(Por Matías Castro)
Área de juegos alrededor del Barco Vikingo, domingo, 20.50. El parque está atestado de gente, familias, parejas, amigos, algún que otro oportunista atento a bolsillos ajenos. La música del Mambo se enciende, a cierta distancia se puede confundir con la del Rock and Samba, y se superpone con los gritos de los valientes que llenan las "sombrillas" y con los sonidos y música de los demás juegos. Luces de colores por todos lados marcan los derroteros que sigue la multitud que circula entre los juegos, eligiendo uno y después otro, haciendo casi permanentes filas en las boleterías. La cara del parque Rodó -no es novedad- ha cambiado en los últimos años y se ha convertido en sonriente, mucho más atractiva, con mayor cantidad de ofertas. Ya no son tres pizzerías, inevitables churrerías y una heladería, hay también pubs y una discoteca-restaurante para un público tal vez más pudiente o selectivo. No son sólo los comercios nuevos los que han contribuido a cambiar la pisada. Hay mucho por hacer todavía, proyectos inacabados, algunos de mediano plazo y otros a realizarse quién sabe cuándo.
El paseo concedido. El predio del parque Rodó es municipal, los 18 dueños de los juegos y locales son simplemente concesionarios y están reunidos en un consorcio llamado Leranur sa. De acuerdo a estimaciones de la Intendencia de Montevideo, unos 5 millones de dólares se facturan en el parque anualmente, sumando el rubro gastronómico y el de entretenimientos; por otro lado, unas 750 personas trabajan en forma fija o zafral.
Promovido hasta cierto punto por Jaime Igorra, director de la División Región 2 de la imm, el consorcio tuvo en su comienzo el propósito de que los permisarios trabajasen mancomunadamente de cara a cualquier proyecto de reforma. De acuerdo a una nota de mayo de 2003 publicada por el diario El País, los concesionarios intentaron sin éxito que su sociedad fuese declarada de interés municipal.
El consorcio les ha dado una voz más uniforme y un poder de negociación mayor, incluso a la hora de recibir a los nuevos miembros, como W Lounge, un "multiespacio" que, junto al restaurante Don Trigo, revolucionaron las propuestas nocturnas de la parte del parque recostada sobre la rambla. La llegada de W a la esquina de la rambla y Requena y García se produjo en 1999, y un poco después la del recordado restaurante Sur. El poder adquisitivo de los clientes de W, los eventos que proponía y el perfil del local contribuyeron a cambiar la cara de la zona. La misma nota de El País decía de este megaespacio que presentaba "un cierto aire decò tropical, al estilo de South Beach, en Miami, aunque con un espacio bastante más generoso que el que suelen tener los boliches en South Beach".
Fue también en 1999 que Fernando Mengot (37) realizó una reforma en los juegos que posee su empresa en esa misma cuadra, entre los que se cuenta el Gusano Loco. "Renovamos todos los juegos menos ése ,que es como un patrimonio histórico", dice. La modernización pasó más que nada por un lavado de cara, nuevos juegos y otras ofertas como la organización de cumpleaños infantiles cerrados. Una propuesta que, de acuerdo a Mengot, se identificaba mucho con el "mal ambiente" del parque, aunque recordado con cariño por quien haya pasado por ahí, era el Súper Ocho, sustituido por otro más simple, más infantil.
La concesión de W Lounge (que el año pasado permaneció cerrado algunos días) está ahora en entredicho por algunas irregularidades que se han presentado. La firma concesionaria, Churrasquería srl, subarrienda el local por 5.600 dólares mensuales, mientras paga a la Intendencia un canon de tan sólo 500 dólares. El contrato fue revocado por la Intendencia, ya que no permitía el subarriendo y tras una apelación de los concesionarios ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo fue renegociado. El subarriendo, sin embargo, sigue existiendo, siempre sin autorización municipal. Una situación similar se daba con la ex Cervecería Artigas, hoy Don Trigo. Una comisión investigadora de la Junta Departamental concluyó en un informe que estas firmas lucraron con bienes municipales sin una contraprestación adecuada. Recientemente W Lounge elevó a la Intendencia una propuesta que podría resolver el tema y se integraría a otros proyectos de reforma en el parque.
Proyectos e ideas. La División Espacios Públicos de la imm, dice a BRECHA Gonzalo Altamirano, recibió dos proyectos para revitalizar el lago Cachón, ubicado detrás de las canteras y hoy en estado de abandono. El que ganó la licitación, casualmente presentado por los propietarios de W Lounge, fue cuestionado por la Comisión del Patrimonio porque, a su juicio, alteraría demasiado el entorno. La idea consistía, básicamente, en instalar un boliche a orillas del lago en una superficie de 500 metros cuadrados.
La renovación del espacio de este lago se enmarca en un plan general concebido por la Intendencia para un área que va desde Punta Carretas hasta la embajada de Estados Unidos. La parte tal vez más ambiciosa del proyecto consiste en "hundir" Sarmiento, haciendo que el tramo que va desde la desembocadura de esa avenida en la rambla hasta bulevar Artigas se convierta en un túnel. De esa forma, se "limpiaría" toda la superficie para que la "parte verde" del parque se una con la zona de entretenimientos. De todas maneras, para llevar a cabo esa y otras obras previstas en el plan general se necesitarían fondos que la Intendencia no tiene. Lo que sí podría ejecutarse en el correr de este año sería la peatonalización de la calle Requena y García, desde la rambla hasta Sarmiento. La construcción de un nuevo anfiteatro en esa misma calle, antes de llegar a la rambla, prevista en el proyecto, parece bastante menos probable.
Los juegos, a su vez, podrían reubicarse de manera tal que el parque infantil se concentre más cerca de la rambla. Mejorar la caminería interna y la iluminación del parque es otro de los objetivos de la imm para este año. El problema es que la División Espacios Públicos prevé hacer lo mismo en el parque Batlle y sólo dispone de dinero para intervenir en uno de ambos. Todavía no se sabe cuál de las dos áreas resultará beneficiada.
Por su parte, los concesionarios han definido una propuesta, que consistiría en instalar un mini shopping en donde hoy están el Forte di Makalé y el Rodelú. Allí podría haber salas de cine, teatro y diversos comercios, viejos y nuevos. Problema: el de siempre, la falta de dinero para concretar la idea.
BOLICHES Y JUEGOS SE COMPLEMENTAN. Las cuatro empresas dueñas de los juegos son familiares, y llevan instaladas unos 50 años. El negocio de los parques de atracciones no parece ser cosa de inversores oportunistas, sino más bien de gente que dedicó toda su vida al mismo rubro. El dinero que requiere el funcionamiento de cada uno de estos juegos no se recupera fácilmente, ya que necesitan un mantenimiento constante y los ingresos fluctúan en extremo según la época del año (los picos altos se registran, obviamente, en las vacaciones escolares) y las condiciones climáticas.
Rober Gioga (35) es propietario de algunos de los juegos del parque infantil. Recuerda cómo su padre y su abuelo doblaban los fierros, que luego utilizarían para construir los juegos, contra los árboles, porque no disponían de máquinas para eso. Su abuelo, un italiano de profesión chapista, concibió un yunque que se empleó en la construcción de los autos chocadores, y que ahora planean exhibir. El padre de Rober, a su vez, se especializó en el trabajo con chapas de fibra de vidrio, labor que aún continúa haciendo. Los faroles y las barandas del minicircuito de autos de carrera fueron diseñados y armados por él.
Rober, que está hace más de 10 años al frente de esta empresa, dice que el parque infantil ha tenido que competir con un enorme abanico de opciones de entretenimiento. Los hábitos de los adultos han cambiado muchísimo desde aquellos tiempos (hay que remontarse a 40 años atrás, a los tiempos de su abuelo) en que para Navidad el parque "de adultos" abría el 24 de diciembre en la mañana y no cerraba hasta bien entrado el 25.
Hay mucha nostalgia justificada detrás de estos juegos que se mantienen. Fernando Mengot tomó el lugar de su padre para administrar los juegos ubicados en la cuadra de W y Plaza Mateo. Cuenta que si su padre, Miguel, un emigrante español especializado en mecánica y en aviación, hubiese estado a cargo del negocio cuando estalló la crisis que aún vive el país, hubiese bajado cortina, porque ya no estaba en una etapa de la vida como para afrontar problemas tan graves. Él, en cambio, decidió resistir y apechugar. Miguel Mengot fue el inventor del Auto Robot, un juego mecánico de mesa que consistía en manejar un autito y hacerlo entrar a un garaje sin chocarlo. En el parque Rodó, Miguel fabricó el Tren Jeep, una réplica exacta a escala de un Jeep, que ahora está funcionando en el Prado. El Gusano Loco también fue de su autoría. Lo hizo a mano con Algerich, chapista, abuelo de los actuales dueños de los talleres Algerich. Lo patentó, y en el mundo hay seis gusanos locos fabricados por él. Después vino el Súper Ocho, un juego costoso porque requiere el mantenimiento mecánico individual de cada auto, que actualmente está instalado en La Paz. El último juego que hizo fueron los anteriores helicópteros de chapa, hasta que a mediados de los ochenta abandonó la fabricación para pasar a importar desde Italia.
Según Fernando Mengot, no hay contradicción entre el parque infantil y los boliches que han comenzado a hacerse presentes en la zona. "Los boliches no traen público nuevo, porque no trabajan con un público familiar, pero han contribuido a cambiar la cara del lugar", dice. Rober Gioga es de la misma idea. "Tenemos que convivir con las dos cosas, porque los boliches le han dado vida a los juegos por la noche. Las familias vienen de tarde, y ahí los boliches no joroban a nadie, después de todo también es entretenimiento y en el mundo se está apuntando a juntar rubros, como está pasando acá".
(De Brecha, Derechos Reservados)
Tardes de verano, noches de boliche
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