Una startup finlandesa asegura haber desarrollado una batería de estado sólido capaz de cambiar el rumbo de la industria de los vehículos eléctricos, aunque el anuncio ha sido recibido con escepticismo por parte de fabricantes y expertos del sector.
El desarrollo se enmarca en una transición tecnológica que lleva décadas en marcha. Aunque los vehículos eléctricos han sido promovidos por sus ventajas frente a los combustibles fósiles —incluida una menor exposición a la volatilidad del precio del petróleo—, durante años han enfrentado críticas por su costo, limitaciones de autonomía y tiempos de recarga.
Gran parte de esos cuestionamientos se concentran en la tecnología de baterías. A pesar de sucesivas innovaciones, ninguna ha logrado todavía una adopción masiva sin reservas. En ese contexto surge Donut Lab, una empresa finlandesa que afirma haber creado la primera batería de estado sólido lista para producción en serie.
Presentada en el CES 2026 de Las Vegas, la compañía sostiene que su tecnología alcanza una densidad energética de 400 Wh/kg, aproximadamente el doble que las baterías de fosfato de hierro y litio (LFP) actualmente en uso. Según sus datos, el sistema permitiría una carga completa en cinco minutos, una vida útil cercana a los 100.000 ciclos, operación estable entre -30 °C y 100 °C, y la eliminación de materiales como tierras raras, metales preciosos y electrolitos líquidos inflamables. Además, asegura que su fabricación sería más económica que la de las baterías de iones de litio convencionales.
Las afirmaciones han generado dudas en la industria, según destaca el periodista especializado Dan Neil, en un artículo publicado por The Wall Street Journal. Ejecutivos y analistas cuestionan que una startup haya logrado adelantarse a grandes actores como Toyota, Stellantis o fabricantes chinos en el desarrollo de una tecnología considerada durante años como el “santo grial” del almacenamiento energético. Desde General Motors, el vicepresidente de baterías y sostenibilidad, Kurt Kelty, advirtió que muchos anuncios “impactantes” en este campo suelen tener más componente publicitario que sustancia técnica.
Ante ese escenario, Donut Lab lanzó en febrero un sitio web donde publica resultados de pruebas independientes y documentación técnica, con el objetivo de respaldar sus afirmaciones. La empresa reconoce que la resistencia del sector podría intensificarse a medida que se presenten evidencias, dado el impacto potencial de la tecnología sobre los actores establecidos.
De confirmarse sus prestaciones, las implicancias serían significativas. En simulaciones teóricas, un vehículo eléctrico de gama media como el Tesla Model 3 podría alcanzar autonomías cercanas a las 870 millas, más del doble de los modelos actuales. En el segmento de camionetas, un modelo como la Ford F-150 Lightning podría acercarse a las 700 millas, además de reducir peso gracias a la menor necesidad de sistemas de refrigeración y a mejoras en la arquitectura eléctrica.
Más allá de este caso puntual, distintos análisis coinciden en que las baterías de estado sólido avanzan hacia su comercialización. Un informe de Vantage Market Research proyecta que el mercado global pasará de poco más de 1.000 millones de dólares en 2024 a unos 56.000 millones en 2035.
Sin embargo, otros actores también reclaman avances similares. El fabricante chino CATL, que concentra cerca del 40% del mercado global, presentó recientemente una patente de baterías de estado sólido con una densidad estimada de 500 Wh/kg y ya inició pruebas de producción a pequeña escala. En paralelo, el grupo automotor FAW anunció la integración inicial de una celda híbrida sólido-líquido con prestaciones comparables.
China aparece como un actor central en esta carrera. Empresas y centros de investigación del país concentran cerca del 44% de las patentes vinculadas a baterías de estado sólido, en un contexto de fuerte competencia interna y apoyo estatal para consolidar cadenas de suministro hacia 2030. Nuevas regulaciones previstas para este año buscarán definir estándares técnicos y categorías dentro de estas tecnologías.
En otros mercados, Toyota anunció planes para introducir baterías de estado sólido en vehículos eléctricos entre 2027 y 2028, aunque el fabricante japonés ha postergado plazos en el pasado. Por su parte, Mercedes-Benz avanza en colaboración con la estadounidense Factorial Energy: un prototipo basado en el modelo EQS alcanzó autonomías cercanas a los 1.200 kilómetros en pruebas.
Pese al entusiasmo, algunas voces llaman a la cautela. El científico chino Ouyang Minggao advirtió sobre una “mentalidad impetuosa” en el desarrollo de estas tecnologías, subrayando la diferencia entre pruebas de laboratorio y producción a gran escala. En ese sentido, destacó que las baterías LFP actuales ya ofrecen autonomías de hasta 1.000 kilómetros, costos relativamente bajos y tiempos de carga reducidos.
Fabricantes como BYD y Geely continúan perfeccionando esta tecnología, con sistemas capaces de soportar cargas de hasta 1,5 megavatios. Según BYD, algunos modelos pueden recargar del 10% al 97% en menos de diez minutos, incluso en condiciones de baja temperatura con un leve incremento en el tiempo de carga.
No obstante, la expansión de estas capacidades enfrenta limitaciones en mercados como el estadounidense, donde la infraestructura de carga rápida aún se sitúa mayoritariamente en torno a los 350 kW y la adopción de sistemas de mayor voltaje implica costos adicionales.
El contexto político también ha influido en el desarrollo del sector. Decisiones adoptadas en Estados Unidos en 2025 ralentizaron inversiones en fabricación de baterías y lanzamientos de nuevos modelos eléctricos. Aun así, la demanda muestra señales de recuperación, y fabricantes como Ford avanzan en plataformas más accesibles, apoyadas en tecnología LFP licenciada a CATL.
En este escenario, la industria mantiene expectativas moderadas. Desde General Motors señalan que, si bien las baterías de estado sólido continúan en desarrollo, es probable que otras mejoras en químicas existentes —como las basadas en litio y manganeso— lleguen antes al mercado, ofreciendo costos similares a las LFP pero con mayor densidad energética.
La evolución de estas tecnologías determinará en gran medida el ritmo de adopción de los vehículos eléctricos en los próximos años, en un mercado donde la innovación convive con el escepticismo.
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