Después de Chiloé, volvimos a Argentina a dejar a Isabel que terminando sus vacaciones retornaba a Uruguay.
La estadía en Argentina fue solo por el día, ya que esa misma tarde cruzamos por novena vez en un mes la frontera Argentina-Chile. Previo al cruce pasamos al lado del Volcán Lanín, de unos 3700 metros de altura, al que subimos hace un par de años con Renzo y Adrián Hitateguy.
Luego de cruzar la frontera nos dirigimos a Pucón. Cuando estábamos llegando, vimos el volcán Villarrica en actividad, con algo de lava en el cráter. En Chile hay 55 volcanes activos; la última actividad importante del Villarrica fue en el año 1971, cuando tapó a la ciudad con cenizas. Luego de esa vez, sigue largando humo durante el día, y un poco de lava por las noches.
Pucón es un balneario bastante fino que queda sobre el lago Villarrica. La playa sobre el lago es bastante chica, y de arena volcánica, además el agua está congelada, así que la playa no fue de nuestro mayor agrado.
Lo que sí nos gustó mucho fueron los Ojos de Caburgua, que son una serie de pozos de agua formados por cascadas alimentadas por corrientes de agua subterránea provenientes del Lago Caburgua. Siguiendo el recorrido, decidimos ir hacia Valdivia, a pesar de que queda un poco más al sur de donde estábamos. La ciudad en sí es muy linda, lamentablemente no vamos a tener el mejor recuerdo de ella ya que mientras caminábamos conociendo la ciudad, los famosos "Cacos" conocieron nuestra camioneta por dentro. No sabemos como entraron, ya que cerramos todo y la dejamos con alarma; pero por suerte no rompieron nada, solo fueron un poco desprolijos, nos dejaron yerba tirada por todos lados (vaya a saber que estaban buscando....).
Las pérdidas fueron : 2 gorritos de lana, 2 camperas, un par de lentes, una mochila, los cables para conectar las máquinas de fotos a PC , un mate, y lo peor de todo (sacando la parte sentimental de lo anterior) es que se nos llevaron toda la música que habíamos traído desde Uruguay.
En términos prácticos implica que tenemos que escuchar la radio continuamente, así que como parece que acá tiene mucho éxito lo romántico latino (Arjona, Montaner, Cheyenne, etc),tenemos que estar cambiando continuamente de radio, para evitarnos escuchar estos individuos y sus secuaces.
Seguimos el camino, sin camperas, sin música, sin mochilas, pero continuamos despacito hacia el norte. Primero visitamos Concepción; "Conce" como le dicen es la segunda ciudad en cantidad de habitantes de Chile. Solo una tarde, ya que según el tipo de la oficina de turismo "acá no hay mucho para ver". Conocimos el campus de la Universidad, una de las importantes del país. En Concepción fue donde tuvo lugar la psicosis del tsunami que nunca ocurrió.
Una mujer nos contó que las noches de alerta fueron dos. Ella no fue una excepción, metió a sus hijos en el auto y se fueron a los cerros a esperar que la ola tapara la ciudad. Lo positivo para ella es que volvió a manejar, ya que hacía unos años había tenido un accidente con un camión y desde entonces no había manejado más el auto.
Luego seguimos a Chillán, hacia donde fuimos porque teníamos interés en visitar los murales que el mexicano David Alfaro Siqueiros pintó en la escuela México. Los murales están en dos paredes enfrentadas, una pared dedicada a México, y la otra a Chile. Siqueiros vivió en Chile, invitado por Neruda, y escapando de México, ya que al parecer estuvo involucrado en el asesinato de Trotsky.
Ahora sí, al fin Santiago, en donde pensábamos quedarnos 3 ó 4 días, y en donde ya llevamos 10, se ve que la atención que hemos recibido de los dueños de casa hace difícil la partida. Nos estamos quedando en la casa de los Racovsky-Carbone, una familia sanducera, que fue emigrando de a poco, primero los hijos, luego los padres, y ahora están juntos en Santiago.
En la casa viven, Carlos, que a pesar de ser manya, es buena gente, y muy buen asador; Rosita, su esposa, que al enterarse que veníamos, decidió irse repentinamente a Uruguay; Laura su hija, con la que hemos hecho una muy buena amistad, y Nico su hijito de 2 años (al que le encanta salir a jugar con el tío Andrés). También hemos conocido a Manuel, el esposo de Laura, que es chileno, y nos ha tratado muy bien, incluso nos llevó a comer un asado a la casa de los padres.
Para que la semana se tornara totalmente en nuestra "semana con los uruguayos", fuimos a visitar a unos amigos de Durazno, Mauricio, Adriana, y sus hijos Joaquín y Matías. Ellos publicaron nuestros datos en un sitio de "Uruguayos en Chile", y desde ese momento hemos recibido varios mails, y hasta una llamada, de uruguayos ofreciendo lo que precisemos.
Lamentablemente toda la gente que se ha contactado vive en Santiago, o más al sur, pero esperamos comunicarnos con alguien cuando estemos más al norte.
Santiago es tan linda como calurosa, pero el paseo por la Alameda, por el Palacio de la Moneda (un recuerdo para Allende), la antigua catedral, el museo precolombino, el de Bellas Artes, el Histórico, hacen olvidar un poco los treinta y tantos grados de todas las tardes.
Con Laura hicimos un paseo imperdible (sólo por sus nombres), fuimos a Valparaíso y Viña del Mar, a unos 100 km de Santiago, sobre el Pacífico. En Viña se está haciendo en estos días el festival, así que las radios, la tele y revistas del corazón (que se venden mucho), no hablan de otra cosa. A unos 80 km al sur de Valparaíso queda la casa de Neruda en Isla Negra (que no es una isla). Por lo que hemos visto hasta ahora, los chilenos son muy consumistas, especialmente cuando tienen que comprar regalos a los niños.
Les gusta mucho comer y tomar, y también salir de joda (salir de carrete le dicen ellos), sin distinción de edades. Es impresionante la cantidad de palabras raras (para nosotros) que esta gente utiliza para nombrar las cosas, especialmente las comidas, así que estamos elaborando un diccionario chileno-uruguayo, para entenderlos, y hacerse entender (próximamente a la venta en su quiosco amigo).
Mañana seguimos viaje hacia La Serena, un balneario a unas 6 horas hacia el norte.