El servicio de robotaxis de Tesla acumula 14 accidentes en Austin, Texas, desde su lanzamiento en junio pasado, según reportes presentados ante la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA). Cinco de esos incidentes se registraron recientemente —cuatro en enero y uno en diciembre—, de acuerdo con información difundida por el medio especializado Electrek.
Los vehículos involucrados son unidades del Model Y adaptadas para operar como taxis autónomos. Los reportes describen colisiones a baja velocidad: contra un objeto fijo a 27 km/h, contra un camión pesado a 6,5 km/h y varios incidentes durante maniobras de reversa, incluyendo impactos a 3 km/h y 1,6 km/h contra objetos estáticos. También se notificó una colisión con un autobús mientras el robotaxi estaba detenido.
Hasta el momento no se han reportado víctimas fatales ni lesiones graves en los episodios recientes. Sin embargo, Tesla actualizó la clasificación de un accidente ocurrido en julio de 2025, que pasó de “solo daños materiales” a “leve con hospitalización”, lo que podría intensificar el escrutinio regulatorio.
Tasa de accidentes y debate regulatorio
De acuerdo con los cálculos de Electrek, basados en el propio informe de seguridad vehicular de la compañía, la tasa de accidentes del servicio sería casi cuatro veces superior a la del conductor promedio en Estados Unidos. Aunque el número absoluto de incidentes sigue siendo limitado, el dato adquiere relevancia por tratarse de un sistema que se presenta como alternativa más segura que la conducción humana.
El 22 de enero, el director ejecutivo de Tesla, Elon Musk, anunció que la empresa comenzó a ofrecer viajes sin conductor de seguridad al volante en Austin, una decisión que coincidió temporalmente con la notificación de los nuevos accidentes.
Implicancias para el sector y América Latina
El desempeño del programa piloto en Texas es observado de cerca por reguladores y competidores en todo el mundo. La evolución del marco normativo estadounidense suele marcar tendencia en otras jurisdicciones, incluidas varias economías latinoamericanas que evalúan proyectos de movilidad autónoma en ciudades congestionadas como Ciudad de México, São Paulo o Santiago.
Un eventual endurecimiento de las exigencias técnicas o de los protocolos de seguridad en Estados Unidos podría retrasar la expansión internacional de estos servicios o encarecer su implementación. Por el contrario, si la tecnología logra estabilizar sus indicadores de seguridad, podría acelerar la llegada de modelos similares a mercados emergentes.