Tomó clases de pintura en Montevideo y luego en Buenos Aires. Más tarde, ganó una beca que le permitió seguir sus estudios en Roma (Italia). En 1902 obtuvo otra beca para estudiar en España, país en el que vivió tres años.
Cuando volvió a Uruguay instaló su taller en el barrio montevideano de Capurro, realizó muchos trabajos por encargo y desplegó una intensa actividad en el recientemente fundado Círculo Fomento de Bellas Artes, del que fue director docente.
A partir de entonces, la mayor parte de los pintores iniciados en nuestro medio pasó por sus talleres, los cuales orientó entre 1906 y 1913.
Realizó con diferentes técnicas muchos retratos de su esposa, de sus hijos y de sus amigos, así como otros de figuras muy conocidas en nuestro medio. En todos ellos se advierte un excelente manejo de luces y sombras, una pincelada segura y personal. Aunque muchas de sus obras son pinturas al óleo, se destacó especialmente por sus trabajos al pastel.
Hacia el final de su vida, se dedicó especialmente a la pintura histórica. Realizó gran cantidad de obras que representaban gauchos y soldados. Esos trabajos, además de mostrar a los personajes con su vestimenta habitual y las armas que llevaban, nos permiten reconstruir de alguna manera la época en la que vivieron y su vida interior, que Herrera captó con fuerza y realismo.
En ese período ubicamos sus obras Artigas después de la batalla de Las Piedras, Artigas en el Hervidero, La mañana de Asencio y El Congreso del Año XIII.
Falleció en su ciudad natal, el 28 de marzo de 1914.
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