Por el amor de Dios
CRÍTICA DE CINE | EL CRIMEN DEL PADRE AMARO
Era casi previsible saber cuál sería la trama de esta excelente película. Un pequeño pueblo de México, en el cual se suceden una serie de acontecimientos que ponen al desnudo, pero sólo frente al espectador, el intrincado y sucio papel que juega la Iglesia en una sociedad como la mexicana... y no me atrevo a generalizar, sólo por una cuestión de desconocimiento, pero el presentimiento de que ésta historia ocurre en todos lados (quizás de diferente forma), existe.
26.11.2002
Era casi previsible saber cuál sería la trama de esta excelente película. Un pequeño pueblo de México, en el cual se suceden una serie de acontecimientos que ponen al desnudo, pero sólo frente al espectador, el intrincado y sucio papel que juega la Iglesia en una sociedad como la mexicana... y no me atrevo a generalizar, sólo por una cuestión de desconocimiento, pero el presentimiento de que ésta historia ocurre en todos lados (quizás de diferente forma), existe.
Un joven cura llega a un pequeño pueblo, y de buenas a primeras se ve enfrentado a ciertas verdades que esconde la Iglesia tras su sagrada sotana. Juegos de corrupción y chantaje, de pasión y mentiras, y de intereses de diferentes orígenes, se hacen presentes ante un muchacho que no hace más que ser parte de todo el circo que envuelve a cada misa de los domingos.
Porque si hay una denuncia en este film, es esa. El real circo que se genera en torno a la religión y cómo ésta no hace más que obedecer a intereses políticos y económicos. Tanto de una parte de la Iglesia que es apoyada por el mayor narcotraficante del país, como su otro extremo que se esconde en los intereses de la guerrilla mexicana, todos estos sacerdotes juegan un papel que nada tiene que ver con los preceptos básicos del cristianismo. Y creo que el punto que toca "El crimen del Padre Amaro", es un tema muy actual.
Porque el error de la religión es querer hacer a los seres humanos "a imagen y semejanza del Señor". Si nuestro Dios (sea de la religión que sea) es precisamente un Dios, es decir, omnipotente, omnipresente, eterno... ¿cómo podemos nosotros considerarnos capaces de actuar con los mismos atributos? Si bien en la historia de la humanidad se ha tratado de romper con estas leyes naturales y muchos "grandes personajes" han jugado (y juegan) a ser Dios, no podemos considerar esto como posible. El mundo de lo divino no es propio de los seres humanos.
Y es así que la religión entra en nuestra historia. En el intento de hacernos creer (y con mucho éxito) que a través de nuestra "adhesión semanal" a las misas de los domingos, se logrará una vida más prolífera y un "Más Allá" de primera. Esta estupidez, se ve en la película. Unos y otros actuando a escondidillas del arzobispo, como si de él dependiese el perdón divino del que tanto se jacta la religión, y buscando no caer en el "pecado" de ser expulsados de la Iglesia por herejía o lujuria. Una Iglesia que a su vez no atiende a moralidades, sino a intereses puramente económicos y políticos. Y ese turbio mundo, dónde la moral, la ética y lo justo quedan debajo del poder de la Iglesia, es el que finalmente atrapa a nuestro protagonista.
Pero el único pecado de esta película es su carácter tan abarcativo, creo que hubiese sido más interesante haber ahondado en uno de los tantos escándalos que se presentan ante el espectador. Por lo demás, es una gran obra. Fuerte, cruda y sincera.
Por Juan Queijo
Un joven cura llega a un pequeño pueblo, y de buenas a primeras se ve enfrentado a ciertas verdades que esconde la Iglesia tras su sagrada sotana. Juegos de corrupción y chantaje, de pasión y mentiras, y de intereses de diferentes orígenes, se hacen presentes ante un muchacho que no hace más que ser parte de todo el circo que envuelve a cada misa de los domingos.
Porque si hay una denuncia en este film, es esa. El real circo que se genera en torno a la religión y cómo ésta no hace más que obedecer a intereses políticos y económicos. Tanto de una parte de la Iglesia que es apoyada por el mayor narcotraficante del país, como su otro extremo que se esconde en los intereses de la guerrilla mexicana, todos estos sacerdotes juegan un papel que nada tiene que ver con los preceptos básicos del cristianismo. Y creo que el punto que toca "El crimen del Padre Amaro", es un tema muy actual.
Porque el error de la religión es querer hacer a los seres humanos "a imagen y semejanza del Señor". Si nuestro Dios (sea de la religión que sea) es precisamente un Dios, es decir, omnipotente, omnipresente, eterno... ¿cómo podemos nosotros considerarnos capaces de actuar con los mismos atributos? Si bien en la historia de la humanidad se ha tratado de romper con estas leyes naturales y muchos "grandes personajes" han jugado (y juegan) a ser Dios, no podemos considerar esto como posible. El mundo de lo divino no es propio de los seres humanos.
Y es así que la religión entra en nuestra historia. En el intento de hacernos creer (y con mucho éxito) que a través de nuestra "adhesión semanal" a las misas de los domingos, se logrará una vida más prolífera y un "Más Allá" de primera. Esta estupidez, se ve en la película. Unos y otros actuando a escondidillas del arzobispo, como si de él dependiese el perdón divino del que tanto se jacta la religión, y buscando no caer en el "pecado" de ser expulsados de la Iglesia por herejía o lujuria. Una Iglesia que a su vez no atiende a moralidades, sino a intereses puramente económicos y políticos. Y ese turbio mundo, dónde la moral, la ética y lo justo quedan debajo del poder de la Iglesia, es el que finalmente atrapa a nuestro protagonista.
Pero el único pecado de esta película es su carácter tan abarcativo, creo que hubiese sido más interesante haber ahondado en uno de los tantos escándalos que se presentan ante el espectador. Por lo demás, es una gran obra. Fuerte, cruda y sincera.
Por Juan Queijo
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