Montevideo Portal / Inés Nogueiras
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Además del tema obligado del estreno televisivo, que será este jueves 24 de junio, Nano habla llanamente de su trabajo como cronista policial, de la relación de los televidentes con la crónica roja, de casos sonados como el de Natalia Martínez, y es el primero en hacer autocrítica.
"Yo soy en cámara lo mismo que soy ante mi familia", dice el cronista y se defiende de quienes lo ven como un "personaje", aunque al mismo tiempo se divierte exportando su estilo para ponerlo al servicio de una empresa de créditos personales, y "alucina" con que algunas personas lo identifiquen más con esa publicidad que con su labor de más de diez años en Subrayado.
Cuando hablamos de hacer esta entrevista comentaste que querías "explicar", "digerir" algunas cosas antes de que la gente viera el programa...
Sí. ¿Qué es lo que yo quiero explicar? No lo que vamos a ver, porque lo vamos a ver, pero sí la motivación, porque éste no es un programa carcelario común y corriente, no es un programa tumbero, no es un programa que pretende contar las cosas horribles, que seguramente pueblan las cárceles. La idea es, allí en ese lugar, encontrar la historia humana que hay detrás. Nos dimos cuenta que era una tarea dura y grande, en el sentido de que todas las personas que están ahí tienen su historia, entonces, ¿por qué seleccionamos las que seleccionamos? ¿por qué elegimos entre las que habíamos seleccionado? ¿cuántas historias nos comimos?, esas preguntas nos dan la pauta de por qué y para qué hicimos esto.
Nosotros confirmamos una sensación que teníamos, de que desde acá afuera tenemos un imaginario de lo que es el mundo carcelario que es muy nocivo y eso no necesariamente se corresponde con la realidad. Encontramos gente que vive como estamos tú y yo acá, en su condición de personas, de seres humanos, en estado de cordura. Gente que cometió un delito, que tuvo una circunstancia equis, ante un arrebato de locura por una situación pasional o que defendió sus cosas, o que simplemente son asesinos. Y está la historia de buscar en esas mentes, porque esas personas van a salir algún día. Las preguntas que les hicimos buscan ver hasta qué punto el sistema colabora con que la persona que cae ahí pueda tener un atisbo de recuperación.
¿Y las respuestas a esas preguntas eran dispares según las realidades?
Son dispares según las personas, aunque parezca mentira. El sistema puede ofrecer un montón de cosas, pero si la persona no quiere no pasa nada. Y si la persona quiere, es capaz de ir contra el sistema, contra los presos, contra su propia madre, contra quien sea, y se recupera. Importa quién está cerca cuando esa persona levanta la cabeza y pide ayuda. Ése es el momento donde tiene que haber un sistema para traerlo. 
¿Es muy distinta la realidad de las cárceles en Montevideo y en el interior? ¿Conocías las cárceles que visitaste en el interior o era la primera vez que ibas?
En algunas era la primera vez, en muchas de ellas, otras las conocía por fugas. Pero es muy distinto según el día que uno llegue. Una cárcel es una cosa completamente mutante, puede mutar de un segundo a otro. Puede ser un ambiente muy tranquilo y de repente ser un ambiente explosivo, porque es la concentración de situaciones humanas, apretadas como en una olla a presión. Eso se ve en todas las cárceles, pero efectivamente hay algunas en el interior dignas de ser vistas, porque son cárceles chacra donde los proyectos prosperaron porque hubo el lugar, las condiciones, las personas idóneas y quienes lo pusieron en práctica, sin la mirada de nadie, ni siquiera de la prensa.
Hay cárceles donde se edificaron casas afuera, hechas por los reclusos, por parejas de reclusos que se conocieron ahí, que se casaron ahí (van conducidos al juzgado, se casan y vuelven) y viven afuera. Por ejemplo una pareja en la que ella planta frutillas y él es barrendero, tienen sus hijos, están esperando quedar libres nada más, para hacer lo mismo que hacen ahí -que ya lo hacen porque la casa es extramuros-, pero en libertad total. Y ella es homicida y él es rapiñero. Entonces cuando hablás con ellos te preguntás, ¿cómo habrá sido el momento de la rapiña de ese muchacho?
También hay historias terribles, como la de una mujer que asesinó a su marido, lo enterró y encima hizo un banco con arena y portland; y todas las tardes tomaba mate en ese banco, arriba del cuerpo del marido. Pero entonces ella te empieza a contar que a los 13 años el hermano mayor intentó violarla; que cuando le va a contar al padre no sólo no le cree sino que le da una paliza descomunal; que se escapa de la casa aterrorizada y finalmente es violada en la calle por tres tipos, siendo virgen. Ahí entendés cómo una mujer, quizá con pocas luces, una mujer con pocos elementos y mucho castigo, se convierte en una brutal criminal. La intención no es justificarla, la intención es entenderla. Y tratar de ver por qué pasan estas cosas y si es posible que se puedan recuperar.
Creo que es necesario explicarle todo esto al almacenero, al omnibusero, al tachero, a la señora del arrebato, porque toda esa gente que ha perdido parientes, gente que ha recibido un tiro en el pecho, tú le hablás de un delincuente, de un rapiñero, y es una imagen terrible.
Este programa pretende quizá hacernos algunas preguntas morales todos, para ver cómo se puede encarar este círculo cerrado y lograr un sistema un poquito más sano para los nueve mil presos que hay en Uruguay. Lo que pediría al televidente es que trate de no embanderarse inmediatamente. Que mire el ciclo entero y después lo analice.
¿Qué creés que seduce al espectador de este tipo de programas, qué lo lleva una noche a ponerse a ver un programa sobre cárceles?
Hay algo de ver al delincuente ahí, es como ir a ver al león atrás de la reja en el zoológico. No te puede atacar en ese momento. Es ir a ver a esa cosa que te podría matar, pero que está tras las rejas. También hay gente que lo mira con intención de tener una explicación un poco mayor, no contentarse con que son delincuentes, malandros.
¿Participaste en el proceso de selección de las personas que iban a ser entrevistadas?
Hay que aprender a trabajar en equipo, yo soy medio maniático y me cuesta mucho, pero estoy aprendiendo. Hubo un trabajo periodístico de Antonio Álvarez, Natalia Verdún y Marcos Robledo, que recorrieron todo el país buscando posibles historias. Después hay edición, hay guión, el programa no siempre representa lo que cada una de las partes querría poner en él. Pero la intención y el tipo de entrevista que hago es para encontrar un sentido a lo que está sucediendo en la vida de los presos, y tratar de sacar de ellos la existencia o no de calidez humana. En algunos hay, en otros no. Eso lo juzgará el televidente. 
¿Cómo haces el proceso de la empatía con el entrevistado?
En base a la verdad. Siempre tengo un mano a mano antes de la entrevista y les explico cómo va a ser, les digo que no tiene guión y que es una oportunidad de decir la verdad, que es algo que siempre dignifica al ser humano. Les digo que ellos tienen la oportunidad de decir la verdad y yo la oportunidad de preguntar. A mucha gente le interesó la entrevista después de tener esta conversación. Y claro, muchos no te dicen la verdad, después de unos cuantos años de laburo me doy cuenta cuando alguien te está haciendo un fiasco, pero ése es un tema de ellos. Quienes no pueden decir la verdad quizá es porque no pueden decírsela a ellos mismos.
¿Después de estos diez años de trabajo con la crónica policial seguís sorprendiéndote de las historias que encontrás?
Sigo trabajando en esto porque no hay un solo día igual a otro, es continuamente una sorpresa, hay que estar muy atento. Eso es lo que me fascina del trabajo y de la crónica policial. He aprendido mucho y sigo sacándole punta al tema. Lo que sí me sorprendió, es toda la gente que está ahora, a esta hora, mientras me voy a dormir a casa con la estufa de leña, después del trabajo y de un orden establecido, toda la gente que está ahí en condiciones realmente críticas, desde el punto de vista de los más básicos derechos humanos y luchando por mantener una moral en alto, por seguir siendo personas. Me pregunto de dónde saca esa gente la cordura para esa lucha. Y son las cosas que me gustaría poder transmitir. A todos les pregunté si eran felices. Ninguno me dijo que sí, pero siguen ahí peleando, con el objetivo de algún día lograr la libertad.
Son historias que aleccionan, que abren la mente. Escondemos a los presos porque no los queremos ver. He oído muchas veces "hay que matarlos a todos", el problema es que cuando vos emitís ese concepto, no te das cuenta que la persona que te agredió te inoculó veneno, ese veneno recorre tu sangre, sos tan delincuente como él, porque estás proponiendo matar, hacerles mal, hacerlos desaparecer.
¿Cuál creés que es la relación de la gente, de los televidentes, con la crónica roja?
Creo que a la gente le gusta ver en el otro lo que aún no le pasó. O lo que él mismo es. Hay una pizca de miedo, es una especie de gran caldo donde hay mucha cosa metida. La crónica policial, al igual que la novela policial, siempre fue de un atractivo muy grande. Y está el debate de por qué está tan arriba en los noticieros...
Y el cambio que viene experimentando, en su estética, en su lenguaje...
Hay muchas cosas que no comparto. Creo que si un noticiero arranca sistemáticamente con la crónica roja, en sus primeros cinco tapes, le están diciendo a la gente que eso es lo más importante del mundo, ahí hay un error. Por otro lado, entiendo que la crónica policial haya tenido sobre todo en televisión un avance muy grande, porque la TV es imagen. Entonces, si tú tenés en el arranque del informativo una nota con Mujica sobre el destrabe del puente... el viejo es muy gracioso para hablar pero no deja de ser una cara, y por otro lado tenés una persecución, un tipo armado tirando, televisivamente es mucho más colorido ese arranque que el del presidente. Pero de ahí a arrancar sistemáticamente con policiales... aparte llega un momento en que empezás a pasar por arriba de la información sin ton ni son.
Hace poco un sospechoso de haber matado a un taxista vino al canal, la familia lo trajo acá en vez de entregarlo a la policía, ¿qué pensás de ese tipo de cosas? ¿cómo creés que los delincuentes ven al cronista policial, cómo ven tu trabajo?
Por suerte no estuve ese día. No sé lo que piensan de los cronistas policiales, yo he tratado desesperadamente de mantenerme en el camino del medio y no convertirme en una persona que señala ladrones, ni que señala policías. No soy un cronista policial, me siento un periodista que cubre las noticias policiales. Y siempre le digo a todos "no soy tu amigo, no soy tu enemigo: soy periodista, si no te sirve este planteo estás en tu derecho".
Creo que si vos transitás el camino de buscar la verdad, hay respeto de todas partes, de policías, ladrones, familiares y el sistema en general.
Hace poco, también, se resolvió, o se avanzó, el caso de Natalia Martínez. Vos lo seguiste de cerca desde "Víctimas y victimarios", ¿te esperabas este giro?
No era la hipótesis que la policía tenía en mente. Es bueno que se resuelva, y también es bueno decir que la policía seguía otra línea de investigación.
¿Te gustaría hacer un programa actualizando el caso?
No, creo que ya está. Hay que dejar que la familia Martínez Bengoa tenga paz.
¿Creés que fue uno de los casos más relevantes de la escena policial?
No. Fue uno de los casos más promovidos. Fue muy dramático, porque a lo de Natalia, que hoy se sabe que se murió en el auto, casi en forma estúpida, se agregó la muerte del padre, que puso un ingrediente complejo, pero hay casos mucho más dramáticos. A éste se le dio una prensa espectacular. Y ahora, hay un hombre (el librero de Piriápolis) que seguramente va a demandar a los medios, con toda la razón del mundo. A veces lamentablemente la TV y los diarios hacén veinte tapes o cuatro páginas de diario de cosas que se corroboran o no.
¿Ése sería un límite, no subirse a la ola mediática de lo morboso?
Me siento muy mal cuando veo venir un tsunami de esos, porque además tengo suficiente olfato como para verlo venir. Pero además tengo un angelito o no sé qué, que cada vez que sucede algo así yo no estoy, de casualidad. Cuando este muchacho se entregó al canal, me dijeron que el flaco quería entregarse conmigo. Si se quiere entregar conmigo, fenómeno, lo acompaño, nos encontramos en la puerta de la comisaría, no en el canal. Esa es mi condición: ni amigo ni enemigo, soy periodista. Si lo entienden, a ellos también se les allana el camino.
¿Alguna vez salió al aire algo en lo que estaba tu cara, pero que te pareció que no estaba bien tratado?
A veces, pero no puedo estar en todos lados. Soy el que pone la cara, tengo el trabajo de mayor riesgo, pero yo confío. Confiar es una de las cosas que más rédito me ha dado en la vida. 
¿Cómo cambiaste desde que empezaste a cubrir policiales, cuánto hay de personaje en la tarea?
¿Quién te dijo que soy un personaje?
Tenés una forma particular de hablar, de pararte al dar las noticias...
Yo soy en cámara lo mismo que soy ante mi familia. Ante mi hija, que se divierte mucho porque le encanta tener un papá que es "famoso" y tengo otro hijo que lo sufre mucho, que desearía que yo fuera el más anónimo de los padres. Lo mismo que ves en la cámara soy con mi mujer, con los mismos chistes, la misma alharaca. Yo cuando entré en esto les pedí: quiero ser como soy, y quiero ver si funciona.
No será un "personaje" pero es un estilo, y que llevó por ejemplo a una empresa de créditos a contratarte para hacer una serie de avisos con ese estilo.
En realidad fue una agencia que convenció a la empresa. Todavía hay gente que me conoce más por el aviso de Pronto que por Subrayado, sobre todo en los 'cantes'. "¡Pronto, Pronto!", me dicen. Fue una cosa brutal, pero ¿por qué? ¿Te pusiste a analizar por qué?
¿Cómo lo analizás vos?
Por el idioma llano, simple, y la pizca de humor. Eso de "llevá bronceador para la pelada"... porque hay pelados que nunca conocieron el mar... ¡está lleno de pelados!
¿Cómo te cayó que te propusieran hacer estas publicidades?
Aluciné. Lo hicimos en un sábado, me trajeron un montón de guiones y yo dije, "no, qué guión... dejame decir a mí". Lo del pelado, lo de la geisha, esa mujer que se arregla y se siente una geisha, identificó a un montón de personas que se sienten así. Produjo el click.
¿Ves televisión?
No, hace ya un tiempo. Estoy muy decepcionado. Me enojo profundamente, a tal punto que prefiero no verla.
¿Y los programas en los que estás?
Veo mi parte. Cumplo con eso. Hago un enorme esfuerzo para que mi parte tenga lo que yo creo que tiene que tener, lo demás lo tiro para arriba.
¿Alguna vez fuiste víctima de un episodio violento, de un robo?
Una vez me robaron en casa, se llevaron hasta el shampoo. Vivía con un amigo y me quedé dos días en el living, con un hacha, esperando al ladrón porque había dejado un bolso. Enfermo quedé... es lo que te decía que te inoculan con venenos. Quedás en estado de envenenamiento, con una mezcla de miedo y venganza, sentís que te sacaron y querés hacer lo mismo.
En ese momento pensé en comprarme un arma de fuego pero un policía me dijo: "para tener un arma hay que tener tres cosas claras: primero, que tenés que practicar por lo menos una vez por semana, porque si no vas a errar. Segundo, tenés que tirar primero y pegarle al tipo, sino él te pega a vos. Tercero, tenés que estar dispuesto a ver un cadáver en el piso y si no querés ir en cana tenés que acomodar la escena, y saber que ese tipo tiene cinco hermanos, seis hermanos, que saben donde vivís porque tuviste que ir a un juzgado. Y aparte de todo eso, tenés que saber que mataste una persona.
Después haces la catarsis, o no...
A mí se me fue yendo, no compré el arma, me compré unas boleadoras.
Montevideo Portal / Inés Nogueiras

HISTORIAS DE CÁRCEL
Conducción: Aureliano Folle
Cámaras: Federico Sosa, Fernando Blanco, Martín Garbarino, Mauricio Asti
Asistente de cámara: Santiago Bicco
Sonido: Valerio Jardim, Santiago Carámbula
Edición: Diego Fernández
Transporte: Néstos Ruiz
Guión: Leonardo García
Realización: Compañía productora "Diezcatorce"
Meritorio de producción: Fabián Curzio
Asistente de producción: Marcela Straconi
Producción Periodística: Marcos Robledo, Natalia Verdún
Coordinación periodística: Antonio Álvarez
Producción ejecutiva: Nacho Varela
Producción General: Anabella Pinilla
Emisión: Jueves a las 22:30 horas en Canal 10
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