Deidre Robinson logró revertir su aumento de peso, que la había llevado a límites inimaginables que limitaban su calidad de vida. Con 140 kilos, cuenta ella misma en su sitio web, le era sumamente difícil realizar algunas actividades o disfrutar de actividades recreativas con sus hijos, tal como le pasó en Miami al no poder subir a la montaña rusa porque no le cerraba el cinturón de seguridad.

Esta situación funcionó como la gota que rebasó el vaso, y en 2009 la joven decidió unirse a la organización Weight Watchers y bailar "zumba", una disciplina latina de baile que trabaja el físico con la misma exigencia que el fitness.

En dos años, bajó 77 kilos y abrió su propio centro de zumba, fitness y vida saludable.