40 años no es nada

CRÍTICA DE DISCOS

Crítica de "Escúchame entre el ruido. 40 años de Rock Argentino. Artistas Varios". Por Jorge Costigliolo.

16.03.2007

Lectura: 4'

Compartir en

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
[email protected]

Con la excusa del cumpleaños número 40 de la edición de La Balsa, y con el más que loable fin de recaudar fondos para el Hospital Garrahan, alguien tuvo la brillante idea de homenajear al rock argentino con el lanzamiento de un álbum recopilatorio que, a través de veintisiete canciones, rindiera cuentas con el pasado, el presente y el futuro de este género popular, mediante un crossover a primera vista interesante, donde artistas versionan artistas. Pusieron a Lito Vitale al frente de la Orquesta Juan de Dios Filiberto para arreglar y ejecutar algunos de los temas, y como si fuera poco, le endilgaron la "curaduría" de la placa. Claro que, como dicen todas las abuelas, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, y el resultado final es un pastiche que linda lo lamentable.

Como toda recopilación, homenaje o lo que fuere, adolece de fallas que son siempre discutibles. No figuran, entre los homenajeados, grupos "pesados" como V8, o Hermética, ni la vertiente punk rock, encabezada por los Violadores o A77aque. Tampoco están varios de los artistas responsables en parte de la masividad del rock argentino fuera de fronteras, con excepción de Soda Stereo; es así que no aparece, por ejemplo, Zas, multivendedor de discos en la década del 80', ni están Los Fabulosos Cadillacs, Los Pericos ni Los Auténticos Decadentes. Las selecciones siempre son complicadas, pero algunas participaciones descartables van en desmedro de la seriedad u objetividad de la misma. Hay presencias lastimosas y ausencias lamentables.

Es así que el disco discurre sobresaltadamente entre las versiones dignas, algún hallazgo excepcional y los límites del ridículo.

Dárgelos aggiorna y revitaliza la atemporal "Pensar en nada" de León Gieco, tal vez en la única pieza que aúna un gran intérprete con una gran canción. El propio Gieco, ducho en el arte de versionar, hace lo propio con "Un pacto" de la Bersuit. Horacio Fontova, en justo homenaje, deja todo en "Agua2 de Los Piojos, y un urgente Palo Pandolfo se desespera en "Pronta entrega" de Virus. El Indio Solari baja un par de peldaños de su pedestal para ricotear en "El Salmón", de Andrés Calamaro, y poco más. Miguel Cantilo y Pedro Aznar con covers de Vox Dei y Pedro y Pablo respectivamente ("Génesis" el uno y "Catalina Bahía" el otro) no pasan vergüenza. Tal vez las voces femeninas aporten algo de luz en un álbum tan opaco: Hilda Lizarazu versiona (de forma un tanto lavada), "El loco" de Babasónicos, Celeste Carballo, con su voz áspera de fumadora, rockea "En la ciudad de la furia", Isabel de Sebastián (junto a Ulises Butrón) embellecen "Entero o a pedazos" de Catupecu Machu, y Claudia Puyó sale airosa de "Noche de perros", canción firmada por Serú Girán.

El resto es para el olvido. Hay quienes sostienen que las grandes canciones resisten las versiones aún más malas, pero Fernando Ruiz Díaz (de Catupecu Machu) se empeña en demostrar lo contrario, y destripa, como un Alejandro Sanz electrónico, "Mañana en el Abasto" de Sumo. Y, como si fuera poco, está también el caso opuesto: ¿Se puede empeorar lo malo? Pues parece que sí, pues Andrés Giménez hace insufrible, con su orquestación plagada de cuerdas la ya de por sí insoportable "Balada del Diablo y La Muerte" de La Renga. A los pobres Alejandro Lerner y Juan Carlos Baglietto les toca bailar con la más fea: Lerner destruye a fuerza de bronces y mal gusto "Qué ves" de Divididos, y el rosarino pelea con "Ji ji ji", de Los Redonditos de Ricota, y sale perdiendo. Y como broche de oro, pizza y champán: Juanse trata de hacer un rock stoniano de "La Balsa", junto a coritos femenino y el apoyo incondicional de Lito Nebbia. Se queda en la frivolidad de la música de aeropuertos, con su impostación palermitana y su aliento a Jack Daniel's.

¿Era necesario tanto dislate? Más que un homenaje al rock argentino, esta suerte de aquelarre de los famosos, figuras y figurones, es una señal de advertencia. Cuarenta años después de su nacimiento, el género en la vecina orilla (y por qué no de éste lado, si siempre actuamos como un espejo), parece estar gagá, chocho y complaciente, pretencioso y sin ideas. Esfuerzos como éste no hacen otra cosa que acelerar su partida de defunción. Ojalá se le pase; se lo merece.

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
[email protected]