(Por Ernesto Muniz)
Es la persona al frente del periodístico de mayor rating en AM y segundo si se suma la audiencia de FM. Condujo el programa televisivo más polémico y visto de los últimos años, capaz de ganarle a Marcelo Tinelli. Pero antes de eso, Ignacio Álvarez trabajó haciendo guiones para programas de viajes, realizando “la parte más fea, que era visualizar el material” en una oscura isla de edición, y aún antes trabajó en la CX44 cuando era “La Panamericana” y le pidió un aumento a quien era su jefe “un tipo todo despeinado, todo sucio, con unas botas embarradas”, un tal Pepe Mujica, que al final le dio los pesitos que pidió. Habló de sexo en “Historias de piel”, un programa que lograba confesiones calientes en la noche de la FM y hasta se dio el gusto de recorrer el mundo haciendo turismo aventura en “Al límite”, un show muy costoso en canal 12, en el “último suspiro de las vacas gordas”. Ahora da clases en la ORT y disfruta de hacerle a los alumnos lo que hicieron con él: “que alguien te abra la cabeza, que te sacuda, que te obligue a salir de la burbuja donde estás”, insistiendo para que los alumnos no confundan “liviandad con valentía”; y en esa búsqueda, si es necesario, se encarga “de destruirlos y de humillarlos para que les quede marcado a fuego que no es nada fácil salir a boquillar así nomás”.
En el bar “El Trébol” del barrio Palermo, conversamos con Nacho Álvarez de los momentos más controversiales de su carrera: la pelea entre Bordaberry y Michelini, la partida de Escanlar y su tensa y más reciente entrevista con Lacalle. Hablamos de su ausencia en la televisión, de su vuelta, de Darwin Desbocatti y hasta del fainá. Aquí va un extracto de ese profuso encuentro que duró cerca de una hora y media.
¿Cómo nace la idea de hacer “Las cosas en su sitio”?
Yo llego de luna de miel en febrero de 2000 y me llaman de canal 12 y me dicen: “por tema presupuestal, el canal decidió prescindir de tus servicios”. Empecé a buscar trabajo y a los meses llamé a “Contraste”, la productora con la que veníamos haciendo el programa de sexo, y les propongo hacer un periodístico en FM. Nos reunimos con quien estaba a cargo de Sarandí, me tira una serie de preguntas de conocimiento político y cultural y me dice “vamos a hacer una prueba ahora”, y ahí improvisé y quedé contratado. Primero en FM y al año en AM, que no fue una decisión fácil. Yo tenía una sensación ambigua, no me gustaba mucho la idea, yo con la AM no estaba ni ahí, Sarandí era una radio que escuchaban mis abuelos, escuchaba AM para el fútbol nada más. Y por otro lado estaba eso de “jugar en la cancha grande del periodismo”, estar sentado en el mismo sillón que se había sentado Neber Araújo. Fue una apuesta muy jugada porque desembarcamos con Gustavo Escanlar, con Darwin Desbocatti, y las viejas llamaban horrorizadas, pero la prueba está que la jugada le salió bien a la radio, de hecho se vio, que salvo excepciones, el público tradicional de Sarandí se mantuvo y se dio una renovación en el ingreso de público nuevo que tradicionalmente no escuchaba la radio.
¿Escanlar y Darwin ingresan desde el principio en el proyecto?
Sí. Pensando en cómo iba a hacer el programa, yo tenía claro que quería tener una cuota de opinión y de análisis; y me di cuenta que responsablemente había cosas que yo no podía decir; ahí se me ocurrió la idea de crear un personaje que desde la ficción estuviera habilitado para decir cualquier cosa, esas que muchos pensamos o sentimos pero que no podemos decir. Las productoras conocían a Carlos Tanco y a Salvador Banchero y les hicimos un mini casting. Me acuerdo que estaba Carlos de espalda y tenía que improvisar un diálogo y no dudamos en que era él. Ahí Carlos compone el personaje, le da nombre, voz y le pone todo su talento en algo que sigue siendo un éxito.
Hay o hubo una discusión sobre los derechos de ese personaje. ¿De quiénes son?
No sé y no importa. Lo único que sé es que una vez hablando con el director de la radio, cuando ellos se habían ido a Océano FM, me planteó el tema y le di mi opinión que más allá de lo legal, Darwin Desbocatti era Carlos Tanco, que adonde se fuera tenía todo el derecho del mundo a llevárselo él. Y eso fue lo que hizo la radio más allá de lo que la ley indica.
¿Y cómo terminaste vos con él?
Yo bárbaro. Lo que pasó es que él se molestó porque en su último programa de “Las cosas en su sitio”, yo dije que quería hacer un reconocimiento público a Darwin por lo que había significado para el programa y dije “y sobre todo a Carlos Tanco, un joven sumamente talentoso que es el padre de este personaje”, porque quería sinceramente reconocer el mérito de la persona, porque en ese momento nadie sabía quién era. Yo quería rendirle un homenaje. Y es cierto que en la noche anterior cuando hablamos me pidió que no dijera su nombre. Yo lo quise decir con la única y obvia intención de reconocérselo públicamente y creo que a él le molestó, pero me parece que quedó por esa, que yo sepa está todo bien. Además le había dado una entrevista a algún medio gráfico y había salido con una foto con su nombre, tampoco era secreto de estado. Esas cosas no afectan para nada al personaje, porque la gente le compra la magia del momento y se deja seducir por eso.
Después llega “Zona Urbana”
Nos llama de canal 10 Florencia De Feo para hacer un programa de variedades. Le propuse hacer un programa periodístico entretenido, ese fue el desafío. El objetivo nuevamente era zafar de lo tradicional o transgredir o innovar, buscar una vuelta distinta. Fue lo que intentamos con Zona Urbana y que claramente se vio.
Yo quería que estuviera Escanlar, que también tenía una cabeza muy provocativa. De hecho ya habíamos pensado antes en una propuesta que le ofrecimos a canal 12, que apuntaba a la investigación, manejo de la imagen fuerte, pero quedó por esa. Trabajamos sobre esa base para canal 10. Al resto del staff yo no los conocía; a Gabriel Pereyra lo leía en El Observador y tenía mucha personalidad y lucidez, luego creo que Cecilia Bonino viene por Pereyra y Laura Raffo por el productor Iván Ibarra, y fue milagroso. Si querés hacer un equipo para que funcione en televisión, es muy difícil, tenés que hacer mucho casting y contar con la suerte. No es fácil que alguien pegue en televisión, hay una cuota de misterio que no es matemática. Aparte surgió en el momento justo; muchas veces los grandes batacazos se dan, en parte por méritos propios y en parte por caer en el lugar y en el momento justo. Si en ese momento yo viviera en Argentina, no hubiera pasado mucha cosa, porque ya existía esta clase de programas. Y otro dato que no es menor: era el año 2003, cuando los efectos de la crisis estaban pegando en forma durísima y que surgiera un programa periodístico que dijera “las cosas como son”, que denunciara las irregularidades, que denunciara la corrupción con cámara oculta, canalizaba la indignación de mucha gente, que de hecho nos veían como “los voceros de”.
¿Qué pasó con las presiones, existieron?
Casi no existió para nosotros. Y por una sencilla razón: “Zona Urbana” fue algo que le explotó en la cara al canal y a nosotros mismos, de golpe. Primero fue el “proyectito” de las nuevas generaciones del canal y el proyectito fue una bomba de rating y una vez que eso explota ¿cómo lo frenas? Entonces, ¿presiones? El propio éxito del programa se basaba en jugar con libertad y en meterse con quien se quería meter. Una sola vez nos llamaron de la dirección, creo que en 2004, sobre un informe que íbamos a hacer, en pleno año electoral sobre el patrimonio de distintos candidatos y nos plantearon si eso iba a tener cierta incidencia perjudicando a alguno y nuestra respuesta fue muy clara, rígida y sólida: si afecta a alguien en particular, problema del que lo afecte, nosotros lo vamos a hacer, y lo hicimos.
Hay una crítica recurrente que dice que ustedes le pegaban al vendedor de pasta base y no al traficante; al funcionario de medio pelo y no al corrupto de verdad…
La gente tiene derecho a criticar. Para empezar no recuerdo haber visto una cámara oculta con algún peso pesado que deschavara algo groso en Uruguay. Segundo: ¿Por qué nunca nadie en la televisión uruguaya hizo una denuncia en donde cayera un peso pesado? No es fácil, para mí los peces gordos no son tarados y por algo son pesos pesados. Yo que sé, hicimos lo que pudimos hacer, nunca hicimos “Watergate”; lo siento, seremos mediocres pero dentro de nuestras posibilidades y capacidades hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance. También te puedo decir que es relativo, nosotros hicimos informes en donde desnudamos corrupciones importantes, por ejemplo en el Correo, y ahí hubo denuncias y planteos bastantes sólidos. Hicimos una cantidad en donde mucha gente terminó procesada con prisión y no solo de temas políticos; un médico trucho que hacía cirugías estéticas y algunos de sus pacientes terminaron hechos pelota por la mala praxis, ¿eso no es importante? Y gracias a “Zona Urbana” eso se supo y Salud Pública clausuró esa clínica. Yo no subestimaría el valor, ni el mérito de ese tipo de investigaciones. La Mae Selene fue uno de los programas de mayor rating, curraba con la ingenuidad de la pobre gente, ¿no es grave eso? Nosotros desenmascaramos eso también. Y además había muchos otros contenidos que para mí valían tanto o más como historias de vida, cosas muy emotivas, humor, era un combo con muchas aristas.
Hablemos de uno de los momentos más importantes de la televisión de los últimos años, el encuentro entre Michelini y Bordaberry. ¿Se le hizo una “cama” a Michelini?
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