Se calcula que tres de cada 10 personas en el mundo sufren de dolor crónico, que se define como un dolor que dura más de seis meses sin aparente mejoría o curación. El primer escalón de tratamiento son los fármacos analgésicos, combinados o no con antiinflamatorios (estos últimos con un tiempo limitado de uso), y finalmente se pasa al escalón de los analgésicos opioides.
Y aunque a veces no es suficiente, el organismo humano sintetiza sus propios analgésicos "naturales". Nuestro cerebro no deja de producirlos por el hecho de que el dolor sea de tipo crónico, sino que se esmera en ayudar, produciendo un mayor número de receptores de opiáceos según se ha descubierto en un reciente estudio publicado en la revista Pain por parte de la Universidad de Manchester, según consigna MedCiencia.
El trabajo concluye que, en enfermedades crónicas como la artritis, el cerebro aumenta el número de receptores de opioides con el afán de combatir el dolor severo. En gran parte de las ocasiones este hecho no es suficiente para combatir el dolor, pero al menos ahora sabemos que nuestro organismo lo intenta.
El origen del estudio se debe a que los investigadores observaron cómo algunas personas parecen hacer frente mejor que otras al dolor. Por eso, evaluaron qué mecanismos de adaptación usan estos individuos que toleran mejor el dolor, con el objetivo de mejorar los tratamientos actuales del dolor crónico.
Anteriormente ya sabíamos que el cerebro tiene receptores de opioides analgésicos naturales, como las conocidas endorfinas, pero no se sabía que dichos receptores podían aumentar en número a largo plazo para enfrentar situaciones como el dolor crónico severo.
Durante el estudio se usó la técnica de emisión de positrones o TEP en 17 pacientes con artritis y 9 casos sanos para demostrar la propagación o aumento de número de los receptores opioides. Según los hallazgos, los individuos que sufrían artritis y dolor crónico tenían un número significativamente mayor de receptores opioides cerebrales que los casos sanos. ¿La hipótesis? Los científicos creen que se trata de una respuesta adaptativa, un intento por parte del cerebro de resistir el dolor crónico.
Así lo comenta el Dr. Brown, responsable del estudio: "Por lo que sabemos, esta es la primera vez que estos cambios se han asociado a una mayor capacidad de resistencia al dolor, y que se ha demostrado adaptación como tal. Aunque se desconocen los mecanismos adaptativos específicos, sí podemos entender cómo mejorarlos, y podemos encontrar formas de aumentar de forma natural la resistencia al dolor sin sufrir los efectos secundarios asociados a muchos medicamentos que combaten dicho dolor".
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