Contenido creado por Gerardo Carrasco
Mujer

Culpa de todos

“Nadie es puta por elección”: el testimonio de Sonia Sánchez, sobreviviente a esa “esclavitud envuelta en silencio”

“Nadie es puta por elección”: Sonia Sánchez, una mujer argentina que logró salir de ese infierno y cuestiona el concepto de “trabajadora sexual”.

16.10.2015 15:53

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2015-10-16T15:53:00-03:00
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Montevideo Portal

Así se expresa Sonia Sánchez, una ex prostituta argentina de 51 años, en entrevista con el periódico barcelonés La Vanguardia. Sánchez es autora del libro Ninguna mujer nace para puta, y se encuentra actualmente en España para participar en las Jornadas Internacionales sobre Prostitución y Trata de Mujeres.

Sonia nació en la provincia de Chaco y a los 17 años viajó a Buenos Aires para trabajar como empleada doméstica. Su rebeldía ante un sueldo misérrimo la dejó en la calle. En su relato recuerda lo que le sucedió después en la plaza Once de la capital argentina y en el sur del país, cómo sobrevivió y sobre todo, usa su voz potente para retratar con crudeza lo que no es un trabajo, sino un campo de concentración. De una tortura de la que toda la sociedad es cómplice. Por ello ha hecho de su dura experiencia un activismo comprometido para intentar abolir la prostitución.

"Antes de ser la puta de todos de la plaza Once, fui hija, hermana, estudiante, adolescente", explica. Lo fue hasta que un hombre se topó con ella, cuando hacía meses que vivía en la calle, sin dinero, con frío y miedo. Sonia fue explotada durante seis años, y desde hace muchos más, desde que tuvo la fuerza para mirarse a sí misma, ha decidido luchar para intentar acabar con un problema enquistado, tolerado, en el que los estados -subraya- son los primeros en violar los derechos de las mujeres. "Por acción u omisión, gobernantes, senadores, la Iglesia, policías, las agencias internacionales... toda la sociedad es cómplice. Hay una gran industria con nuestras vaginas", subraya.

Ella habla claro para que todo quede claro y pide poner cara a estos hombres prostituyentes. "Están en nuestras casas, en los trabajos, son nuestros compañeros, nuestros hermanos. Donde hay un prostíbulo hay complicidad política y policial, llega dinero para el ayuntamiento. Hay complicidad entre estos hombres, el proxeneta y la trata de mujeres. Y miles de mujeres son traficadas cada año desde las zonas pobres. Niñas de 16 años que a los 21 ya son tachadas de viejas. Chicas de 16 años prostituidas 30 veces al día, una gran industria".

Sonia considera que para luchar contra la prostitución hay que hacer entender a todos que sólo es violencia. "Los hombres que van de putas no compran sexo, sino que practican la violencia. Dejen de hacerlo y no habrá prostitutas".

Por ello, su activismo feminista se centra en la docencia y la prevención, no sólo de los jóvenes, sino de todos los colectivos. "Trabajo en las escuelas, en la universidad, y también con políticos, policías, jueces y juezas para que sepan ver lo que significa la prostitución, que es esclavitud envuelta en silencio", señala.

¿Y cómo pudo ella romper estas cadenas? Un día la golpearon brutalmente, llegó la policía, el varón se fue tranquilamente y a ella la detuvieron. En Argentina la prostitución está prohibida -al menos en el papel- y no era la primera vez que algo así le pasaba. Al regresar a casa lloró muchísimo y se vio a sí misma por primera vez distinta en el espejo. "Ya no me mentí más, ya no me dije que era una ‘trabajadora sexual’ porque libremente quería, que era libre porque fijaba mis precios y mi vida. No era verdad, no es verdad".

Hizo el camino de salida sola. El tiempo para recuperar su cuerpo y reconocerlo. Acariciarlo, abrazarse y quererse. El proceso para tener voz propia y finalmente salir del lugar de la víctima. No quería sólo transmitir dolor sino interpelar a la sociedad, hacerla reflexionar de por qué al igual que ella millones de mujeres son prostituidas con el consentimiento de todos. Quiere discutir sobre los privilegios del hombre en una sociedad patriarcal y proxeneta, plantear dónde va todo este dinero. Y considera que se deben restituir los derechos económicos, sociales, culturales de todas las mujeres que han pasado por esto.

"No hay que hablar de trabajadoras sexuales, porque nadie elige serlo libremente", afirma, y agrega: "El dinero de los organismos internacionales para restituir los derechos de estas mujeres, sino para sostenernos como putas".

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