Todos los años, un día antes de celebrar su aniversario de independencia, Israel recuerda sus caídos en las guerras y en los atentados terroristas.. Resulta en general chocante lo "pegado" de ambos días, pero no se trata por cierto de algo casual: el mensaje es destacar que la independencia fue lograda y que la soberanía se mantiene, defendiendo a Israel, lo cual cobra víctimas. Así ha sido desde la creación misma de Israel, debido a la hostilidad de sus vecinos.

Cada año, se suman familias de duelo. Lo mismo ha pasado en el transcurso del último año. El reciente agregado a la trágica lista, es el nombre de Eliraz Peretz (31), vice comandante de un batallón de la unidad Golani, que murió a fin de marzo en un enfrentamiento con terroristas en la frontera con la Franja de Gaza.

En su familia, la tragedia es doble, ya que años atrás, cayó su hermano mayor en un choque con Hizbala en territorio libanés. Este lunes, al conmemorarse el día recordatorio a los caídos, los Peretz son un nuevo símbolo.

Conversamos con Miriam Peretz, la madre, que este día de recuerdo, tendrá dos tumbas para visitar.
Este es un resumen de sus declaraciones.


P: Miriam, dentro de pocos días Israel recuerda a sus caídos y un día después, sin tiempo para respirar, festeja un nuevo aniversario de su independencia. Siempre me pregunté si acaso las familias que perdieron a sus seres queridos en el campo de batalla o en atentados terroristas, logran celebrar el día de la Independencia., Iom Haatzmaut.
R: Cuando yo era una jovencita, Iom Haatzmaut era un día sumamente feliz. Mi mamá nos vestía con ropas de fiesta, nos sacaba a participar de los festejos en las calles, a los cantos y bailes y a disfrutar de la alegría que se sentía por todos lados. Desde el día en que cayó Uriel, apenas comienza Iom Haatzmaut, cierro la puerta, bajo las persianas y no estoy dispuesta a participar en ninguno de los festejos de afuera. Tengo miedo especialmente a los fuegos artificiales, porque me recuerdan la explosión en la que murió Uriel.
Iom Haatzmaut es para mi, de hecho, un largo día de recuerdo. Pero hay una cosa que sí alcanzo a hacer: decirle a mis hijos que salgan, que disfruten. Y así lo hacen. Yo me quedo en casa. En los últimos años, en Iom Hazikaron, una pareja de amigos me llevan con ellos a algún lugar de Israel en el que se está construyendo algo. Y me llevan a todo tipo de sitios que nunca había visto.Y cuando veo un nuevo poblado, algo nuevo, me digo en mi corazón: "Sé cuál es el precio: mi hijo y todos los demás hijos que cayeron". Ese es el precio que se paga para que se pueda construir en Israel. Este año creo que no sólo bajaré las persianas, sino que no sabré en qué día vivo.

P: Los días, recordemos, son meros simbolismos de situaciones que existen siempre..
R: Por supuesto. ¿Qué quiere decir Iom Hazikaron, el día del recuerdo? Todo el año es un largo día de recuerdo..La diferencia es que en Iom Hazikaron, permitimos que todo el pueblo participe de nuestro dolor. Para mí, es un día en el que el dolor nos une a todos.

P: El pueblo de Israel participa, sin duda.¿Eso ayuda a las familias que están realmente de duelo a lidiar con su propio dolor?
R: El hecho que el pueblo todo participa, facilita. Es algo similar a lo que está pasando ahora en casa, desde que cayó Eliraz: llegan a visitarnos, a darnos su pésame, israelíes de todo el país, gente a la que no conocemos. Y eso ayuda, claro que ayuda. Porque nos da un momento precioso de unidad, que no siempre tenemos en nuestro país donde hay tantas discusiones. Necesitamos momentos de unidad, aunque no todos son de alegría. Identificarnos con el dolor del otro, también es importante.
P: Pero el dolor personal es demasiado grande para usted como para poder festejar, a pesar de todo, el aniversario de la independencia ¿verdad?
R: Por supuesto. Y quisiera decirte que no tengo ni una mínima duda acerca de por qué cayeron mis hijos. En casa decimos: era su turno. Pero el dolor es el dolor de la falta, el dolor porque no están. Este niño, Uriel, que no lo veré construyendo su hogar y concretando sus sueños . Y con Eliraz, me duele el dolor de sus hijos .No puedo ver los ojos de sus niños y me pregunto: Dios ¿cómo puedes mirar eso? ¿Cómo puedes aguantarlo?

P: Ustedes son una familia religiosa. ¿No está enojada con Dios?
R: Claro que si. Estoy muy enojada. Le hago preguntas. Soy una persona creyente. Pero le pregunto qué quiere del mundo.¿Quieres gente buena en el mundo? ¡Tenías a Eliraz! ¿Quieres que la gente no sólo sea buena sino que transmita sus buenas cualidades? ¡Estaba Eliraz! Yo dije que yo tenía un pacto con Dios, que no me vuelve a tocar. Se me fue Uriel, luego mi esposo Eliezer que falleció hace cinco años porque no podía más.Y mi pacto era que a mi no me toca más. Por eso tengo serias preguntas. ¿Cuál es el objetivo de que haya una madre que sepulta a dos de sus hijos? Le digo que si tiene alguna cuenta conmigo, que me la cobre a mi, no a través de mis hijos...

P: ¿Dios no la escuchó?
R: Hay preguntas pero sé que no hay respuestas claras. Lo que se hizo, no se puede explicar, nunca lo entenderé. Y ya hoy puedo decir con dolor, que mi fe no desaparecerá, para nada. Mi enojo tiene la forma de un grito que Dios tiene que escuchar. Pero el hecho es que después que Uriel cayó, tuvimos que levantarnos, se casó Eliraz y nacieron nietos. Luego de fallecer mi esposo Eliezer, se casó nuestra hija. Dios sí nos dio consuelo en otras cosas, al traer esos matrimonios y al traer a los nietos. No es la única fuente , pero sí la más grande, la mayor fuente en la que puedo hallar consuelo.
Estoy en mi país. Pero, qué podemos hacer, es un país en lucha constante, no tiene un momento de descanso. Y mientras esto dure, se pagará un precio , habrá sacrificios.
P: Usted lo entiende. ¿Pero diría que lo acepta?
R: No, no es eso. No hay aquí ni una madre, nadie, que pueda educar a la guerra. Te cuento que cuando alguien iba a visitar a Eliraz y a su familia, la gente sabía que tenía prohibido regalar a los chicos juguetes de armas. El no los educaba para la guerra sino que enseñaba que hay que actuar en forma pura. Al mismo tiempo les enseñaba que hay que saber defenderse. No me arrepiento de haber venido aquí. Estoy feliz en mi país, de haber cumplido el sueño. Me siento tan orgullosa cuando recorro el país, amo tanto esta tierra, pero también sé que al pisar esta tierra hay un precio para mantenerla.

P: Pero en medio del dolor, se vive...
R: Se vive, por supuesto que se vive. Después del gran dolor que me provocó la caída de Uriel, seguí adelante.
P: La vida es más fuerte que todo..
R: Claro que si. La gran pregunta es qué sentido uno da a la vida. Y desde el momento que cayó Uriel, yo juré que no olvidaría que cada momento es precioso, que hay que hacer algo significativo, que hay que hacer algo productivo, dar, entregar. Yo creo que entregarse no es morir por esta tierra, sino seguir adelante a pesar del dolor.
P: ¿Y la paz? ¿Va a llegar?
R: Dios nos guarde si perdemos la esperanza. Es algo , como educadora y como madre, que no puedo permitir que se pierda. Te cuento que tengo en casa dos piedras. Una me la trajeron de la roca sobre la que murió Uriel. Es una piedra negra , ennegrecida por el incendio provocado por la explosión. Unos años después, en la segunda guerra en el Líbano, Eliraz estuvo allí y recibió un permiso especial para llegar al lugar donde había caído su hermano. Me trajo de allí una piedra, pero blanca. Me dijo: "Mamá, te pido que pongas la piedra de Uriel en un costado, guardala en una caja, y que tengas ahora ésta, blanca, porque llovió, salió el sol, crecieron las plantas y el mundo siguió su marcha. Trata de apegarte a la piedra blanca".Le pregunté cómo puedo olvidarme de aquel incendio y él me respondió: "Mamá, mira bien la piedra. Verás que está llena adentro de muchas grietas provocadas por el fuego. Están allí, pero por afuera, es blanca". Y yo vi en eso un gran significado. El pueblo de Israel sigue luchando, pero siempre guarda la esperanza.