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Hablemos de Cusco

Revivimos la impactante visita a la cuna del Imperio Incaico con el nuevo Jeep Cherokee

Con este capítulo de Jeep Experience, llegamos a Cusco para conocer el modelo y respirar el aire de la civilización más avanzadas de la historia universal

05.07.2018 14:02

Lectura: 7'

2018-07-05T14:02:00-03:00
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El pasado mes de junio, la nueva organización latinoamericana de FCA llevó a tierras incaicas la presentación para América del Sur del nuevo Jeep Cherokee. Como ya dijimos en el informe correspondiente, aunque técnicamente se trata de un restyling con modificaciones sobre la versión precedente, en verdad presenta cambios importantes en todos los aspectos, tanto estéticos como tecnológicos, con lo cual el modelo parece un producto completamente nuevo.

Pero ahora es momento de repasar lo que pudimos ver a bordo del nuevo Jeep Cherokee, como parte de esta nueva edición de lo que la marca define como Jeep Experience y consiste justamente en la gran aventura que viene asociada con cada lanzamiento.

Cusco

La ciudad de Cusco fue capital del imperio Inca o Tahuantisuyo, y está ubicada en un punto estratégico pues desde allí partía una vasta red de caminos que se dirigían hacia los cuatro Suyos o Regiones que conformaban las cuatro partes del universo, según las cosmovisión andina. Considerada como la Ciudad de los Dioses por parte de los Incas, a mediados del siglo XIII ya era la capital de Imperio.

Pero la historia habla de una antigüedad de casi 3000 años, pues hay fuertes indicios de habitantes anteriores a los Incas, tales como los de Marcavalle, Huaura y Chanapata (1000 AC) o los establecimientos Tiahuanaco - Wari (750 DC), que ejercieron una influencia muy marcada en la región.

Al llegar, la primera visión de la Plaza de Armas, con su gran Catedral del Cusco o Basílica de la Virgen de la Asunción, ubicada en el centro del casco antiguo de la ciudad, alcanza para remover las emociones imaginando la historia de nuestra América acumulada en ese lugar. Pero por cierto, si bien se conservan algunos murallones de piedra hechos por los Incas, la influencia de la conquista tiene mucha presencia y por todos lados se encuentran iglesias y construcciones levantadas por los invasores españoles.

Entre las pocas riquezas que quedan y aún se conservan, dentro de la Catedral se pueden ver algunas literas utilizadas para las procesiones, cubiertas de oro. Las que por cierto, no se pueden fotografiar.

El punto de partida para el recorrido por la región, comenzó frente a las ruinas de la Fortaleza de Sacsayhuamán. Desde allí, las Cherokee nos llevaron hasta el primer contacto con el Valle Sagrado de los Incas, visto desde el Mirador de Taray, una enorme extensión en medio de las montañas, sumamente fértil y vital para la economía y subsistencia del Imperio, que tenía una base muy fuerte en la agricultura.

Pisaq

Tras casi una hora de viaje desde Cusco por rutas de asfalto, llegamos a Pisaq, un poblado situado a casi 3.000 mts de altura y que entre sus atractivos ofrece un conjunto arqueológico compuesto esencialmente por las terrazas que levantaban los Incas en las montañas para poder cultivar, y un gran mercado de artesanías hechas por los propios pobladores con una gran variedad de productos y un colorido realmente fascinante.

En la antigua iglesia de Pisaq, que muestra en su construcción la mezcla de ambas culturas con las paredes mitad de piedra y mitad de adobe, se celebra la misa en quechua con la presencia de Varayocs de las comunidades más altas (Motupa, Saccaca, Viacha, etc) con sus atuendos típicos y el Cetro de Mando o "Vara" (de ahí el nombre Varayocs).

Establecimiento Sarapampa

El siguiente punto fuerte de la Jeep Experience, lo marcó la llegada a la Hacienda Sarapampa, un establecimiento agrícola en el que se produce el maíz gigante de Cusco. Ya en su tercera generación, sus propietarios mantienen además un pequeño museo donde se conservan algunas mazorcas de las que producían los Incas. Vale destacar entonces que en su momento, increíblemente lograron realizar las primeras manipulaciones genéticas para obtener el maíz gigante, con el que lograban un mejor rendimiento del producto.

En las fotos se puede ver el tamaño del grano, que hoy se comercializa y exporta sobre todo para la fabricación de snacks. La hacienda, situada en pleno Valle Sagrado de los Incas, además de agasajarnos con un exquisito almuerzo en base a platos típicos, nos permitió disfrutar de una danza llamada Marinera Peruana, integrada por una bailarina y un jinete a caballo. También conocimos la cocción llamada Pachamanca, con un sistema de piedras calientes que cocinan los alimentos bajo tierra, y un ritual de Pago a la Tierra, realizado por un chamán Inca en agradecimiento a los elementos de la naturaleza.

Salinas de Maras

Después de un largo trayecto offroad, con las Cherokee trepando por caminos de montaña hasta alcanzar los 3.700 de altitud sobre el nivel del mar, arribamos a uno de los paisajes más impactantes que se podría esperar. Las Salinas de Maras es una extensión que la vista no alcanza a abarcar en su conjunto, y consiste en una enorme construcción realizada por los Incas para la producción de sal, con una obra de ingeniería realmente impactante.

Es una serie de piletas hechas en piedra, alimentadas por agua volcánica, salada y tibia, que llega y se distribuye mediante un sistema de acueductos, que se abren y cierran en función de la necesidad. El funcionamiento es muy simple: cada pileta aloja un nivel de unos 5 cm de agua, que con el correr de los días, se va evaporando, dejando el sedimento sólido de la sal. Luego los operarios la recogen y embolsan, para su posterior envasado y distribución. Según indican los guías, se trata de un producto de altísima calidad, que Perú exporta a distintos mercados del mundo.

La gente

Sin dudas que si bien Cusco y su entorno son lugares que provocan una gran emoción por su riqueza histórica, el componente que marca la diferencia es su gente. Los peruanos en general pero los de esa zona en particular, desbordan corrección y amabilidad. A pesar de ser una zona turística muy concurrida con visitantes que llegan de todas partes del mundo y estar preparados para ello, aún por fuera de ese entorno siempre ofrecen una sonrisa y mucha cordialidad.

Por aquellos días además se preparaban las celebraciones por el año nuevo de los Incas, que comenzó con el equinoccio de invierno. La imagen de tantos jóvenes y niños muy pequeños, ensayando las danzas típicas en la Plaza de Armas, desbordando alegría y disfrute, sin dudas que marcó un componente adicional a nuestro pasaje por Cusco.

No es sencillo describir en palabras las sensaciones vividas durante esa estadía. El contacto con los herederos directos de la antigua Civilización Incaica, con su modesta sencillez, en un entorno fantástico de increíble belleza, con una riqueza histórica monumental, producen una emoción enorme que en cierta forma se contrapone con el dolor de la destrucción llevada a cabo por la conquista española. Cultura ésta de la que en definitiva, casi todos somos descendientes, claro.

Pero que de todos modos, es importante destacar y vale la pena rescatar, porque es un riquísimo legado de nuestra americanidad, y que lamentablemente, no todos los americanos conocen y tienen en cuenta. Y que gracias a esta instancia de la Jeep Experience, algunos pocos tuvimos la buena fortuna de respirar.

Luis Piedra Cueva - Viaje por invitación de Sevel Uruguay