Cultura
Creadores y figura materna

En la música, la pintura y el cine: madres que fueron musas del arte

De Miguel Ángel a Serrat; de Lennon a Leticia Jorge; de Erin Brockovich a la mamá de Dumbo.

10.05.2021 06:00

Lectura: 11'

2021-05-10T06:00:00
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Por Leonel García

Heroicas como Pelagiya Vlasova, añoradas como Julia Stanley, serenas como Anna McNeill o ejemplos extremos del dolor y la piedad como la principal figura femenina del cristianismo. La madre, en sus múltiples facetas, ha sido musa de pintores, cineastas, músicos y otros miles de artistas. En este día, Galería hace un punteo -incompleto desde ya- sobre cómo ha sido vista la figura materna por diferentes creadores.

PINTURA

Madre e hijo
Guayasamín (1989)
El amor y la ternura entre madres e hijos fue un tema recurrente en la pintura del artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamín (1919-1959). Descendiente de indígenas, ubicado dentro de la corriente expresionista, la indignación que le generaban las miserias humanas siempre fueron un motor en su creación. Sin embargo, siempre destacó el amor que una madre era capaz de brindar aún en las peores situaciones. Su hija Verenice dijo antes de una exposición de su padre, en Perú, en 2018, que lo que más le impactó a él en un viaje a la India fue ver a una mujer famélica amamantando a su hijo pese a ser solo piel y huesos. El amor maternal, del cual Madre e hijo es un ejemplo notable, es parte de la serie Mientras vivo siempre te recuerdo, conocida como La Edad de la Ternura que el pintor dedicó a su propia madre, Dolores Calero.

Maternidad
Torres García (1906)
Mucho antes de que el uruguayo Joaquín Torres García (1874-1949) consiguiera un lugar en el mundo con su interpretación del universalismo constructivo, pintó en Barcelona el óleo sobre lienzo Maternidad, hoy ubicado en el mural de la casa del Barón del Rialp, en la ciudad condal. Lejos de los colores fuertes y la geometría que lo harían famoso, la obra consta de imágenes hieráticas, en una calma plácida y natural: un paisaje campestre de una madre amamantando a su bebé y el padre acompañando la escena en una actitud contemplativa y pasiva.

Maternidad sobre fondo blanco
Picasso (1953)
El inconfundible estilo del artista malagueño Pablo Picasso (1881-1973) también rindió homenaje a esta madre con sus dos hijos. Se trata de su pareja Françoise Gilot y los hijos que el propio Picasso tuvo con ella, Claude y Paloma. Más allá de la belleza de la obra, el trasfondo es más bien oscuro: la relación entre Gilot y Picasso, que se llevaban cuarenta años de diferencia, fue muy turbulenta -como luego ella reflejaría en su libro Vivir con Picasso, de 1964- y terminó casi al mismo tiempo en que se pintó este cuadro.

Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa
Van Eyck (1436)
Todavía expuesto en la National Gallery de Londres, este óleo sobre tabla del pintor flamenco Jan van Eyck (1390-1441), maestro del gótico tardío o prerrenacimiento (no hay unanimidad), todavía genera por partes iguales admiración e incógnita. Es una pintura muy realista y muy representativa de lo que era un matrimonio en su momento: él tiene gesto severo, dominante y protector; ella se muestra sumisa, mirando para abajo y acariciando su vientre, resaltando que ser madre era lo que realmente la completaba y la realizaba como mujer.

Retrato de la madre del artista
McNeill Whistler (1871)
Anna Matilda McNeill tenía 67 años, luto por el fallecimiento de su marido y dos de sus hijos, y varios achaques de salud cuando aceptó posar para el más loco de sus vástagos, que había decidido dedicarse al arte, James McNeill Whistler (1834-1903). Es por eso que pidió aparecer sentada y no de pie. Los dos eran estadounidenses, pero para ese entonces vivían en Londres. Originalmente llamado Arreglo en gris y negro Nº 1, este óleo sobre lienzo de gran tamaño (144,3 centímetros por 162,3), tiene una sencillez, serenidad y expresividad que lo hacen tremendamente magnético. Más allá de las explicaciones que se le ha intentado dar al porqué del atractivo de este cuadro, hoy exhibido en el Museo de Orsay de Paris, parece que la causa es simplemente la dignidad de una madre.

CINE

La madre
Vsevolod Pudovkin (1926)
Contemporánea de El acorazado Potemkin, es una obra maestra del cine mudo, cuyo tratamiento de los personajes fue totalmente revolucionario. Sí, es una película propagandística de las bondades del régimen socialista que quería dejar atrás a la Rusia de los zares. Pero la notable actuación de Vera Baranovskaya, quien se transforma visualmente ante los espectadores a medida que va tomando conciencia social y de clase, luego de la muerte de su marido fiel al patrón y la prisión de su hijo revolucionario, se convirtió en ícono de la madre heroica del Este europeo. El final es épico y trágico, en el que Pelagiya Vlasova -así se llamaba el personaje- cae siendo líder y estandarte; la Madre Rusia hecha carne y hueso.

Erin Brockovich
Steven Sorderbergh (2000)
Ver a Julia Roberts en plan activista, guerrera y empoderada le valió un Oscar y una legión mucho mayor de admiradores que los que se había ganado 10 años atrás en Mujer bonita. Para ello protagonizó la historia real de una mujer dos veces divorciada que cría contra viento y marea a sus tres hijos y que se pone al hombro -luego de conseguir dificultosamente trabajo en un estudio de abogados- a un pueblo californiano cuyas aguas llevaban años contaminadas por una compañía de gas y electricidad, logrando conseguir una indemnización varias veces millonaria. Y lo hizo con la ferocidad y tenacidad que puede tener una madre defendiendo a sus hijos. Cuando Roberts ganó la estatuilla ella no pudo estar en Hollywood: uno de sus hijos estaba enfermo y se quedó en casa a cuidarlo.

Forrest Gump
Robert Zemeckis (1994)
De acuerdo: en esta multipremiada película encabezada por Tom Hanks, el papel de la madre de Forrest, protagonizada por Sally Field, es secundario. Pero no solo es fundamental para formar el carácter de su hijo, sino que es la síntesis perfecta de lo que se espera de una madre: confiar en las capacidades de un hijo (Forrest tiene una discapacidad intelectual leve pero evidente) de forma incondicional, ser capaz de cualquier cosa (incluyendo sobornar sexualmente al director de una escuela para que lo acepten) para abrirle camino y soltarle frases que son verdaderas enseñanzas de vida, y que en el caso de Forrest resultan ser exitosas. "La vida es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar", es una; "Estúpido es el que hace estupideces", otra.

Dumbo
Ben Sharpsteen (1941)
Otro de acuerdo: el tratamiento de las madres de los protagonistas de los largometrajes animados de Disney es cruel. La que no moría, sufría espantosas peripecias. Jumbo es el nombre de una elefanta de circo que recibe como regalo de la cigüeña (esto resulta bastante más cuestionable que las desventuras disneyanas de las madres) a un elefantito orejón que enseguida se gana las burlas de todos. Jumbo se encarga de defender a su hijo de todo el bullying (palabra que en 1940 no se usaba) que le hacen los demás animales del circo y el público; lo hace a trompazo limpio, lo que le vale ser encerrada y encadenada en un vagón-jaula separado. La escena nocturna en que acuna a su hijo con su trompa a través de los barrotes iniciaba un simultáneo llanto colectivo en cuanto cine era exhibida. Por suerte, todo termina bien gracias a las habilidades de Dumbo, cuyas alas le permitían volar. Podría haber sido peor: podría haber muerto como la madre de Bambi.

Alelí
Leticia Jorge (2020)
En esta película uruguaya que logró un buen suceso en Netflix (apenas pudo estar ocho días en el cine hasta que llegó la pandemia), Cristina Morán interpreta a Alba Mazzotti, "una matriarca con todas las letras", como la definió Galería en una entrevista que le realizó en la edición del 27 de febrero de 2020. Es que cumplió a la perfección con el estereotipo de la madre y abuela entre cariñosa y demandante, entre pesada y cómplice. "Las mujeres en general somos un poco eso, sobre todo con los varones", reconoció Morán en esa nota.

MÚSICA

Julia
The Beatles (1968)
El rock, en tanto expresión rebelde y contracultural, les cantó frecuentemente a madres alejadas del ideal, aunque sumamente reales. Mother, de Pink Floyd, era sobre una mujer castradora, represora y transmisora a sus hijos de sus propios miedos; Mother's Little Helper, de The Rolling Stones, trataba de una mujer agobiada que debía vivir a psicofármacos; en Mother, John Lennon le cantaba a una madre abandónica. Sin embargo, cuando todavía estaba en The Beatles, el mismo John compuso la preciosa Julia, en homenaje a la mujer que le dio la vida. Julia Stanley, así se llamaba. Era una mujer bella y jovial cuya personalidad y estilo de vida chocaban con las convenciones de la época, al punto que fue una hermana mayor, Mary, Mimi, la que se hizo de la custodia de John cuando este tenía cinco años. Aún así, tuvieron una relación estrecha: ella fue la que le enseñó los primeros acordes en el banjo y la guitarra. Julia murió en 1958 en un accidente de tránsito, algo de lo que John jamás se recuperó. En Julia, el músico canta porque quiere llegar a ella, a la que describe con preciosas metáforas como "niña océano", "ojos de caracola", "sonrisa de viento", "luna mañanera", "nube silenciosa" o "arena durmiente".

De parto
Serrat (1974)
"Si la viese usted / mirándose feliz al espejo, / palpándose el perfil / y trenzando mil nombres / en dos sexos", reza uno de los versos más conmovedores de De parto del catalán Joan Manuel Serrat, un cantautor especializado en escribir e interpretar canciones sumamente conmovedoras. Quizás sea una versión muy idealizada del embarazo -nada de vómitos, malestares ni bebés que parecen querer jugar al fútbol dentro del vientre materno; apenas una alusión a que "se le hinchan los pies"-, pero también es una pintura del estado de felicidad que puede llegar a tener una madre que está esperando dar a luz.

La única voz
NTVG (2002)
La tercera canción del segundo disco de No Te Va Gustar es una composición de Emiliano Brancciari. Cantada en primera persona, homenajea -sin nombrarla- a una madre que contra viento y marea logra sacar adelante a su familia. "Solo confío en su voz, / solo le creo a esa única voz", dicen unos versos. Una nota de El Observador, publicada el 3 de junio de 2019, indica que Vilma, la madre de Emiliano, fue quien le enseñó los primeros acordes en la guitarra cuando el líder argentino de esta banda uruguaya tenía siete años; fue a las primeras presentaciones del grupo y fue escucha de las primeras canciones escritas por su hijo.

Mother Love
Queen (1995)
Es la última canción que pudo grabar Freddie Mercury antes de su muerte en 1991. Tanto es así que el último verso lo tuvo que cantar el guitarrista Brian May, quien también debió completar los versos finales, para el último álbum de Queen con material inédito que tiene a Mercury en la voz, Made In Heaven, cuatro años después de su fallecimiento. Es un tema triste, conmovedor y sobrecogedor, que describe qué era lo que quería el gran cantante cuando se acercaba su final. Él, que había tenido muchas y muchos amantes, perdurables y efímeros, mujeres y hombres, al final buscaba otra cosa. Ya no quería sexo, pasión, ni amores tormentosos, lo único que quería eran los cuidados de un amor de madre. "Mamá, por favor, déjame volver adentro de vos". Una madre es un refugio.

MADRE DE MÁRMOL

Posiblemente, la Piedad del Vaticano o Pietá sea la mayor representación de una madre en el mundo de la escultura. Es obra del inmenso artista italiano del Renacimiento Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), realizada en mármol entre 1498 y 1499 por encargo del cardenal de Saint Denis. De importantes dimensiones, la obra transmite por partes iguales sosiego, ternura y dolor. Es una madre (la Virgen María) sosteniendo el cuerpo de su hijo muerto (Jesús), cuyo cuerpo acababan de bajar de la cruz. El artista logra a través del mármol toscano proyectar una imagen mortuoria del hombre, que contrasta con la expresión vital -más allá del dolor- de la mujer, por lo que ella -que deliberadamente parece más joven que su hijo- es la principal protagonista. Actualmente está expuesta, protegida por una pared de vidrio, en Ciudad del Vaticano. Pablo Atchugarry, uno de los artistas uruguayos más universales, homenajeó a esta obra inmortal con su propia Piedad, a partir de un bloque de 12 toneladas de mármol de Carrara, esculpida entre 1982 y 1983.