Esta semana se realizó en Montevideo el Cuarto Festival de cine judío, en cuyo marco fueron presentadas también varias películas israelíes. Algunas de ellas, de contenido crítico respecto a diferentes facetas del Israel de hoy. En este sentido se destaca “The lemon tree”, un largometraje de Eran Rikliss, que en ciertos puntos, no deja por cierto bien parado a Israel en lo referente a políticas a seguir ante los palestinos y en lo relacionado a cómo consideraciones de seguridad derivan a veces en actitudes que perjudican a palestinos que nada tienen que ver con el terrorismo.
La inclusión de dicha película en el festival y especialmente su presentación como obra de apertura, desató polémica en ciertos círculos de la colectividad judía. Mientras Israel lidia con lo que puede parecer a menudo una verdadera campaña en su contra, no siempre motivada por el sincero deseo del libre debate sino de un constante intento de elementos hostiles de quitarle legitimidad a la lucha por su autodefensa, había quienes consideraban que esa película estaba de más, que no debía ser parte del programa, porque daría gratuitamente “materia prima” a los enemigos.
Sin embargo, aunque ese argumento es legítimo y la preocupación que le motiva es sincera y fundamentada, quisiéramos detenernos aquí justamente en el argumento contrario, que a nuestro criterio, es una señal de la grandeza de Israel.
Israel es una sociedad multifacética, multicultural, un país donde las discrepancias y discusiones son cosa de todos los días. No es bueno discutir a gritos y menos que menos si no se escucha al adversario. Pero sì es señal de madurez mental y de altura , de profundo contenido y de gran democracia, cuando la discusión significa permitir que se hagan oir opiniones variadas y contradictorias.
Es bueno cuando aunque se critique a la crítica, se la permite.
El Cónsul de Israel en Uruguay, Yosef Levi-Sfari, quien fue invitado a pronunciar unas palabas en la apertura del festival, dijo acertadamente: “Israel no le teme a las críticas. La sociedad israelí goza de un elevado nivel de apertura, libertad y estabilidad, que le permiten practicar una autocrítica constructiva permanente, y enfrentarse con la realidad y sus complejidades”.
Y agregó, antes de ser proyectada “The lemon tree”: “La película que verán a continuación es prueba de ello. El Gobierno israelí entiende que la fuerza de Israel como Estado y como pueblo no radican en el ocultamiento y la negación, sino precisamente en la divulgación, la apertura y la introspección descarnada y constante”.
Cuando se informa en los medios internacionales sobre abusos cometidos supuestamente por soldados israelíes, por ejemplo durante la guerra en Gaza-y hubo noticias al respecto también de fuentes en el propio Israel- tenemos dos convicciones claras. En primer término, que no se puede descartar que eso haya sucedido, ya que en toda sociedad , también en la israelí, ese tipo de comportamientos indebidos y condenables, pueden ocurrir en la dinámica de guerra. La segunda, es que no se trata de política oficial ni de orden alguna de los comandantes, de actuar indebidamente contra gente inocente.
Inclusive si el nivel moral de las Fuerzas de Defensa de Israel es mucho más elevado que el registrado en otros ejércitos en tiempos de guerra, errores puede haber y cabe suponer que siempre los hubo. Sería propio de cuentos de hadas suponer que eso nunca puede suceder en Israel. Eso no significa que se deba tomar a la ligera el tema porque “puede pasar”. En absoluto. Debe ser investigado seriamente y aquellos que en efecto incurran en esas actitudes condenables, deben pagar por ello con todo el rigor de la ley.
Pero no menos clave es recordar, cuando se habla de Israel, que junto al hecho que también tiene fallas, está el hecho que su sociedad ha desarrollado mecanismos sanos de control.Por eso los propios palestinos saben que pueden apelar ante la Suprema Corte de Justicia de Israel. En más de una oportunidad, a raíz de esas apelaciones-por ejemplo-se ordenó al Ministerio de Defensa derribar partes de la barrera (muro) separatoria en Cisjordania y construirlas en recorridos alternativos para equilibrar mejor entre las necesidades de seguridad del Estado y la vida diaria de los palestinos afectados..
Existen organizaciones de Derechos humanos y entidades diversas que controlan y analizan, que toman el pulso diariamente al comportamiento de las autoridades. Esa es una sociedad sana, que no pierde la cordura ni el norte, a pesar de su compleja situación de seguridad.
También de eso habló el Cònsul Yosef Levi-Sfari.
“Israel es un país que convive hoy por hoy con un conflicto. Por tanto, y hasta que llegue la anhelada solución, nos enfrentamos con situaciones difíciles y complejas, por momento kafkianas, que hubiésemos preferido no conocer. Buscamos permanentemente la mejor manera de solucionar dichas problemáticas, aun sabiendo que no estamos exentos de errores. Pero lo cierto es que la búsqueda de soluciones, la introspección, la autocrítica y el aprendizaje posteriores, se harán sin excepción a plena luz del día”.
Lo que deseamos hacer aquí no es una apología de la película de Eran Riklis sino de la sana esencia de Israel. Por eso, es importante recordar que a pesar de que expone con tono crìtico los temas antes mencionados, fue producido con el apoyo del Fondo Cinematográfico del Estado de Israel.