Puras agallas

Ciudad brasileña combate mosquito del dengue con pececitos

Ante la amenaza del dengue y el zika, ciudad brasileña con alta infestación de mosquitos pone en práctica medida de control en base a pececitos.

15.12.2015 13:22

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Montevideo Portal

Desde hace cuatro años, la localidad de Itapetim, situada en el interior profundo del estado de Pernambuco, carece de agua corriente. Desde entonces abundan los tanques de agua de todos los tamaños, tanto dentro de las casas como desperdigados por la calle, ya que con ellos se proveen del líquido elemento.

El escenario -clima tórrido y bastante agua quieta- es propicio para la reproducción del mosquito Aedes aegypti. En abril pasado, la localidad presentó un índice de infestación de 13%, es decir, 13 d de cada cien hogares presentaban focos del insecto, según informa el periódico Folha.

El índice se considera satisfactorio cuando no supera el 1%, y cuando supera el 3,9%, el Ministerio de Salud del país ya considera que el lugar está en riesgo de dengue.

Ahora, la reciente asociación de este mosquito con el virus zika, causante de un preocupante número de casos de microcefalia en el nordeste brasileño, ha hecho que la situación sea todavía más grave.
Al transmitir los virus causantes de dengue, chikunguña, fiebre amarilla y zika, el Aedes se ha convertido en el enemigo público número uno de los nordestinos.

Por ello, ante el recorte de fondos federales para la lucha contra esta plaga, las autoridades locales y los vecinos echaron mano a un 2arma natural": se trata de la piaba, un pececito de agua dulce que mide entre 4 y 5 centímetros.

"Entramos a Internet y vimos un estudio hecho en Río Grande do Norte. Un colega que había trabajado en otra ciudad con el método de piabas, dijo que se había logrado controlar el mosquito. Lo contacté y vino a ayudarnos a hacer lo mismo", explica a la cadena BBC Edinaldo Hollanda, agente de salud de la Funasa (Fundación Nacional de Salud) y coordinador de Combate a Endemias del municipio de Itapetim

"Ya en abril comenzamos a colocar las piabas y trabajamos hasta julio. En setiembre notamos que él índice de infestación había bajado mucho, hasta el 1,2%. Ahora estamos en un 2,4%, menos que en el mismo período del año pasado. La gente de la Regional (La 10° Gerencia Regional, que trabaja en conjunto con doce municipios de la zona) casi no lo podía creer. Dio tanto resultado que seguimos colocando peces en las casas".

Según Hollanda, los peces son colocados en reservorios cerrados y abiertos: toneles, tanques de agua y especialmente en cisternas, ya que el Aedes prefiere poner sus huevos en lugares oscuros y con agua estancada pero limpia.

"Pone los huevos en las paredes del depósito y cuando pones agua de nuevo, eclosionan. La piaba se alimenta de esos huevos e impide que se transformen en nuevos mosquitos".

En busca del pez.

La técnica de las piabas se ha estudiado en universidades nordestinas y aplicada puntualmente en ciudades pequeñas desde hace unos quince años, y con diferentes grados de éxito. Sin embargo, no sustituyó el uso de larvicidas químicos, y es vista con recelo por el Ministerio de salud, que dice que existe el riesgo de diarreas si los peces se colocan en el agua que se usa para beber.

"Colocamos sólo una piaba en cada reservorio de hasta 200 litros. En cisternas mayores, de 3.000 a 5.000 litros, ponemos cerca de cinco. Monitoreamos los hogares para ver si se producían caso de diarrea, y no se produjo ninguno", sostiene Hollanda.

El cloro contenido en el agua que se recibe en camiones cisterna proporcionados por el Estado fue uno de los primeros obstáculos al proyecto, ya que mataba instantáneamente a los peces que ya estaban dentro de los tanques de las casas. Era necesario sustituirlos cada semana.

Ahora, la intendencia pide a los dueños de casa que retiren los peces antes de llenar sus tanques con el agua proveniente de los camiones, y esperen al menos cinco horas antes de liberarlos de nuevo. En ese tiempo el nivel de cloro disminuye lo suficiente como para no matarlos, señala el coordinador.

Todos los días, nueve agentes de Endemias del municipio salen de la Secretaría de Salud con unos 20 "kits de piabas", cada uno conteniendo cinco pececitos, y así visitan las fincas de la ciudad. "Usamos entre 2.000 y 2.500 piabas por semana", detalla.

El problema ahora es conseguir los peces necesarios para continuar el trabajo, ante la un nuevo brote de dengue que amenaza la región y el nuevo frente de lucha que significa el peligroso virus zika.

"El pez no se vende aquí, entonces comenzamos a buscarlo en estanques que todavía tenían agua. Estuvimos capturando peces en estanques a 30 kilómetros de aquí, pero se cavaron porque esos estanques se estaban secando. Hicimos luego un criadero aquí, pero ya se terminó el stock".

"Ahora vamos a comprar en otra ciudad de Paraíba, a 200 kilómetros de aquí. Con tal de no interrumpir el proyecto, compraremos allí donde haya".

En entrevista con la BBC, el secretario de Salud de Pernambuco, Iran Costa, dijo estar interesado en el éxito de Itapetim con las piabas y que un grupo de estudio está investigando las posibilidades de replicar la experiencia en otras ciudades.

Insuficiente

Para el biólogo Carlos Fernando Salgueirosa, docente de Unicamp y especialista en dengue y control de insectos transmisores de enfermedades, técnicas de control biológico como la de los peces, no son eficientes si el objetivo es la erradicación del mosquito, que es a lo que apunta el Ministerio de Salud.

"El control biológico no sirve para vectores, ante un mosquito que transmite una enfermedad que causa microcefalia. Hay que ser más serios y mucho más rígidos y eliminar las poblaciones en los barrios", afirma.

"Ese tipo de control sólo sirve para reducir la población del ‘enemigo' a valores que se consideran aceptables. Pero un índice bajo de infestación de Aedes aegypti todavía mantiene la transmisión de las enfermedades ¿Dónde está entonces el éxito del método?" se pregunta.

Otros depredadores, como lagartijas, arañas y libélulas, también suelen señalarse como efectivos en la lucha contra esta plaga. Pero según Salgueirosa, no contribuyen a solucionar el problema y pueden hasta aumentarlo, ya que incrementan el número de mosquitos que se refugian en las casas para huir de esos animales.

En el caso de los peces que se alimentan de larvas, los estudios muestran un efecto puntual en grupos muy pequeños, asegura el especialista.

"El ser humano es el principal agente de control biológico. Las cosas funcionan cunado están basadas en el compromiso de la comunidad, no se puede pensar en pececitos ni para una ciudad de 5.000 personas".

"Tapar los reservorios con tapa rígida o cobertura de tela: ese es el principal enfoque que se pude dar para combatir el mosquito. De esa forma no habrá larvas", recuerda.

"Hay casas aquí con 50 baldes de agua. Pedimos que la gente coloque tapas de plástico o un paño por encima, y pasamos una semana después y está todo destapado. El año pasado conseguimos telas en la Funasa para cubrir las cisternas, pero el personal de los camiones de abastecimiento las rasgaba para verter el agua. Todo trabajo perdido", lamenta.

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