Montevideo COMM
Lejos de atraerme la insulsa historia que esconde esta película, hubieron ciertas denuncias explícitas por parte del director uruguayo, José Ramón Novoa, que me llevaron a interesarme un poco más sobre la situación que se vive en esta zona de Venezuela. Quizás también el fin del director fuese ese: usar una historia sin mucho sabor, para reflejar la denigrante situación que viven las personas víctimas de "la fiebre del oro". Además de esto, hay una clara pancarta contra el desastre ecológico que se está perpetrando en la selva amazónica.
Garimpeiros cuenta la historia de una joven que debe crecer en un mundo de esclavos y maleantes, en la selva amazónica, donde la única verdad la tiene aquel que posee más oro. La muchacha es llevada a la prostitución, y vemos como su vida se va amoldando a las reglas que rigen en Papayal (el pueblo en cuestión), transformándose día a día en aquello que una vez creyó que nunca sería.
Un régimen de Edad Media rige en el poblado. Los más pobres son explotados para la extracción de oro, la policía es parte de esa gran mafia, y la libertad es proporcional al monto de billetes que se tenga en el bolsillo. Pero, lo más decadente de este mundo, es ver cómo los ciudadanos al ver la mínima posibilidad de escapar a este letargo en vida, deciden seguir en esa enfermiza carrera por la búsqueda de más metal.
La primer sensación que aterrizó en mi, fue la de lástima por esa pobre gente: sometidos al beneplácito de un par de mafiosos con poder, inmersos en un mundo en el cual deben desgarrar al vecino para lograr un vintén más, en donde ni ellos mismos son capaces de vislumbrar una alternativa de vida, donde todos los valores son supeditados a la ley del más fuerte y el más rico...
... Luego de unos segundos, una segunda sensación me dejó sin habla: ¿no somos nosotros, en nuestro mundo, como esos pobres hombres que sólo viven el día a día desconformes con un sistema impuesto, que obliga a competir o morir, y sin ser capaces (por temor) de poder pensar y animarnos a otra forma de vida? Reflexionamos y sentimos pena por estos esclavos, pero creo que la fin de cuentas somos nosotros también esclavos en nuestro Papayal.
La cuestión está en no venderse, no renunciar a esos principios que alguna vez creímos valederos y que parecen, con el correr del tiempo, no ser más que ideales sin vigencia. Si una película, que en primera instancia me pareció pacata pero que luego me llevó a estas reflexiones, no merece la recomendación... es que entonces, ninguna la merece.
juan
Montevideo COMM
Garimpeiros, la fiebre del oro
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