Contenido creado por Gerardo Carrasco
Salud

Tanto por tan poco

Bajá un cambio: el 91,4% de lo que te preocupa nunca sucederá, sugiere un nuevo estudio

Estar alerta es importante y recomendable, pero no preocuparse por todo y por nada, ya que esto puede dañar la salud.

12.11.2019 10:54

Lectura: 4'

2019-11-12T10:54:00-03:00
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Es difícil creer que el ser humano se preocupe tanto durante todo el día: rencillas en el trabajo, la batería del celular en la última rayita, las trancaderas en le tránsito, las exigencias de la dieta, el balotaje, la cuenta de la luz que se fue al diablo por abusar del aire acondicionado, hay que ir a buscar a los nenes y prepararles la cena (yo todavía no preparé nada), el cambio climático, la escasez de agua, los pesticidas en los alimentos, la idea de tener un cáncer devastador o Alzheimer, o de sufrir un accidente grave o ser despedido.

Sin embargo, la gran mayoría de todas esas cosas que nos preocupan, jamás ocurrirán. Al menos así lo indica un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania, EE. UU, que comprobó que todos esos potenciales dramas diarios en nuestras vidas reciben demasiada atención innecesariamente, dado que El 91% de ellos nunca serán realidad.

Según recoge el periódico lisboeta Diário de Notícias, lo autores advierten que lo más grave de esa situación es que permitimos que esas preocupaciones injustificadas nos agobien durante todo el día, consumiendo energías y afectando negativamente la salud. El exceso de angustia conduce a la depresión y los trastornos de ansiedad con más frecuencia de lo que suponemos, advierte la investigación estadounidense, subrayando el impacto fulminante del estrés en la salud de todos quienes vivimos en sociedades occidentales. Por ello, consideran urgente apagar el "complicómetro".

"Las teorías de la terapia cognitiva han postulado durante mucho tiempo que quienes sufren de trastorno de ansiedad generalizada tienen expectativas desfasadas sobre la vida en general", explican Lucas LaFreniere y Michelle Newman, investigadores en psicología conductual y autores del estudio, en declaraciones al periódico matritense Así las cosas, estimaron que si esas personas eran enfrentadas a evidencia objetiva de esos desfasajes, los síntomas disminuirían y eso se traduciría en una mejora significativa en los tratamientos.

Y la teoría de LaFreniere y Newman fue confirmada: hicieron un seguimiento de un mes a personas con trastorno de ansiedad generalizada, pidiéndoles que expresaran por escrito sus preocupaciones. Tal como esperaban los investigadores, muchos de los pacientes comprobaron que ni siquiera uno de sus temores se había materializado.

En promedio, según los investigadores, el 91,4% de las preocupaciones no se hicieron realidad, lo que en la práctica condujo a la reducción de los niveles de ansiedad y la mejora de la salud.

El resultado del trabajo se acerca mucho a las palabras del locutor estadounidense Earl Nightingale en la década de 1950, acerca de su interés en los problemas de desarrollo del carácter humano y existencial: el 40% de lo que nos preocupa nunca sucederá, el 30% es pasado y no nos permite cambiar nuestros desvelos, el 12% son preocupaciones innecesarias sobre nuestra salud y el 10% son aflicciones pequeñas y desconectadas. Al pasar raya, queda sólo un 8% de preocupaciones legítimas a las que dedicar un poco de atención.

¿Por qué, entonces, parece que hubiéramos nacido programados para hacernos mala sangre? ¿Cuál es el propósito de ese estado?

Para el psicólogo clínico Frank Tallis, autor del libro Cómo detener las preocupaciones y reducir la ansiedad, esa preocupación excesiva "puede actuar como una alarma que nos dice que es necesario abordar un problema", como cuando creemos que hemos ofendido a alguien con una broma, por ejemplo, y no descansamos hasta que nos acercamos a la persona que se disculpa.

Al mismo tiempo, también nos prepara para resolver este problema, o al menos para enfrentarlo más fácilmente: "Si los pensamientos o las imágenes relacionados con una situación desagradable habitan en su mente, esto puede ayudarlo a lidiar con esa situación cuando realmente sucede ", dice Tallis, subrayando el efecto positivo de controlar de antemano el estado de miedo asociado con lo que tememos.

En última instancia, agrega el experto, la preocupación es recurrente, desagradable, angustiante, pero no necesariamente mala: "Solo se convierte en algo nefasto cuando surge innecesariamente o permanece durante mucho tiempo", dice.