Israelíes y Palestinos, un año después de la guerra, temiendo la próxima vuelta
En el Kibutz Ein Hashlosha, una de las localidades colectivas israelíes lindantes con la Franja de Gaza, la calma confunde. “Es el año más tranquilo que hemos vivido aquí en muchísimo tiempo. A este tipo de rutina uno se acostumbra rápido, sin disparos...”, dice la gente. Pero enseguida viene la aclaración: “Esto no es eterno...es sólo un intervalo”
31.12.2009 11:53
Ruben, radicado en Israel desde hace muchos años, llegó al sur del país , proveniente de Uruguay, junto a su esposa Estela. En más de una oportunidad, viajes de ambos fuera del kibutz, fueron “acompañados” por cohetes que les volaban sobre la cabeza. “Hacías el camino en carretera como bólido, pensando que eso ayudaría a que no te caiga encima”, nos contó Ruben una vez.
“La calma es frágil.. Tenemos certeza de que habrá una nueva vuelta...ya lo hemos vivido”, asegura Jaim Jelin, del kibutz Beeri, un poco más al norte, que se desempeña como Director del Consejo Regional Eshkol.”Por ahora, disfrutamos cada día de silencio, pero somos conscientes de que ésta no es la última palabra”.
Comentamos a Jaim acerca de la difícil situación que se vive en la Gaza vecina y preguntamos cómo explicaría hacia afuera el significado de los cohetes que cayeron aquí durante ocho años. Le recordamos que hay gente que analiza sólo en base a los números, y que en la guerra, en Gaza , hubo más de mil muertos (más de 1100 dice Israel, más de 1400 dicen los palestinos), mientras que en Israel hubo 13.
“El terrorismo no se mide sólo en muertos”, responde Jaim.”El terrorismo aterroriza, paraliza, impide vivir normalmente, mete miedo”. “Justamente ahora, a un año de la guerra, hemos visto fenómenos en las escuelas de la zona, de baja en el rendimiento de alumnos, de deserciones...porque los traumas no siempre salen de inmediato”.
A Jaim lo encontramos en el edificio del Consejo Regional que él encabeza, que esta noche está realmente adornado. El Embajador de Uruguay Bernardo Greiver, ha traído hasta aquí –“de sur a sur”, dice con una sonrisa de satisfacción- una hermosa muestra de Grandes Maestros de la Pintura uruguaya. Estaba hasta hace poco en el teatro de Givatayim y ahora, pasó a lo que algunos aquí llaman “Qassamland”, por los cohetes Qassam que pegaron en la zona durante tantos años.
“Antes de la guerra, no habría sido posible hacer este acto de inauguración aquí, habría sido demasiado riesgoso juntar gente”, explica Jaim Jelin, que recibe de nuestro embajador un libro sobre Blanes y lo hojea interesado. De fondo, grandes posters con hermosos paisajes de Uruguay, salpicados con las obras maestras que todos conocíamos-como nos dice Tzvi Yavetz, también uruguayo, radicado en Ein Hashlosha hace más de 60 años- “de los museos a los que íbamos con la escuela”.
Del otro lado de la frontera, a corta distancia, el destacado analista palestino Omar Shaaban, de Dir el Balah, afirma que “no falta comida, pero no hay esperanza y por cierto que tampoco hay cómo satisfacer otras necesidades que tenemos, sociales, culturales...porque estamos encerrados, del lado israelí y del lado egipcio”.
También allí se habla de la “próxima vuelta” .Pero antes de preocuparse por eso, intentan sanar las heridas del choque anterior. La sensación de la población de Gaza de que viven en una gran prisión , no es un mero análisis emocional, sino un elemento que incide en cada aspecto de la vida diaria.
Z. un palestino del barrio Rimal de Gaza que pide no ser identificado por su nombre completo ,afirma que “el agua es insalubre” y sostiene que “Hamas no puede arreglarlo, porque necesita importar algo para eso, y con el bloqueo, es imposible”.
“Yo veo gente buscando siempre algo en la basura”, dice, aunque otros en Gaza consideran que “no hay hambre, aunque haya muchas otras carencias”.
Kamel Quraeim, un ingeniero aeronáutico desocupado desde hace años dado que el Aeropuerto está clausurado y nadie sabe cuándo volverá a funcionar-Israel no lo permite, alegando razones de seguridad- se consuela diciendo que “hoy no hubo cortes eléctricos y creo que hace dos días que no los hay”, pero Z,afirma que “todos los días hay cortes de ocho horas, cada vez en otra zona”.
“A mi me duele saber que la gente de Gaza vive mal, sé que eso no lleva a nada....pero sinceramente creo que la culpa es de Hamas, no de Israel”, comenta en Ein Hashlosha el uruguayo-israelí Pablo Lefler. Trabaja desde hace años en los campos y en más de una oportunidad lo ha hecho bajo fuego de los francotiradores. “Nunca fuimos un blanco militar. Somos un blanco civil, agricultores en los tractores, en el campo. ¿Por qué nos disparaban? “, se pregunta retóricamente.
Pablo recuerda los años en los que numerosos palestinos salían de Gaza , entraban a Israel a trabajar y mantenían con ello a sus familias. “Ahora no sabemos qué pasa con esa gente que trabajaba con nosotros. Nos pidieron que no llamemos para ver cómo están o para saber si precisan algo, temiendo que si sus vecinos los oyen hablar en hebreo, corran peligro de muerte”.
En Sderot, la ciudad elegida como blanco principal de los cohetes Qassam disparados desde Gaza, las calles siguen “adornadas” con las estructuras de cemento instaladas allí en los años previos a la guerra, para permitir que la gente pueda refugiarse si la alarma indicando que hay un cohete en camino, los encontraba a la intemperie. Alguien se preocupó de pintarlas .”Parecen un concurso de arte”, dice con una sonrisa amarga Ilan Cohen, un joven estudiante nacido en Sderot. “Ahora nos reimos y preguntamos cuáles son las mejor dibujadas, pero antes, no podíamos salir sin ubicar a cada rato dónde está el refugio más cercano....sólo 15 segundos para correr...realmente vida o muerte”.
Kamel, el ingeniero , cuenta con orgullo que su hijo mayor estudia en la universidad y que tiene también una menor, de 11 años.”Pero el mayor siente que aquí no tiene futuro....y lo entiendo cuando me dice que probablemente se vaya”, nos dice.
Z. pide analizar el futuro con una advertencia a Israel. “Si no levantan el bloqueo y cambian de política, se darán cuenta tarde del error que están cometiendo, creando grupos más radicales todavía que Hamas, con los que sin duda nunca podrá hablar”.
Del lado israelí de la frontera, la advertencia va, claro está, en la dirección contraria, y la certeza es que mientras Hamas esté en el poder, no será posible lograr a la paz.
Quizás el elemento del que pueden aferrarse los optimistas, sea el hecho que al preguntar a israelíes y palestinos si acaso es posible todavía echar marcha atrás y volver a los tiempos de diálogo y gradual acercamiento, suelen contestar que si. Cada uno, en general, tiene exigencias categóricas al otro , pero al menos, consideran que no todo está perdido y que hay tiempo, todavía, para salvar la situación.
Por Ana Jerozolimski- desde la Frontera entre Gaza e Israel
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