Ganó el Oscar (cine), el Emmy (televisión) y el Tony (teatro) al mejor actor. Su mirada es capaz de helar y enternecer corazones según convenga, y de su calma tensa nacen brotes de rabia e intensidad en sus interpretaciones más brillantes.
Sus películas hablan por él, pero pocos conocen al verdadero Alfredo James Pacino.
"Toda mi vida he luchado por proteger a mi familia". Es una frase de Michael Corleone ("The Godfather"), el personaje por el que siempre será recordado. Pero bien podría haber sido dicha por el propio actor, celoso de su privacidad hasta límites insospechados.
Por eso llamó la atención que dejase entrever algún sentimiento en una reciente entrevista en el programa "60 Minutes", del canal CBS. Pacino, a la pregunta de por qué nunca se ha casado, contestó: "No lo sé. Tal vez lo haga algún día. Soy joven aún para casarme. Sí te puedo decir que debí hacerlo un par de veces. Aún hay esperanza".
Al intérprete, que ha mantenido relaciones con Diane Keaton (su compañera de reparto en "The Godfather"), Beverly D'Angelo (con la que tuvo gemelos en 2001) y Jan Tarrant (con la que tuvo una hija en 1989), se le asocia ahora con la argentina Lucila Solá, 37 años menor que él.
La carrera de Pacino se extiende por cuatro décadas en las que ha filmado unas 40 películas y por las que ha conseguido ocho candidaturas a los Oscar.
Pacino le debe su carrera a Francis Ford Coppola, el director de "The Godfather", quien se fijó en el actor -por entonces un completo desconocido- para protagonizar la que sería una de las películas más famosas del celuloide a pesar de las reticencias iniciales de los estudios Paramount.
Hasta entonces Pacino, criado al sur del Bronx por su madre soltera y su abuelo, había abandonado los estudios a los 16 años y se ganaba la vida con las propinas de algunas pequeñas obras de teatro. Y abusaba del alcohol.
"Formaba parte de mi vida. Como decía Laurence Olivier, 'el trago de después de la obra era lo mejor del día'. Lo hacía en exceso", admitió el actor, que sin embargo lleva 30 años sin dar un sorbo.
Después ingresó en el Actor's Studio de Manhattan, donde se establecería como uno de los representantes del "método" (que apostaba por que el actor se convirtiera en el personaje).
En los últimos años se embarcó en una serie de trabajos con la firme intención de conseguir financiación para sus proyectos personales, más relacionados con su pasión por Shakespeare y el teatro.
Fuente: EFE
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