Iba a ser un segundo Woodstock, a menos de cuatro meses del primero. Y mejor aún: iba a significar la consagración definitoria y definitiva de The Rolling Stones como la mayor banda de rock del mundo, justo cuando The Beatles estaban a punto de desaparecer. Pero terminó siendo considerado, al menos así quedó en la leyenda y la retórica, como el fin del sueño hippie.
El Festival Gratuito de Altamont, realizado en el circuito homónimo en California, del que mañana viernes 6 se cumplen 50 años, fue un auténtico desastre. Woodstock ocurrió entre el 15 y 17 de agosto en 1969 en el este de Estados Unidos y dejó para la posteridad el oh-oh-oh-oh durante la presentación de Santana, la tremenda actuación de Joe Cocker, la paliza de rock que ofreció The Who, el himno de Estados Unidos más rockeramente irónico de la historia en la guitarra de Jimi Hendrix y un icono contracultural para todos los tiempos. Se estima que atrajo a entre 400.000 y 500.000 personas, en un entorno bucólico y campestre.
Altamont tuvo lugar en el oeste, reunió a más de 300.000 personas, y prácticamente lo único que se recuerda es la muerte del joven negro Meredith Hunter a manos de uno de los Hell's Angels, grupo de motoqueros que fungió como personal de seguridad. Y para peor, no había un triste árbol en las cercanías de un circuito de carreras ya por entonces venido a menos.
Los Stones habían sido contactados para tocar en Woodstock. Sin embargo, rechazaron la oferta porque el vocalista Mick Jagger estaba por entonces filmando en Australia la película Ned Kelly, con la que no pasó absolutamente nada. Era un año bisagra para la banda: habían despedido al guitarrista Brian Jones, que murió un mes después, reemplazado por Mick Taylor, quizá el músico más virtuoso que alinearon jamás; grabaron y editaron el disco Let it Bleed y habían realizado en noviembre un muy exitoso tour por Estados Unidos. También habían congregado a medio millón de personas en un concierto gratuito en el londinense Hyde Park.
Como Woodstock, Altamont tuvo su filme documental, Gimme Shelter, dirigido por los hermanos Albert y David Maysles y por Charlotte Zwerin. Pero en vez de ser un evento celebratorio de la cultura rock, de la paz y el amor, terminó mostrando a un cariacontecido Mick atendiendo al asesinato de Hunter, que en rigor fue solo una de las cuatro muertes del recital (de los otros casos, dos fueron por un accidente de tránsito y uno por sobredosis de LSD).
Ángeles. Tras rechazar otras posibles locaciones, se aceptó la propuesta del dueño del circuito de Altamont (Dick Carter) para un recital gratuito, respuesta a la prensa local, que se quejó de los altos precios de las entradas en la gira. El lugar y el escenario muy pronto demostraron ser totalmente desaconsejables, sin baños portátiles suficientes para tamaña multitud, un escenario que apenas levantaba un metro del piso (o sea, cualquiera se podía subir) y un sistema de amplificación ineficiente, que hacía que los que estaban más lejos tuvieran que acercarse si querían escuchar algo. Se toma como un error garrafal haber contratado a los Hell's Angels, un club de motoqueros con historial delictivo, para oficiar de securities. Sin embargo, anteriormente ellos habían cumplido la misma tarea en shows gratuitos en el parque Golden Gate de San Francisco, para los Grateful Dead y Jefferson Airplane, dos bandas también programadas en Altamont, sin problemas.
Según le dijo Grace Slick, vocalista de Jefferson Airplane, a la revista Rolling Stone en 2014, ella y el guitarrista Paul Kantner, de la misma banda, fueron quienes le sugirieron a Mick Jagger y a Keith Richards apelar a los Hell's Angels. El pago acordado fue 500 dólares y cerveza gratis, a cambio de que alejaran a la gente del escenario donde los músicos iban a tocar.
Pero los improvisados encargados de la seguridad, borrachos o drogados desde temprano, golpeaban con palos y empujando con sus motos a los espectadores (muchos de ellos también con abundante alcohol y químicos varios entre pecho y espalda), como bien lo registró Gimme Shelter. Improvisaron con sus Harley Davidson una barrera de contención para los espectadores. Si algún asistente osaba golpearlas, tirarlas o empujarlas, adrede o no, se ganaba una paliza de proporciones. Eran tipos que querían a sus motos más que a sus madres.
Altamont hubiera sido grandioso. Más allá del número de fondo, había grandes bandas en escena, la mayoría de las cuales también habían estado en Woodstock. Santana, que ese año había sacado su disco debut, abrió el show; su líder, Carlos Santana, ha asegurado que si bien Woodstock fue "una celebración espiritual", lo ofrecido por los participantes en Altamont fue superior desde el punto de vista musical.
Claro, el ambiente estuvo relativamente tranquilo durante los siete temas que tocó Santana esa tarde (aún no se había hecho de noche). La cosa se complicó luego.
Tensión creciente. El recuerdo de Grace Slick es mucho menos grato. Los Jefferson Airplane -que ya eran una banda puntal de la movida de San Francisco- fueron los segundos en salir a escena. La cantante, que era corta de vista y no tenía consigo sus lentes de contacto, notó movimientos extraños a su izquierda. Le preguntó al baterista, Spencer Dryden, qué pasaba y este le respondió que los motoqueros que oficiaban de seguridad habían golpeado a Marty Balin, el otro cantante del grupo. "Fuck you", fue la frase del músico que le mereció un piñazo que lo dejó nocaut. Recién estaban en la segunda canción del set, The Other Side of This Life. Eso quedó inmortalizado en Gimme Shelter.
-Hey, flaco, me gustaría decir que los Hell's Angels acaban de pegarle a Marty Balin en la cara y lo noquearon. Me gustaría agradecerte eso - dijo irónicamente, micrófono en mano, para que lo escuche todo el público, el guitarrista Paul Kantner.
-¿Esto está prendido...? Vos le estás hablando a mi gente. Dejame decirte cuál es el problema. ¡Vos, vos sos el problema! - fue la amenazante respuesta de uno de los motoqueros, llamado Bill Fritsch, lata de cerveza en mano, que estaba sentado en el escenario, tras pararse y tomar otro de los micrófonos.
De inmediato, se ve a los Hell's Angels golpear a asistentes ubicados cerca del escenario con algo parecido a garrotes. En ese entonces, Grace Slick intentó interceder, en un tono bastante naif, sobre todo con la violencia que iba creciendo: "(Al motoquero) No tenés que molestarte con nadie en particular. (Al público) Ustedes deben mantener sus cuerpos lejos de los demás a menos que busquen amor. La gente se pone loca y necesitan a gente como los Angels para mantener la línea. Pero los Angels también.... Ustedes saben, no se le pega a la gente en la cabeza por nada, ambas partes están jodiendo las cosas; ¡vamos a hacer que esto no se pudra!". La banda siguió tocando y completó su set con siete canciones más.
Pero la mecha ya estaba encendida. Siguieron las actuaciones de The Flying Burrito Brothers (la única agrupación programada que no había tocado meses atrás en Woodstock, además de los Stones, claro) y de Crosby, Stills, Nash & Young. Se supone que antes de los Stones debía tocar Grateful Dead, pero los liderados por Jerry García cancelaron ese mismo día luego de enterarse del incidente con Airplane; el ambiente ya estaba verdaderamente espeso, y faltaba lo peor.

Recital mortal. Ni bien el helicóptero de Mick tocó tierra junto al manager de la gira, Ronnie Schneider, un chico se acercó corriendo y lo golpeó en la cara. El baterista de los Stones, Charlie Watts, recordó lo tensa que estuvo la pasarela que le debieron armar los propios Hell's Angels para que la banda subiera a escena. El bajista Bill Wyman dijo que luego de la primera canción que tocaron -Jumpin' Jack Flash- vio de golpe a seis motoqueros golpeando a la multitud cercana al estrado con palos de billar.
Al momento del tercer tema del setlist, Sympathy for the Devil, Jagger debió interrumpir el recital por las peleas que se daban al lado del escenario. El documental muestra a los Hell's Angels como una verdadera fuerza de choque. "Hermanos, hermanas, ¡vamos! ¡Cálmense! ¿Están todos bien? ¿No hay heridos? Siempre pasa algo raro cuando tocamos esta canción", bromeó el vocalista, intentando mantener la calma pero a un paso de verse sobrepasado por la situación.
"Yo esperaba que Mick detuviera el concierto. Inocentemente, yo creía que él tenía el poder de hacerlo y estaba decepcionado de verlo tan tímido. Keith Richards, más audaz, sí intentó poner final a todo, pero le dijeron que había alguien en la audiencia que estaba armado", escribió Ethan Russell, fotógrafo oficial de la gira, en su libro Let it Bleed.
El que estaba armado, agregó, era Meredith Hunter. Era un joven negro de 18 años, que esa noche llevaba un traje verde, tenía un peinado afro y sus amigos lo conocían por Murdock. Según el libro Just a Shot Away: Peace, Love, and Tragedy With the Rolling Stones at Altamont, de Saul Austerlitz, ni siquiera era un gran fan de los Stones, pero había asistido en junio de 1967 al Monterey Pop Festival y quería repetir esa experiencia de música, amor libre, drogas, hippismo y contracultura, en el Woodstock del oeste. Junto a su novia Patty Bredehoft y a una pareja amiga habían manejado en un Mustang 97 kilómetros desde Berkeley, cerca de la bahía de San Francisco.
Todo se desmadró cuando la banda arrancó con Under my Thumb, el séptimo tema de la noche. Hunter se acercó mucho al escenario; tanto, que se subió a una de las paredes de amplificadores. Los Angels, siguiendo al pie de la letra la única instrucción recibida de alejar al público del tinglado y con niveles de alcohol en sangre ya peligrosos, lo sacaron de ahí de la peor forma; lo tiraron al piso, lo golpearon entre cuatro e incluso le dieron un puntazo, que no fue fatal.
Hunter -que había tomado anfetaminas- volvió a los pocos minutos a la primera línea, pese a las súplicas de su novia de que se alejara. Hay muchas versiones sobre lo que pasó después. Rock Scully, el manager de Grateful Dead (la banda que desistió de tocar por el ambiente pesado), dijo luego que veía "intenciones asesinas" en la mirada del muchacho ante alguien que estaba en el escenario (¿Un Hell' Angel? ¿Mick?). En Gimme Shelter se ve claro cómo se acerca dificultosa y amenazadoramente hacia donde están los motoqueros sin que Patty Bredehoft, desesperada, lo pudiera detener. En su mano izquierda sostenía un revólver calibre 22. En su trayecto al escenario trastabilla y eso le resulta fatal. Uno de los Hell's Angels, de nombre Alan Passaro, toma el brazo armado de Hunter con su mano izquierda y con la derecha lo apuñala más de una vez. Ya en el piso, lo remataron a patadas.
El documental es desgarrador en esta parte. Un funcionario está reportando la muerte del joven justo antes de que Patti, la novia, aparezca llorando: "¡No quiero que muera, no lo dejen morir!". Nada pudo hacer el personal de auxilio para salvarle la vida. El libro de Austerlitz sostiene que el factor racial pudo haber tenido algo que ver en el episodio: de hecho, a pesar de que no se consideran supremacistas, aun en 2000 no había ningún negro entre las filas de los Hell's Angels. Y Hunter no solo era negro: su novia era blanca.
El show debe continuar. El concierto siguió. Meredith Hunter ya había muerto cuando los Stones presentaron su siguiente número: el debut en sociedad de Brown Sugar, hoy uno de sus clásicos, totalmente fuera de programa, ya que lo habían grabado apenas dos días antes. Luego tocaron siete temas más. El recital constó de quince canciones. Hay quien todavía hoy, a cincuenta años, fustiga la falta de sensibilidad de Jagger y compañía (quienes, más allá de ver peleas a cada rato, no supieron de la muerte del joven hasta mucho después). Lo cierto es que abandonar todo e irse, cuando los únicos elementos de seguridad que había eran tanto o más potencialmente peligrosos que una turba químicamente alterada y encolerizada, era prácticamente un suicidio. Decidieron seguir actuando y lo hicieron como lo hacían por entonces: notable.
Así por caso opinó el bajista de Grateful Dead, Phil Lesh: "Tocaron mejor de lo que nunca les he escuchado, antes o después. Claramente, estaban tocando por sus vidas, como si supieran que, a no ser que dejaran la vida en el escenario, la multitud los haría pedazos".
La última canción del recital fue la misma con la que cerraron en toda la gira: Street Fighting Man (Peleador callejero), toda una ironía esa noche.
"Dicen que Altamont fue el fin de una era. Bueno, eso coincide con la forma en la que las cosas suben y bajan. Miren al Imperio romano. A veces pasa en dos años y a veces en 50. Todo nace, crece y muere", se limitó a decirle Grace Slick, testigo de primera mano, a la Rolling Stone. Esa misma revista había publicado, en enero de 1970, que Altamont fue "el peor día en la historia del rock and roll".
EL ASESINO
Alan Passaro fue arrestado y juzgado por la muerte de Meredith Hunter. Sin embargo, fue absuelto por un jurado en 1972, ya que se consideró que actuó en defensa propia, porque el joven estaba armado con un revólver.
Passaro tenía 21 años al momento de matar a Hunter, que solo era tres años menor. Murió ahogado en el lago Anderson de California en 1985, en un contexto poco claro. Como se consideraba imposible que hubiera actuado él solo en este asesinato, el caso siguió abierto hasta 2005, cuando se cerró definitivamente, sin más enjuiciamientos.
En 2008, una investigación de la BBC reveló que los Hell's Angels intentaron matar a Mick Jagger, con quien habían quedado furiosos, ya que, aseguraban, los Stones se encargaron de presentarlos como los malos de la película. Hay versiones que dicen que esa tirria se inició durante el propio recital, pues los motoqueros se sintieron ofendidos por el bailoteo del cantante en el escenario, demasiado "amanerado" para sus gustos. De todos modos, la embarcación en la que fueron para atacarlo desde el mar en su residencia de vacaciones en Hamptons, Nueva York, zozobró. No volvieron a intentarlo.
