y decía ´ya no voy a seguir, me voy a quedar aquí a ver qué pasa´ y después, cuando me empiezo a ponerme de lado veo que al lado de un árbol estaba un hermano mío, Benjamín, que es practicante de artes marciales. Viene, se me acerca y me pega un bofetazo en la cara y me dice ´ese no es tu nivel, tu nivel es mayor´ y luego vino mi profesor con el que entrenaba y me dijo, ´empiece a hacer el trabajo, usted es un guerrero, usted ya entró en el campo de entrenamiento, ahora tiene que terminar el entrenamiento, tiene que salir como un hombre, así que empiece nomás´. Empecé a verlos a ellos y después comencé a ver a todos los demás, a toda la gente que en algún momento de mi vida me había apoyado y me había entrenado de alguna forma, me empecé a acordar de ellos y  a golpear el piso, y después me fui parando, empecé a pegarle rodillazos a los árboles, me costaba mover los brazos porque tenía muy agarrotado los músculos por el frío y la humedad, pero conseguí un poco de calor y eso me permitió estar un rato parado. Después empezó a amainar la lluvia y a salir el día, descansé un buen rato y luego pude empezar a buscar agua.

En realidad yo lo que hacía era arrastrarme, me arrastraba y de vez en cuando me paraba, pero al pararme era un sacrificio enorme, me mareaba y me dolían las piernas y el cuerpo, entonces prefería arrastrarme o sino también agarrarme de una rama y levantarme y luego dejarme caer hasta otra rama. Hubo un momento en que además de arrastrarme como un animal, me sentía un animal dentro del bosque, sentía como que estaba en contacto directo con la naturaleza y que no tenía ningún problema. A veces ni siquiera pensaba en los problemas que tenía que resolver, simplemente avanzaba. A lo último yo ya estaba dudando si eran 18 días los que llevaba perdido porque hubo muchos días nublados y no podía referenciar bien. Hubo días que yo los descansé de largo, no anduve, me mantuve ahí en ciertos sectores y perdí un poco la cuenta.

El encuentro

Una de las últimas noches, escuché entre el sonido del bosque unos tambores, enseguida pensé que en esa dirección podría haber boy scout o algún camping. Aunque no sabía si no era una alucinación. El sonido de esas batucadas, no me sirvió para orientarme, pero sí para tratar de ir a un lugar donde me encontraran. Al otro día, empecé a avanzar supuestamente al Oeste, a donde había escuchado los tambores y a donde supuestamente había gente, por el ruido que había escuchado la noche anterior. Después supe que estaban en un camping, celebrando la fiesta de la luna que es una fiesta en la que antiguamente la gente de Chiloé celebraba la fertilidad. Ellos tenían audio y por eso escuché esos tambores. Empecé a seguir la fiesta de la luna, la luna en sí podría haberme servido para orientarme pero teniendo una noción de por dónde va el sol, la fecha del año y sabiendo un poco del movimiento de la luna.

Yo iba supuestamente en dirección Oeste, cuando llegué a un sector que era el río Cipresal pero yo pensaba que era el brazo de algún lago. A mano derecha tenía todo el bosque que iba como subiendo por un cerro y a mano izquierda el río que se tapa por la espesura del mismo bosque. Yo iba saliendo del bosque cuando llegué al río. El Cipresal empieza como una quebradita y después tiene harto torrente, toma forma de río cuando va saliendo, se parece mucho a una calle anegada, de seis o siete metros de anchura. Ahí hay mucha agua que parece que está quieta, como estancada, uno dice '¿Cómo puede ser esto un río?', pero si tú mirás por debajo de esa aparente quietud, se mueve mucho torrente.

Yo iba en dirección Oeste, hacia la playa y tenía que saltarme ese río, o ese brazo de lago, pero estaba muy agotado y como no sé nadar bien, tenía que buscar alguna especie de árbol para poder pasar. Yo sentí algunos motores, como que me estaban buscando, pero  me estaba arrastrando, era casi imposible comunicarme, ellos no me podían ver a mí, aunque pasaran por al lado mío. En un momento empezó a llover y decidí volverme porque pensaba que el río se podía desbordar. Cuando me estaba yendo, justo encuentro una planta inmensa que es la nalca, que tiene varios brotes. Es una planta tipo gomero, con una hoja verde gigantesca y un tallo grande. Las hojas son gruesas y tienen espinas por debajo. Entonces empecé a destallar la nalca y a comerla, es muy jugosa y tiene mucha agua. El tallo es del tamaño de un puño de una persona y tiene espinas también por abajo del tallo. Ahí en el tallo de la nalca, se forma como una parte más gruesa, si tu lo cortas tenés como una papa y bien abajo hay un pequeño tronquito donde se acumula una especie de resina que es medicinal. Encontrarla fue como una bendición, yo vi que me iba a agarrar la oscuridad y tuve ocupar los junquillos que había ahí. La hoja de la misma nalca me sirvió para ponerla arriba del junquillo y aislar la humedad. Algunas de las hojas me las iba comiendo y otras me sirvieron para cubrirme, Me hice como una especie de saco de dormir, me cubrí los pies, me tapé con una hojita una parte de la cabeza, después me tape la pierna, después el tronco y era como una especie de la crisálida de la mariposa cuando se envuelve.

Después de ese día, dejé esperar otro día, porque estaba muy agotado, no me podía mover, entonces seguí descansando. Después pensé en seguir al Oeste. En la noche anterior, había habido lluvia y una tormenta superfuerte y al otro día todo parecía distinto. Empecé a seguir al sol y pensando que estaba yendo al oeste, porque yo sentía el mar, me fui hacia otro lugar, me estaba yendo al Este, llegué a un sector plano y luego a un follaje mucho más concentrado, entre las plantas, pasé otro matorral más y de repente siento voces, como una conversación. Yo había estado avanzando y pensaba que eran como las dos de la tarde, pero en realidad eran como las seis. No me acuerdo lo que estaban conversando, decían "con cuidado", "por acá" y más que nada se iban riendo. Me imaginé que estaba llegando a un sector de camping y pensé "tienen que estar por acá cerca". Yo había escuchado los tambores de la fiesta de la luna y los días anteriores había escuchado alguna voz humana pero no sabía si eran de las alucinaciones o no. Yo sabía que esta vez, había una posibilidad pero no sabía qué tan lejos estaban, pensé que estaban cerca, porque en realidad estaban cerca, pero yo no sabía sin seguir solo hacia el camping -donde había escuchado la gente de la fiesta de la luna- o seguir a las voces que estaban como más hacia el norte.

Estaba como medio confundido y dije ´ya, me voy a jugar por esto, yo creo que puedo avanzar como cinco días más y puedo gastar uno o dos de esos días tratando de buscar esas voces y si no, utilizo los días que me quedan para tratar de llegar allá, adonde yo creía que estaba el camping. En ese momento no sentí una sensación de triunfo, ni nada, era la posibilidad. Yo dije, ´de última, si no tengo fuerzas para llegar, empiezo a gritar como un loco, pero ahora  tengo que trasladarme lo más cerca posible. Cuando yo escuché sus voces por primera vez, estaría como a 200 o 150 metros, yo escuchaba las voces cada vez más cerca, entonces empecé a gritar "Soy Daniel Flores, estoy perdido hace 18 días, no he comido y casi no me queda agua". Al principio ellos no me creían que era Daniel Flores, pensaron que estaba con dos o tres personas más, porque yo había estado hablando en voz alta y me escucharon cuando estaba decidiendo hacia dónde tenía que avanzar, ellos escucharon todo eso y pensaron que me estaba burlando o quería hacerles algo malo. "Estás hueveando", me respondieron como entre con miedo y burla, "estás tomado, estás borracho", me decían. Yo en ese momento me desesperé, me dio como lata, porque me di cuenta que ellos realmente creían que yo les estaba vacilando y entonces les empecé a dar todos mis datos, mi nombre, mi edad, los días que estaba sin comer, que estaba débil, que estaba herido, que tenía picaduras por todos lados y ellos empezaron a acercase a mí, estaban como a 80 metros.

(Próximamente, última entrega del relato)

Leer segunda parte

Leer primera parte

 

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