Tributo a Escanlar
Los Siete Sentidos 32

LA COLUMNA DE GUSTAVO ESCANLAR

Leo, votaron, estuve, salió, cumplo, escucho, dicen, infarté, cumple. La columna de Gustavo Escanlar en el portal.
17.11.2006
2006-11-17T00:00:00
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Leo el libro Buena leche, Diarios de una joven no tan formal. La cosa comenzó con el blog de una tal Lola Copacabana, que cuenta buena parte de su adolescencia y su tránsito hacia el mundo adulto. La niña comienza contando su primer beso y termina compartiendo sus experiencias de madre soltera incapaz de enamorarse. La aparición de libros salidos de blogs, o sea, sitios personales de Internet, empezó a generar una nueva discusión -otra más, también al pedo- sobre la literatura, los formatos, el fin de la letra impresa, etcétera. A mí, personalmente, no me atraen demasiado los blogs, aunque reconozco que hay algunos que son interesantes, bien escritos y que valen la pena. Pero cuando el blog se transforma en libro pierde una de las cosas más jugosas: el intercambio de opiniones con los lectores.

Yo, por ejemplo, no tengo blog. Pero escribiendo esta columna me impresioné por la cantidad de mensajes que dejaban los lectores. Tengo más de mil comentarios en mi bandeja de entrada. Y cuando llego a contestarlos, se genera un diálogo de lo más interesante y fermental. Esa comunicación, ese tipo de diálogo, se pierde cuando el blog -o el e-mail, en este caso- se convierte en un libro. O sea: no discuto el formato, que no importa, que no es el centro de la cosa. Lo que sí discuto es la comunicación: la letra impresa no tiene el ida-y-vuelta que sí tienen los blogs o los sitios de Internet. Por eso, quizá, es que no me interesan los blogs o los foros convertidos en libros. Sin embargo, están de moda. El de Bruna Surfistinha, el de Lola Copacabana, el de la que dejó de ser anoréxica y se convirtió en militante de la vida saludable. No sé: si querés, leelos. Pero no esperes demasiado. No vas a tener la oportunidad de contestarles.

(www.justlola.blogspot.com se transformó en el libro Buena leche. Los post de www.mujergorda.bitacoras.com fueron impresos con el nombre de Diario de una mujer gorda. Y de Bruna, la brasilera, ya sabemos la historia. Su blog, por si no lo conocés, es www.brunasurfistinha.com/blogs)

Votaron menores de 14 años en las internas del Frente el domingo pasado. No me parece mal. Pero cuidado: si tenés derecho para votar también lo tenés para ir en cana. Y para salir del país sin pedirle permiso a tus padres o tutores. Y, si querés, podés tener relaciones sexuales con un mayor sin que al pobre muchacho lo vayan a acusar de violación. Podés salir a laburar sin que te exploten y te tengan en negro. Si querés, también podés casarte y tener hijos.

(Si yo hubiera tenido la posibilidad de votar a los 16 años, creo que hubiera votado por Tarigo, fundamentalmente porque escribía en la revista Noticias, que traía minas en bikini, que era lo máximo que se podía mostrar en los años 70. Me hubiera arrepentido de haberlo votado a los dos o tres años)

Estuve en la Fiesta de la X, se supone que trabajando. Con Gustavo Fernández Insúa, mi socio en el negocio del espectáculo, nos tocaba -entre otras actividades- presentar el espectáculo de los Babasónicos en el Estadio Centenario. Llegamos al lugar a la hora que el contrato establecía y nos quedamos esperando en una carpa blanca especial para nosotros. Antes de nuestro turno, nos tuvimos que fumar a El Otro Yo, a Snake y a Astroboy. Nos vino hambre, pero no nos dejaban salir a comprar choripanes o refuerzos o hamburguesas. Una chica de la organización se apiadó de nosotros y nos llevó al camarín donde estuvo Dolina más temprano, y nos ofreció los sándwiches y las masitas que Dolina había dejado. En conclusión, literalmente, nos comimos las sobras de Alejandro Dolina. Y bueno, en realidad es lo que muchos de nosotros hacemos todo el tiempo en la radio.

(Fijate que yo leía las columnas de Dolina en la Humor de los años 80, y cada vez que viajaba a Buenos Aires lo escuchaba y le copiaba frases. Hasta que me hartó de decir siempre lo mismo. Y después, una tarde, lo vi jugando al fútbol cinco y me di cuenta que era un auténtico sorete)

Salió en la Madre Patria -es decir, en la República Argentina- una edición especial de la revista La Mano dedicada íntegramente a Charly García. Conseguila. La de octubre repasa vida y obra de Charly. Escriben Petinatto, Fito Páez, Alfredo Rosso, León Gieco, Eduardo Berti, Raúl Porchetto, Pipo Lernoud y muchos más. En la edición de noviembre charlan García y Petinatto. Charly, el filósofo de la pobre antena, dice sabiamente: "seis cosas hay en la vida: salud, dinero, amor, sexo, drogas y rock and roll". Yo tengo algunas de esas cosas, así que no está tan mal.

(El próximo disco del Maestro se llama Kill Gil. Esperemos que aparezca por acá antes de fin de año)

Cumplo lo que prometi: Bardo, el disco de Fernando Cabrera, me gustó. Puerto Mestizo, el de Claudio Taddei, no. Cabrera insiste en la experimentación pop. Sigue buscando la canción distinta, diferente, cambiante, angustiante, impredecible. Con Taddei, en cambio, lamentablemente, me pasó algo diferente. Es como los tipos que se van del país y lo empiezan a extrañar y a querer más que antes. Esos que empiezan a valorar los ritmos del paisito recién cuando están lejos. El mejor disco de Taddei, para mi gusto, fue Cebras, nácar y rubí. Puro soul, puro funk, pura música auténticamente negra, de verdad. El disco que Claudio acaba de editar, en cambio, está lleno de murga, de candombe, de esa música falsamente uruguaya. Como si Claudio, en Suiza, se hubiera olvidado de los otros sonidos del planeta. Es raro, paradójico: cuando Claudio está lejos compone en uruguayo. Pero cuando estaba en Uruguay mostraba y demostraba los sonidos de otras latitudes. Una de las canciones del disco se llama De Yorugua, y es una murga lisa, llana, previsible. Otra, Cositas Buenas, es candombe primitivo, repetido, conocido, común. Taddei es un fenómeno. Es un innovador, un vanguardista. Pero Puerto Mestizo es previsible, repetitivo, ya lo escuchamos antes, muchas veces. La distancia hizo que Taddei perdiera sus mejores acordes. La distancia lo volvió más uruguayo. Fernando Cabrera, en cambio, insiste en componer canciones que resultan difíciles de escuchar. Insiste en desmarcarse del rock y del canto popular. Insiste en el experimento musical. Y, si bien el mercado no llega a aceptarlo del todo, las canciones de Cabrera pueden definirse como parte del arte musical. Son menos pop que las que pasan en las radios. Y menos experimentales que lo que publicitan Viglietti o Cohriún. Pero son canciones que se escuchan y se sienten, canciones que se admiran y se piensan. Por eso Bardo es un disco a descubrir. Y Puerto Mestizo es un disco que ya se descubrió hace mucho tiempo.

(Bardo, de Fernando Cabrera, y Puerto Mestizo, de Claudio Taddei, están en todas las disquerías a 295 pesos. Por qué no los cobrarán 300 y se dejan de joder, me pregunto)

Escucho I'm your man, un tributo a Leonard Cohen en forma de documental y de banda sonora. Primero fue un concierto-homenaje en el que Martha Wainwright, Nick Cave, Jarvis Cocker, U2 y algunos más cantaban a su modo los temas de Leonard Cohen. Después se convirtió en una gira colectiva. Y más tarde fue película. Pero la banda sonora, que ya está en las disquerías montevideanas, vale por sí sola. Porque la versión que Rufus Wainwright hace de Everybody Knows es excelente, respetuosa y creativa al mismo tiempo. Porque Leonard Cohen haciendo Tower of Song a dúo con U2 es de antología. Porque Jarvis Cocker canta como los dioses cualquier canción, y mucho más si es de Cohen, y mucho más si es I Can t Forget. Say no more.

(También está en las disquerías. 300 mangos. Una verdadera ganga)

Dicen que el zoológico está hecho mierda. Yo, por las dudas, hace años que no voy. El Planetario, en cambio, me dijeron que está bárbaro.

(Es que para la Intendencia el Zoológico no importa demasiado. Ellos piensan que la cultura está en los barrios, y que no tiene demasiado que ver con la jirafa o los leones)

Infarté, casi, al ver una de las pocas fotos en las que el edecán presidencial Jorge Brovetto aparece riéndose. ¡Por Dios! ¡¡¡¡¡¡¡¡El tipo es más espantoso cuando se ríe que cuando está serio!!!!!!!!

(Ya dije demasiadas cosas sobre el Consejo de Ancianos que se hace llamar Consejo de Ministros. Hasta llegué a sumar sus edades y terminé horrorizado. Pero no quiero quedarme sin decir que Brovetto desempeña dos cargos importantes a la vez y que no me parece que esté en condiciones de ejecutarlos de manera eficaz. Aprovecho además para advertir a mis lectores que el senador Couriel, además de no ser portador de una cara bonita, es un sujeto que transmite mala suerte a sus seres cercanos. Más claramente: Couriel es un yetattore, un seca, un fúlmine, un mufa, un yeta, un lechuzón)

Cumple un año Violeta. Nada me importa más que eso.

(Lo festejamos hoy, viernes 17)