Contenido creado por Martín Otheguy
RKOrson

El gato encerrado

CRÍTICA DE CINE

Llegar al cine con la intención de ver Los Soñadores, y terminar viendo esta versión de Garfield fue sólo la primera de una larga lista de decepciones.

Por RKOrson

Lectura: 5'

2004-07-26T00:00:00-03:00
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¿Bajo qué extraña promesa, Jim Davis, después de un cuarto de siglo de dibujar y escribir con rigor la tira cómica, sobre el gato perezoso, irónico (que por años ha azotado a su amigo perro y a su dueño humano), permitió que destrozaran tan descarnadamente su creación?

El terror de las lasañas
El libro de prensa de Garfield la película, advierte que "Durante varios años, Davis (John, el productor de la cinta, sin parentesco con Jim) junto con el copoductor, Brian Manis, persiguieron emperradamente (sic) al creador de Garfield para obtener los derechos de hacer una película de Garfied". Y lo lograron, lamentablemente lo lograron.

Quiénes hayan leído el comic, del gato amarillo come lasaña, conocen la ironía a flor de piel. Saben lo que es ser un holgazán, vividor todo el día. Han aprendido los más extraños métodos de tortura hacia un perro tonto (también aprendieron que perro tonto es una redundancia en el lenguaje del felino). Hasta sintieron un poco de lástima por los fracasos amorosos de Jon, el "dueño" del gato, y cierta irritación por la buena suerte de la mascota tan llena de maquiavélicas trampas.

Y si obtuvo éxito la tira de Davis, es porque los comportamientos del protagonista son dignos de la creación de un hombre con un poder de observación y una imaginación abundantes. Sólo un gato puede tener las características de Garfield, ni siquiera otro felino.

Paso a paso
De la revista a la televisión se dio un salto bastante natural. Los procesos que uno como lector llenaba en su interior, a saber: la forma de caminar y la voz de los personajes, abordaron el mundo de la animación con suceso. La tonalidad baja y el ritmo lento en la oralidad del gato, contribuían a la concepción general de su conocida inteligencia. El pequeño, pero gran gesto, de la ausencia de movimiento labial para expresarse, fue bienvenido por los viejos conocidos del personaje.

Al tratarse de historias largas (de unos 23 minutos) los componentes del gag, se perdieron y se tuvo que moldear toda una nueva forma de comunicación. Esa etapa duró poco, y se pasó a una más efectiva con cortos de ocho minutos, donde se volvía al formato de la reflexión gatuna sobre la existencia, a los chistes alimenticios y los maltratos a Odie y a Jon.

Pero la historieta siguió existiendo con vida y suceso propio, con una personalidad paralela a la TV. Por decirlo de manera tosca, el comic es para adultos y la versión televisiva apta todo público. De hecho en la pantalla chica dejó de manifiesto el estilo de tira animada, en donde hay dos líneas de mensajes, una para los más pequeños que se divierten con la aventura y otra donde los mensajes son con referencias para los más grandes (tiempo después "Pinky y Cerebro" hicieron de ese concepto su máxima).

Los cuatro Emmy Awards por mejor programa animado, junto con varios galardones de la National Cartoonist Society; vinieron a demostrar la compatibilidad de ambos proyectos, respecto a los receptores a quienes están destinados. Sin perder en esa traslación ni un pelo de lo imaginado por su padre Davis.

¿Y Garfield?
¿Alguna vez fue al jardín Botánico?, allí a uno le muestran una gran variedad de vegetales y los nombran con el título científico y el común, y por las dudas le ponen un cartelito abajo. Para los ignorantes en el rubro (como quien suscribe) a un pino lo pueden llamar Pinus, o árbolus sombrae y no saber cuál es el correcto. Se seguirá llamando pino.

En los cines de shopping, se podía ver una inmensa mole de plástico de unos 3 metros de alto y otros tanto de ancho, que al pie llevaba inscripto un rotulito que acreditaba el título de "Garfield". A no ser por ese detalle el resto no era Garfield.

Acá, a diferencia con el Botánico, conocemos el nombre pero no es igual a la imagen que corresponde (significante, significado dirá la lingüista) . Como si un Ombú llevara el título de "Naranjo".

Así es también con la película. Un gato, que dice llamarse Garfield, tiene una vida cómoda hasta que llega un perro, llamado Odie, pero que no es el que conocemos de la tele y de la revista y ambos viven en la casa de un señor que lo señalan como Jon, pero sólo coincide en el nombre con el Jon Bonachón, de Jim Davis.

La historia, los personajes, la energía vital del gato, la ausencia de sarcasmo, el éxito amoroso del humano, la ausencia de lengua chorreante del perro, el final feliz, etc, etc. En todo, se trata de un cuento impostor, escondido en el engañoso escaparate de su título. El verdadero gato quedó encerrado, en algún rincón lejano.

Algún día la liga de defensa del consumidor nos va a amparar en nuestras demandas contra esta clase de triquiñuelas comerciales. Esperemos que eso ocurra antes que llegue la segunda parte del farsante felino amarillo.

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