Tanto israelíes como palestinos pierden si ganan tiempo.

El Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu se manifestó muy satisfecho con el discurso del Presidente norteamericano Barack Obama en la ONU, afirmando que su mensaje central fue que israelíes y palestinos deben “empezar a moverse” y volver a negociar. Un día después de la extraña cumbre entre ambos y el Presidente palestino Mahmud Abbas, Netanyahu siente que se volverá pronto a la mesa de conversaciones.

26.09.2009 16:41

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El rol del Presidente Obama es clave. Indudablemente, cada una de las partes puede tener motivos para “temer” sus presiones, pero en el estancamiento actual, sin la intervención norteamericana que “insista” en una pronta vuelta a negociar, no parece que nada se vaya a mover demasiado. Y eso es responsabilidad de ambas partes. No sólo de los palestinos y no sólo de Israel.

Es cierto que el proceso actual está congelado, debido a la negativa palestina a volver a negociar hasta que Israel se comprometa a congelar toda construcción en los asentamientos. Netanyahu quería sentarse a dialogar pero la Autoridad Palestina optó por poner condiciones , al parecer alentada por el discurso que el Presidente Obama pronunció en El Cairo en junio último, que el mundo árabe interpretó como indicio de que Estados Unidos presionará e Israel simplemente tendrá que decir “me rindo”.

Los palestinos cometieron, con esta actitud, un grave error. De negociaciones serias y exitosas, serían los primeros en ganar : un estado independiente. De otra negativa no sacarán nada en limpio.

Pero también Israel debe cambiar su enfoque. Es evidente que debe haber cambios en el terreno, más allá del alivio de las restricciones impuestas al movimiento palestino en Cisjordania, que fue elogiado por Obama. En la postura respecto a los asentamientos, que Netanyahu rehusa por ahora comprometerse a congelar ni siquiera parcialmente, es una seria complicación en el camino.

Especialmente preocupante resultó la reciente declaración del ministro de Defensa Ehud Barak al periódico “Yediot Ajronot”,diciendo que “no será evacuado ninguno de los ´maajazim´(puestos no autorizados) hasta que no se vuelva a negociar”. Ese desalojo no debe estar vinculado en absoluto a las negociaciones con los palestinos, ya que se trata de puestos erigidos sin permiso de las autoridades, por lo cual su evacuación es una promesa hecha no sólo a Washington sino a la propia ciudadanía israelí.

Obama tiene claro que Netanyahu no se retirará a las fronteras de 1967, tanto por ideología como por seguridad. Pero no es eso lo que le está pidiendo.Ni siquiera habla ya de “congelar”-lo cual ha preocupado ayer a los palestinos- sino de “contener”, o sea moderar la construcción en los asentamientos.

Claro está que Israel , como estado soberano, puede discrepar con Estados Unidos y no debe decir “amén” a todas sus exigencias ni mucho menos. Pero el gobierno deberá decidir con qué presiones lidiará mejor: las de los habitantes de los asentamientos, cuya existencia misma es polémica en la sociedad israelí , o las de la administración Obama, cuyo apoyo es esencial también en el proceso de paz.

Hay legítimas dudas en Israel respecto al rol que está jugando Obama, ya que se teme que no comprenda suficientemente la mentalidad de Medio Oriente y que con ello corra el riesgo de que su intento de acercamiento sea interpretado como debilidad, no como equilibrio. El hecho es que por ahora, no ha logrado cambio estratégico alguno.

Al mismo tiempo, es importante recordar que el Presidente de Estados Unidos dijo explícita y públicamente que el mundo árabe debe dar pasos de acercamiento a Israel. Su mensaje en este sentido es claro: debe terminar el enfoque árabe según el cual Israel primero debe ceder a todo lo que le exigen y luego ellos se dignarán a mirarle la cara.

Obama tiene mensajes inequívocos para ambas partes. En la ONU , aclaró que Estados Unidos no le estaría haciendo ningún favor a Israel, si no conectara el compromiso norteamericano para con su seguridad,con la exigencia de que respete los derechos legítimos de los palestinos. Y de inmediato agregó que nadie hará un favor a los palestinos si no deja en claro que la incitación anti israelí debe terminar y que se debe reconocer el legítimo derecho de Israel a vivir en paz y seguridad.

Israel y los palestinos tienen motivos para alegrarse con algunas de las posiciones de Obama y para preocuparse por otras. Lo central es que ellos mismos, más allá de mutuas acusaciones, actúen convencidos de que todo tiempo que pase sin negociar e intentar llegar a un acuerdo que realmente conduzca a la paz (no un papel sin valor, sino una paz en serio, que garantice seguridad), es tiempo perdido.

Abbas podrá intentar “ganar tiempo” aclarando que debe esperar compromisos de Netanyahu respecto a los asentamientos y mientras,él no mueve un dedo. Netanyahu puede sentir que “gana tiempo” mientras no declara siquiera una “moratoria” de unos meses en los asentamientos y evita así choques con su propia coalición.

Pero en definitiva, ambas partes estarán perdiendo tiempo. Obama y su gente seguirá viviendo allí, lejos, en Estados Unidos, pero los que necesitan llegar a un entendimiento que asegure su futuro, son los israelíes y los palestinos, dramáticamente destinados a ser vecinos. Aunque no les guste.