1. El motivo: los constantes e insostenibles disparos de obuses de mortero, cohetes y proyectiles perpetrados desde Gaza por la organización terrorista Hamás y sus secuaces, sobre un millón de ciudadanos israelíes.
El día 19 de diciembre último, Hamás anunció que rompería definitivamente el acuerdo de alto el fuego conseguido seis meses atrás gracias a la intermediación de Egipto. Sólo en los últimos días del mes de diciembre, cientos de cohetes, cargas de mortero y misiles de alcance cada vez mayor, fueron disparados contra la población civil israelí del sur del país. A pesar de las agresiones gratuitas y cotidianas, Israel se impuso a sí mismo la máxima contención y moderación en sus acciones, agotó todas y cada una de las instancias disponibles, invirtió ingentes esfuerzos diplomáticos a través la intermediación de Egipto –incluyendo una emotiva apelación por radio del Primer Ministro israelí a los habitantes de Gaza–, y permitió el normal funcionamiento de los pasos de frontera entre Israel y Gaza, a fin de permitir el aprovisionamiento humanitario de la población palestina, pese al riesgo de impacto de proyectiles.
Israel decidió actuar militarmente sólo cuando todos los esfuerzos fracasaron, y Hamás siguió disparando impunemente contra las poblaciones civiles, haciendo oídos sordos a todo llamado al cese de hostilidades. Israel estuvo dispuesto en todo momento, y lo sigue estando, a alcanzar un alto el fuego entre las partes, del mismo modo que Israel lo estuvo hasta el rompimiento unilateral de la tregua por parte de Hamás. Israel tiene tanto el derecho como el deber, como estado soberano, de preservar y salvaguardar las vidas y la integridad física de sus ciudadanos y permitirles llevar una vida normal. Ningún país del mundo estaría dispuesto a permitir un hostigamiento de tal magnitud a su población, que se encuentra hace ya ocho años bajo ataques arbitrarios desde la Franja de Gaza; sólo en los tres años que transcurrieron desde que Israel se retirara por completo de dicho territorio, han sido arrojados no menos de 7.000 cohetes, con un saldo de 12 muertos, 780 heridos y miles de personas tratadas por efectos postraumáticos.
2. El objetivo: el desmantelamiento de las infraestructuras terroristas de Hamás, para defender a los ciudadanos del sur de Israel.
La acción militar actual del ejército israelí, apunta exclusivamente contra objetivos militares vinculados a la infraestructura y la capacidad terrorista de Hamás y sus aliados, que le posibilitan el lanzamiento impune de cohetes y misiles de alcance cada vez mayor (hasta 40 kms.), lo que hace crecer exponencialmente el número de ciudadanos y poblaciones israelíes dentro del radio de los proyectiles. Entre los objetivos alcanzados, se encuentran bases de entrenamiento militar, depósitos de armamento, lanzadores subterráneos de cohetes y túneles de aprovisionamiento clandestino a través de Egipto. El gobierno de Israel ha manifestado reiteradamente que preservará las vidas y la integridad física de la población civil no involucrada, y llama a Hamás a abstenerse de lanzar misiles desde azoteas de edificios civiles y a no convertir a la población civil de Gaza en rehén en provecho propio. Israel ha declarado asimismo que hará todo lo posible por permitir el normal aprovisionamiento de los habitantes de la Franja de Gaza, e impedir la creación de una crisis humanitaria.
3. Responsabilidad: El agravamiento de la situación es resultado directo de la política irresponsable de Hamás, al violar unilateralmente la calma y seguir lanzando misiles contra la población civil israelí.
El acuerdo de alto el fuego conseguido por intermedio de Egipto, no sólo fue aprovechado por Hamás para seguir realizando actos de terrorismo contra la población civil israelí, sino que le sirvieron asimismo para reaprovisionarse y fortificarse a fin de maximizar la escalada terrorista, todo ello a costa de su propia población civil. Hamás y sus secuaces se abocaron durante los últimos meses al contrabando intensivo de armas, explosivos y municiones a través de decenas de túneles; a la fabricación de miles de cohetes y bombas de mortero cuyo alcance y potencia van en continuo aumento; al entrenamiento de combatientes tanto en la Franja como en Irán y en Siria; y a la recolección de ingentes sumas de dinero para el financiamiento de actividades terroristas.
Israel no puede permitir la creación de una organización paramilitar paralela a Hezbolá en su frontera sur, con un ala política que mantiene a la población civil de Gaza como rehén desde el cruento golpe de estado de junio de 2007, y un ala militar que atenta sin pausa contra Israel: no existe ninguna diferencia entre las dos alas, ya que ambas persiguen los mismos objetivos.
Yosef Levi- Sfari
Cónsul de Israel