Sin dudas que nuestra pasión y factor esencial del quehacer diario, son los automóviles, en el sentido más genérico de la palabra. A ellos dedicamos largas horas de nuestra jornada laboral, y también de las no laborables, pues permanentemente tenemos el foco en cualquier novedad que pueda surgir para publicar inmediatamente en éstas páginas.
Sin embargo ahora dedicaré unas cuantas líneas (y las imágenes correspondientes) a contarles algunos aspectos de un viaje bastante singular.
General Motors Sudamérica Oeste desplegó una voluminosa movida logística, trasladando vehículos, personal e infraestructura hacia el Perú, para el lanzamiento de uno de los productos más importantes del año para la marca, que destaca entre otras novedades que se mostrarán en el correr del 2019. (Ver nota)
La presentación de la All New Chevrolet Captiva se realizó en Paracas, una localidad esencialmente turística ubicada a unos 250 km al sur de Lima, sobre la costa del Pacífico. Ya desde ese viaje en bus, comenzaba a mostrarse la complejidad del tránsito urbano de la capital peruana, con un movimiento de vehículos extremadamente desordenado, sin demasiado respeto por las normas básicas de la circulación vehicular.
La compleja salida de Lima hizo que para completar el recorrido hacia nuestro lugar de destino, se consumieran casi cinco horas de viaje, en un tramo que como decía, ronda alrededor de 250 km.
Una vez en carretera abierta, por cierto una autopista de muy buena calidad, el paisaje rápidamente muestra la imponente aridez de la zona. Mirando hacia la costa, bien matizado por el azul intenso y las olas con espuma muy blanca del océano Pacífico, que por momentos dibuja algunos acantilados, y por otros, enormes extensiones de playas, permanentemente sembradas por pequeñas construcciones cuadradas y muy precarias, cuya utilidad no pude descubrir.
Pero hacia el continente, la infinita cadena de montañas arenosas, genera una tonalidad monótona que acompaña buena parte del camino, con tonos agrisados que se interrumpen de tanto en tanto con algún proyecto de barrio privado. Allí y casi excepcionalmente, surgen incipientes plantaciones de arbustos que luchan contra las inclemencias del clima para poder subsistir.
Ya ingresando en la región de Ica, y bastante más cerca de nuestro destino, comienzan a verse áreas de cultivos, con abundante vegetación y notoria actividad agrícola.
Paracas está muy cerca de Pisco. De hecho, la ruta se bifurca y permite elegir entre ambas poblaciones, una hacia el norte y la otra con dirección sur. La parte central del poblado de Paracas tiene un aspecto sencillo, con construcciones bajas y simples, poca vegetación en sus calles, aunque en realidad cuenta con una hotelería de altísimo nivel internacional, con estructuras de lujo.
La localidad da nombre a la gran reserva que le circunda, denominada Parque Nacional Paracas, y se trata de un área protegida con una extensión de más de 300 mil hectáreas. Gracias a ello es posible ver el color cobrizo de las laderas, puesto que la no intervención de la mano del hombre para la extracción del mineral, permite mantener el estado natural del paisaje.
La caravana compuesta por las nuevas Chevrolet Captiva transitó por los caminos del Parque, con algunas detenciones en zonas destinadas a balnearios sobre las aguas oceánicas. Lo mismo ocurrió en un par de puntos panorámicos para poder apreciar la imponencia del paisaje y otra más, para disfrutar de un magnífico almuerzo sobre la costa, con una gran infraestructura compuesta de varias carpas y mesas con un notable despliegue de gastronomía peruana.
Desde el punto de vista turístico, un lugar destacado dentro del Parque es la llamada Catedral. Se trata de una roca enorme que originalmente estaba pegada al acantilado, y con el terrible terremoto que afectó a esa zona de Perú en el 2007, se apartó del continente con una distancia considerable. Hay allí una cómoda estructura para poder presenciar el fenómeno, con fotos ilustrativas que evidencian ese alejamiento.

Islas Ballestas
Este segundo paseo naturalmente se realiza en una embarcación, que completa la totalidad del recorrido en casi tres horas de navegación. Evidentemente es una de las atracciones más importantes de la zona, en función del intenso tráfico marítimo con este tipo de lanchas especiales, muy potentes y modernas, con capacidad para alrededor de 20 pasajeros.
El primer punto de observación se produce aún dentro de la bahía. Se trata del denominado Candelabro y que se aprecia en todo su esplendor, únicamente desde el mar. Es una enorme formación grabada en bajo relieve sobre la ladera de una montaña costera, perfectamente dibujada, y con origen completamente desconocido. Varios estudios realizados, permitieron establecer una antigüedad de varios cientos de años y si bien se manejan muchas teorías, que incluyen una opción extraterrestre en virtud también de la proximidad con las famosas Líneas de Nascar, no hay ningún tipo de información concluyente. Únicamente se pudo establecer que la profundidad del "dibujo" originalmente llegaba casi hasta un metro, y hoy presenta una notoria reducción, con algo más de medio metro. Tal vez producto del viento y los movimientos naturales de arena.

El segundo punto de observación, fue sobre las Islas, saliendo de la Bahía de Paracas hacia el océano abierto. Son formaciones rocosas, completamente áridas sin ningún rastro de vegetación, pero con una intensa vida marina. El gran protagonismo lo tienen las aves, con una amplia variedad que va desde los simpáticos pingüinos, pasando por los pelícanos y gaviotas, y completando el cuadro con los llamados Guanay, o aves guaneras.
Como si fueran una gigantesca alfombra oscura, se despliegan sobre la parte más alta de la isla y evidentemente es allí donde depositan sus excrementos, el que luego es recogido y comercializado como guano, a utilizarse en forma de fertilizante de altísima calidad. Esto se debe a que precisamente la región es muy rica en minerales, y también en la abundancia de peces, elemento esencial para la alimentación de las aves.

La recolección del guano actualmente está reglamentada por el gobierno peruano. Se permite su extracción cada siete años, y para la tarea, que se ejecuta a pico, pala y rastrillos, se requieren hombres fuertes que vienen de zonas rurales, acostumbrados al rigor de las tareas campestres bajo las inclemencias climáticas.
Hay allí alguna infraestructura muy básica para el alojamiento de esas personas, que cuentan con atuendos especiales de protección, y un equipo de personas que les asisten tales como cocineros y primeros auxilios.
Según narraciones de la guía, antiguamente los ingleses que iniciaron la comercialización del guano, traían desde Gran Bretaña a ex presidiarios y esclavos africanos para realizar esa tarea. Como la dureza del trabajo y la soledad les resultaban insoportables, terminaban por arrojarse al mar terminando así con aquellas vidas de tanto suplicio. Por lo cual, los esclavistas optaban por encadenarlos con grilletes.
De un total de 22 islas que hay en la región, las productoras de guano son solamente 11, y entre todas, cada vez que se habilita la recolección, se completa una producción de 25 mil toneladas de guano, en buena parte destinado a la exportación.
Finalmente, los lobos marinos tienen su "rancho" aparte, con su sector específico destinado a la maternidad. Y precisamente, así se le conoce. Sobre una playa muy cerrada y protegida entre las rocas, las madres paren a sus crías, mientras los machos merodean la zona, a la espera de un nuevo apareamiento, que según indicaron los guías, puede ser bastante inmediato luego de la parición. Naturalmente el aullido es ensordecedor, y la imagen de los pequeños sobre la orilla del mar, cada vez que la ola se levanta, es impactante.
Paracas es un lugar increíble, en el más amplio sentido de la palabra. Los rigores climáticos que incluyen escasez de lluvias (la última se registró a principios de marzo), vientos regulares y puntualmente muy fuertes, altas temperaturas en el día y frío en la noche, hacen que ese paisaje tenga un aspecto difícil de imaginar. Bellísimo por momentos, sobre todo cuando se combina con el azul de Pacífico, y muy duro y monótono por otros. Pero siempre, sumamente impresionante.
Pueden ver las imágenes de la completa galería fotográfica, al comienzo de esta nota.
Por cierto que la calidez de su gente, con la amabilidad y atención que les caracteriza, también hacen la diferencia y contribuyen para que el viaje a Paracas, sea realmente una bellísima experiencia.
Luis Piedra Cueva
Viaje por invitación de General Motors Uruguay
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