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Los nuevos caminos de la orfebrería

Cinco marcas de orfebrería que definen el auge del oficio en Uruguay

Inspiradas en la arquitectura, la naturaleza, lo moderno y lo genderless, cinco orfebres cuentan cómo se acercaron al oficio y qué buscan transmitir en sus piezas.

17.06.2021 07:00

Lectura: 13'

2021-06-17T07:00:00
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Por Sofía Supervielle

La actividad de hacer objetos artísticos con oro, plata u otros metales preciosos es un oficio milenario. Considerado por algunos como una simple técnica y para otros como todo un arte, en algún momento corrió peligro de extinción, pero hoy parece disfrutar de un nuevo auge. Como consecuencia de un contexto mundial en el que se valora cada vez más el trabajo manual, el cuidado en la cadena de producción y la mano de obra local, son varias las marcas uruguayas de orfebrería contemporánea que se encuentran en pleno crecimiento, dentro y fuera de fronteras. Si bien responden a una tendencia en común, cada una tiene su propio estilo, desde piezas contundentes y atemporales hasta formas orgánicas o inspiradas en la arquitectura o el mar. Además, comparten la pasión por el detalle y el disfrute de transformar con sus manos un trozo de metal en anillos, pulseras, colgantes o caravanas. Brutal Joyería, AG-URIOSTE, Macarena Cancela, Silver Bug y Erre Art Studio conversaron con Galería sobre su recorrido dentro del oficio y los conceptos detrás de sus piezas.

Moderno, clásico y atemporal
Silver Bug - Inés Sendra

Con un estilo minimalista, formas poco estructuradas y piezas atemporales, Silver Bug es la marca de Inés Sendra (26), quien desde el año pasado le dedica tiempo completo a lo que comenzó siendo un pasatiempo. Sus dos ramas de formación, Joyería y Comunicación Visual, se unieron para crear la firma que se encuentra en pleno crecimiento. En 2017, al no tener éxito en encontrar quién le hiciera una caravana, Inés se acercó a un taller de orfebrería para hacerlo ella misma. Fue a parar al lugar de trabajo de un exprofesor de la Escuela de Artes y Artesanías Pedro Figari, donde descubrió una nueva pasión. Allí, el abordaje era específico desde el comienzo: se enseñaba a hacer puntualmente lo que uno quería fabricar. En paralelo al taller, Inés iba mirando videos de YouTube y conociendo orfebres que la introdujeron a distintas técnicas que hoy aplica, como la de cera tallada. "Creo que lo que más aprendí es gracias a esas personas que me fui encontrando, como Emilio Coitiño, que lo conocí trabajando de vendedora en Tienda".


El paso siguiente fue mostrar sus piezas a través de Instagram y ponerle nombre a su marca. Lo hizo a partir de la traducción en inglés de una de las primeras piezas que trabajó: un escarabajo de plata. "Era un pasatiempo caro, entonces me hice un Instagram para vender y poder sustentarlo". Al comienzo, Silver Bug solo se vendía por encargo y más que nada a tiendas. Objeto Único Distinto fue la primera donde expuso sus piezas, en 2018. Luego creó una colección exclusiva para El Galpón Imports y otra cápsula para Guillermina Gallinal. "Me impulsaron a meterle, y tiempo después decidí hacer solamente mis cosas, sin encargos especiales para tiendas".
En cuanto a su estilo, Inés cree que su sello libre, auténtico y simple se lo enseñó su madre. "Siempre me decía: ‘Vos tenés que usar lo que te quede bien, no seguir modas'", y es por eso que Silver Bug no trabaja con colecciones, sino que ofrece "piezas contundentes que se mantienen durante años". Le gusta trabajar con "formas clásicas y adaptarlas al hoy", alejándose de la "joyería ostentosa y compleja de antes". Con el diseño como prioridad, esta orfebre trabaja cada anillo, esclava o colgante con sus propias manos, apoyándose para algunas tareas en varios joyeros locales. "Poder trabajar con el material me da mucha más libertad a la hora de crear". Terceriza la fundición, el engarzado de piedras y el grabado, etapas del proceso que necesitan de maquinaria especial. Cada orfebre que forma parte del equipo Silver Bug es especialista en un área y la cantidad de manos que trabajan en una pieza varía según el caso. "A veces somos cinco personas distintas para una pieza, todos mirándola con lupa", admite.

Minimalismo sin género
Ag-Urioste · Agustina Urioste

Agustina Urioste (34) siempre se dedicó al diseño, la estética y la creatividad, algo que se nota en cada pieza de Ag-Urioste, su marca de orfebrería contemporánea. Con un sello que desprende fuerza y originalidad, la orfebre trabaja con la meta de crear "piezas de joyería para todo el mundo". Estudió Diseño de Modas en la Universidad ORT, es estilista de moda y vestuarista de publicidad. Apasionada por los detalles, en 2016 incursionó en la creación de accesorios. Fabricaba tocados, como viseras, vinchas y coronas, pero también antifaces, caravanas y anillos. Eran piezas que le encargaban sobre todo distintas marcas de ropa en busca de un toque potente de originalidad para sus desfiles en Moweek o producciones de fotos.


Vivía rodeada de adornos, telas y pequeñas piezas que utilizaba para sumar detalles a todas sus obras. Poco a poco, el interés por el diseño y la elaboración de joyería fue creciendo y la llevó a querer profundizar y focalizar su formación. Empezó clases particulares durante un año y medio. Luego, alentada por sus amigas y primeros clientes, se animó a mostrar sus caravanas, anillos, esclavas y gargantillas a través de Instagram. En 2017 su propio nombre se convirtió en su marca; parecía un juego del destino, ya que Ag es el símbolo del metal con el que trabaja: la plata. Como su fundadora describe, los diseños de Ag-Urioste son claros y definidos, con mucha atención al detalle y de estilo variado. Es una marca vanguardista, pulcra y minimalista. "Busco apuntar al futuro y no tanto a la tradición. Me identifico también con la diversidad, el acceso al mundo, a todo el público", dice y explica que su trabajo "no tiene géneros y es atrevido". Desde 2019 Agustina le dedica tiempo completo a su firma, que no para de crecer. Ese mismo año ganó una beca en el reconocido Instituto Gemológico de Londres (GIA), donde se siguió formando en el oficio. Se instaló en la capital inglesa durante seis meses para adquirir técnicas de representación y renderizado, dos maneras distintas de representar las piezas en 2D o 3D, y aprender a utilizar una variedad de herramientas. Según Agustina, allí tuvo "un abordaje mucho más profesional" del oficio que fue clave para lograr que su firma creciera, proceso que continúa hasta hoy. De hecho, tiene tanto trabajo que hay ciertas tareas, como la fundición del metal, que las deriva a joyeros locales. Ahora apuesta a su crecimiento en el exterior con el lanzamiento de la página de e-commerce. "Quiero seguir vendiendo en Uruguay, es donde están mis raíces, pero quiero crecer para afuera", asegura.

Más cerca de la naturaleza
Macarena Cancela

La orfebrería de Macarena Cancela (31) es delicada, colorida y de formas orgánicas. Buscando reflejar la conexión entre la naturaleza y la feminidad, la orfebre trabaja con perlas de río y otras piedras naturales, plata 925 y baño de oro. Macarena estudió Comunicación en la Universidad Católica y siempre tuvo un fuerte interés por la moda. Llegó a incursionar en el diseño de zapatos para desarrollar una marca, pero abandonó el proyecto. "Con el tiempo me fui dando cuenta de que buscaba trabajar de manera más personalizada y expresarme de otra manera, representando a la naturaleza". El tema de los accesorios siempre le gustó. A los 15 años ya hacía broches, caravanas y vinchas, aunque nunca imaginó que iba a terminar dedicada a la orfebrería. Para ese entonces trabajaba el metal a mano y lo soldaba con estaño, una técnica de poca dificultad pero que no le permitía trabajar en detalle. En 2015 empezó a fabricar tocados de novia, aplicando lo aprendido en el taller de la artesana Sara Venturino.

Sus piezas se inspiraban en las coronas de olivo griegas, caracterizadas por sus ramas, hojas y flores. En un viaje a Santorini, Macarena contactó a artesanos locales y al conversar con ellos entendió que para lograr el grado de detalle que quería en sus coronas debía utilizar la hoja natural en el proceso de creación. No dudó en buscar talleres que enseñaran la técnica de cera perdida -un recurso que permite crear un molde de cera y luego sustituirla por plata- y encontró uno en Barcelona. En España obtuvo los conocimientos sobre la técnica que buscaba y completó su formación. Allí también se acercó a la obra del arquitecto Antoni Gaudí, que con sus formas curvas e inspiración en el mundo vegetal, influenció los diseños de Macarena. De vuelta en Uruguay, en 2018, siguió estudiando orfebrería en RutilosJoyas y se asoció con un colega para llevar a cabo esta técnica tan singular. Como cada pieza es elaborada a mano, no hay dos iguales y eso es algo que a Macarena le apasiona, así como crear piezas que no queden en desuso. "Hago colecciones pero atemporales, no me baso en la moda o las tendencias. Hoy sigo vendiendo piezas que hice años atrás, y esa es la idea. También busco esas joyas que están guardadas en el cajón y no se usan más o les compro a las joyerías las piezas que ya no utilizan".

La arquitectura como inspiración
Brutal Joyería · Emilia Invernizzi

La fotógrafa de moda Emilia Invernizzi (30) es quien está detrás de Brutal Joyería, una marca que no sigue las tendencias sino que bucea entre lo clásico y lo moderno. Ya desde niña Emilia admiraba los trabajos de una de sus tías, que se dedicaba a la joyería como hobby, y fue gracias a ella que nació su interés por el oficio. En 2010 estudió fotografía en el Foto Club Uruguayo y dos años después comenzó la carrera de Realización Audiovisual en la Universidad ORT, dos pasiones que luego volcó en la estética y los diseños de Brutal. Sin embargo, fue recién en 2017 -cuando se mudó a Buenos Aires- que comenzó a formarse en orfebrería. En busca de un pasatiempo, se anotó en el taller de la joyera argentina Soledad Kussrow. Bajo una modalidad puramente práctica y en la que cada alumno elegía en qué trabajar, Emilia se dedicó un año a aprender la fabricación de anillos y cadenas.


Una vez que sintió que las técnicas indispensables ya estaban adquiridas y pudo armar un taller en su casa, decidió crear una marca. Así nació Brutal, cuyo nombre remite a otra de sus pasiones: la arquitectura. La sencillez y las formas geométricas características del brutalismo, movimiento arquitectónico que tuvo su auge entre 1950 y 1970, la inspiran a la hora de diseñar joyas. "El énfasis en el material y en la forma son otras características de esta corriente y lo aplico a mi trabajo. Las obras brutalistas también se caracterizan por ser pesadas y macizas". Su material predilecto y el único con el que trabaja es la plata 925, llamada así porque se compone de un 92,5% de plata y el resto es de otro metal, como puede ser el cobre. Para mostrar su trabajo decidió abrir una cuenta en Instagram y así llegaron los primeros clientes, tanto argentinos como uruguayos. Después también se sumó la oportunidad de vender en 925 Nueveveinticinco, un showroom ubicado en Palermo.
Hoy, radicada en Montevideo, Emilia cuenta que los clientes siguen comprando sus primeros diseños. La explicación radica en que Brutal no trabaja con colecciones, sino con diseños que se presentan a medida, creados sin un tiempo específico entre cada uno. "No sigo las modas y busco que las piezas duren toda la vida. Por eso hago énfasis en el material, para que resistan el paso del tiempo".
A medida que la demanda creció, Brutal necesitó un equipo. Al comienzo Emilia se ocupaba de todo el proceso creativo de cada pieza, pero ahora está concentrada en diseñar y fabricar el modelo y molde original. La fundición y terminación -es decir, la primera y última etapa del proceso- se realiza a mano por joyeros en el taller de la marca. "Hay piezas que toman hasta ocho horas, como las cadenas. Cada eslabón es hecho a mano y luego se suelda uno por uno. Es un trabajo 100% artesanal".

Una dupla incondicional
Erre Art Studio - Rosario Puig y Rosario Valdés

Inspiradas en la vegetación marina, los astros y los detalles que se esconden detrás de una hoja o una flor, Erre Art Studio invita a observar con detenimiento cada una de sus piezas. Rosario Puig (32) y su madre, Rosario Valdés (56), son las orfebres que están detrás de esta marca que despliega sensibilidad con cada colección. Puig, alma inquieta desde pequeña, siempre supo que se iba a dedicar a algo relacionado con el trabajo manual. "No me iba bien en el liceo y en aquel entonces no se le daba mucha bola a lo creativo o artístico", cuenta. "Tuve la suerte de que en mi casa sí se le daba un espacio a eso". De niña disfrutaba de ir a clases de canto, flauta, pintura, moda y, más adelante, de joyería. En 2013, mientras estudiaba Diseño de Moda en la Universidad de la Empresa, creó una marca de zapatos llamada Les Amis. Y en medio del trabajo con cueros y hebillas, decidió probar suerte con una pequeña colección de joyería, una suerte de adelanto del oficio que se convertiría en un estudio artístico del que vive hoy. Era alumna de Enrique Galasso y estaba dando sus primeros pasos con una marca propia. "Me dio muchísimo trabajo hacer una cápsula muy chica". Su madre, psicóloga y comunicadora social de profesión, se sumó al proyecto para ayudarla, sin tener ni la más mínima idea de cómo trabajar el metal. "Ella estaba horas y días para hacer una cosita chica. Yo entraba al taller y ella estaba en la mesa con todos los dedos desechos", dice la mayor de las Rosario.

Con Les Amis en el pasado y todavía sin nombre para el dúo, madre e hija decidieron buscar un taller que les enseñara la técnica de la cera perdida. "Siempre me gustaron los accesorios y le mostraba a mi hija algunos que quería que me hiciera, pero todos se podían hacer con cierta técnica que en Uruguay no encontrábamos dónde aprender". En 2018 viajaron juntas a Buenos Aires a realizar un taller intensivo de esa técnica con el joyero venezolano Simón Sorondo. A partir de allí no se detuvieron y hasta el día de hoy trabajan juntas en el taller.
La dupla incondicional decidió ponerse de nombre el mismo que utilizó la madre de Valdés, también llamada Rosario, para su tienda de ropa en los 80: Erre. En el mismo año lanzaron su primera colección, Regalos del mar, inspirada en corales, algas y aguavivas. Ya en esa serie dejaron sentados dos valores que marcan su trabajo: el gusto por los detalles y las ganas de sorprender. "Hay muchos detalles que a simple vista no se ven, pero si te acercás y mirás con atención, los encontrás. Creo que eso une todas nuestras colecciones y nos identifica como marca", resume Puig.