El comienzo del artículo publicado en La Jornada el miércoles 26 de julio por José Steinsleger, escritor de origen judío, nos coloca ante la más evidente muestra de la barbarie racista que sostiene la escalada de violencia de Israel contra El Líbano. La inoculación de la intolerancia racial contradice el pretexto esgrimido por Israel para justificar (sin importarles demasiado el hecho de resultar inverosímil) los ataques a la población civil libanesa.

Vuelvo a citar a Steinsleger: "Ehud Olmert, premier de Israel, explicó un mes atrás las causas del nuevo desorden: 'Matar civiles palestinos es justificable; lo inmoral es atacar a Israel... no hay equivalencia moral entre ellos y los ataques contra Israel'".

Mientras la capacidad de asombro del lector es puesta a prueba con esos misiles de largo alcance, a más corta distancia las organizaciones sionistas del Uruguay hacen un llamado a la solidaridad con el pueblo israelí. No con esa parte del pueblo que se manifiesta en las calles contra la violencia genocida sino con aquella que se encarga de llevar adelante la destrucción de un pueblo entero en nombre de la paz.

El 9 de junio de 2006, los periódicos del mundo publicaban la noticia de que "al menos 10 palestinos fallecieron por disparos de obús lanzados desde un buque de la marina israelí contra una playa llena de gente en Gaza, donde muchas familias disfrutaban de su descanso semanal. Entre los muertos hay una pareja y sus tres hijos, además de otras dos mujeres. Al menos 35 palestinos resultaron heridos".


Una joven llora la muerte de su padre en un ataque a la playa en Gaza


Niños heridos en el mismo ataque

En la óptica de Israel parece que no hay mayor terror en el mundo que el descanso y la paz del pueblo libanés. Sólo así podemos explicar la violencia indiscriminada que sostiene el gobierno (y pretende atribuir al pueblo) israelí en esta cruzada vergonzosa, donde en nombre de la lucha contra el terrorismo se enseña a los niños el odio y el deseo de muerte como la mejor expresión de amor demostrable al que tiene una cultura diferente a la de uno.
Mientras tanto, y para ponerse a tono, el Embajador de Israel en México acusó a intelectuales, artistas políticos y empresarios de este país de apoyar al terrorismo islámico al pronunciarse en contra de la incursión militar israelí.

No lejos de esta postura, el ex presidente español del Partido que se opone a la paz con ETA, que tiene diplomado en intervensionismo y una boca pequeña con lengua muy larga, se manifestó en estos días a favor de que la OTAN bombardee El Líbano.

Cerca de quienes sufren el martirio y lejos de las oficinas de esos burócratas que destruyen la paz mundial y la vida de millones de personas, el corresponsal de guerra del periódico "The Independent", Robert Fisk, denunciaba desde sus páginas que el ataque al puesto de los observadores de la ONU duró más de ocho horas, lo cual contradice la posibilidad de que se trate de un error.

El secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, ratificó lo mismo al denunciar que las víctimas de ese ataque "se comunicaron al menos 10 veces" con los oficiales israelíes para que cesaran los ataques. "El bombardeo del puesto de la ONU, establecido desde hace tiempo y claramente identificado, se inició temprano por la mañana y se alargó hasta justo después de las 7 de la tarde", declaró Annan a la prensa.

"Y ¿cómo fue -agrega Robert Fisk- que los israelíes bombardearon dos ambulancias en Qana, matando a dos de los heridos que transportaban e hiriendo a un tercer civil por segunda vez en un día? Todo el personal resultó lesionado; un trabajador tiene un trozo de metralla clavado en el cuello, pero lo que preocupó a la Cruz Roja Libanesa fue que los misiles israelíes atravesaron el centro mismo de la cruz roja pintada sobre cada vehículo. ¿Los pilotos usaron la cruz como blanco de tiro?"

La determinación es la de destruir a todos aquellos que se opongan al ensañamiento brutal contra los inocentes, pues pasan a ser, sólo por eso, parte de los enemigos, llámense observadores internacionales, Cruz Roja, pacifistas o periodistas "no alineados".

Y mientras en Estados Unidos, entre los manifestantes contra la invasión (mal llamada guerra, como en el caso de Irak) podemos ver incluso a judíos ortodoxos, en otras partes del mundo hay quienes parecen tomar posición en el asunto como quien se pone del lado de su selección de fútbol durante un partido.

El crimen que cometen ésos que consideran el sufrimiento y el carácter de víctima patrimonio exclusivo de su pueblo, y en nombre del racismo y de la barbarie que sufrieron justifican el racismo y la barbarie perpetrados por sus autoridades políticas, es el mismo que cometieron en su tiempo los alemanes que no se opusieron al nazismo. Supongo que algunos consideraban entonces un crimen imperdonable que un judío matase a un "ario", pero no que murieran diez judíos como revancha. Ignoro si los nazis pedían a sus niñas que decoraran las cámaras de gas. En todo caso, de lo que estoy seguro es de lo que pensaría al respecto de todo esto una niña que se llamó Ana Frank.

 
Manifestantes israelíes contra la guerra (25 de julio de 2006)

Diego Techeira: http://mx.geocities.com/artecheira_web