Volvió a estudiar a los 45, se recibió con su hija y ahora busca su lugar en el turismo
María Auxiliadora retomó el liceo, se graduó tres años después y completó Turismo en la UTU junto a su hija Estela. Ahora busca empleo.
Por Pedro Dutour
La sanducera María Auxiliadora Ruiz tenía 45 años y dos hijos cuando decidió volver a estudiar. Trabajaba de noche y hacía tiempo había dejado el liceo. La decisión llegó casi de manera casual, mientras acompañaba a su hija Estela a inscribirse para completar sus estudios en la UTU de Paysandú.
“Mi hija me dijo que había lugar para anotarse y terminar el liceo. Después, con mi hijo, me preguntaron: ‘¿Por qué no terminás, mamá? Vos trabajás de noche; tenés todo el día libre. Aprovechá y terminá’”, cuenta a Montevideo Portal.
De ese modo, acudió a hablar con la adscripta, se convenció de hacerlo, reunió la documentación necesaria y comenzó. Lo que inicialmente podía ser una forma de rematar la educación media terminó convirtiéndose en un recorrido de tres años por el Bachillerato Tecnológico en Turismo de la UTU, junto a su hija.
El año pasado ambas recibieron el certificado de egreso como auxiliares técnicas en Turismo. María tenía entonces 48 años. El título definitivo, según les habían comunicado, podía demorar uno o dos años. Sin embargo, la convocatoria llegó mucho antes de lo previsto: el 28 de julio pasado recibieron el aviso para presentarse en el Teatro Florencio Sánchez, donde finalmente recibieron sus títulos.
“Fue una alegría enorme. Nos habían dicho que iba a demorar bastante y nos sorprendieron llamándonos antes para ir a recibir el título”, relata.
De los 29 estudiantes que comenzaron el primer año, solo cuatro llegaron hasta el final. Las razones fueron diversas: trabajo, dificultades personales o la decisión de abandonar el curso. María y Estela formaron parte del pequeño grupo que completó la formación. “Lo fueron dejando por distintos motivos. Por trabajo, porque no les gustó el curso o por otras cosas. Al final quedamos cuatro”, dice la madre orgullosa por partida doble.
Madre e hija compartieron además buena parte de las exigencias académicas. Las presentaciones orales eran frecuentes y formaban parte de la formación. Estela, de 23 años, comenzó con cierta timidez, pero con el tiempo ganó soltura frente a sus compañeros y docentes.
“El primer año le costó abrirse un poco porque teníamos que hacer presentaciones orales. Después, los profesores le dijeron que había cambiado mucho, que se había abierto y que hablaba mucho mejor”, señala María.
Uno de los trabajos más importantes de la carrera se concentró en un proyecto turístico realizado durante el tercer año. Junto con Estela y otra compañera, Belén Chaparro, diseñaron una propuesta para convertir el parque Civelli —ubicado sobre ruta 3 y cercano a la ciudad de Paysandú— en un parque ecológico recreativo. El grupo obtuvo la máxima calificación.
Presumiendo los diplomas.
“Era un proyecto ficticio, pero teníamos que plantearlo como si fuera real. Nosotros tomamos el parque Civelli para hacer un parque ecológico recreativo, y salvamos con 10”, comenta.
La experiencia también incluyó viajes de fin de año, para los que los estudiantes debieron recaudar parte del dinero. La institución colaboraba con la locomoción, mientras que el grupo organizaba actividades para cubrir alojamiento y alimentación. “¿Qué no hicimos? Hicimos beneficios, venta de pollos, y hasta hice una venta de ropa en casa para recaudar. La verdad es que tuvimos unos lindos viajes de fin de año”, recuerda.
Todo en familia
La formación de María tuvo además otro componente familiar particular. Su hijo Pablo, de 21 años, también retomó sus estudios y cursó Electromecánica durante los dos últimos años. Incluso compartió algunos docentes con su madre.
“Los profesores se admiraban porque nunca les había tocado tener de alumnos a una madre y sus hijos. Mi hijo también tenía profesores que eran profesores míos”, asegura.
Para María, sin embargo, volver a estudiar no resultó ser únicamente una manera de acompañar a su hija. Había una motivación personal: mejorar su formación y abrirse una posibilidad laboral diferente. “Más que nada lo hice por mí, para superarme y poder tener algo mejor algún día”, afirma.
Actualmente trabaja en una carnicería, una actividad que no tiene relación con la formación que acaba de completar. El título modifica ahora sus posibilidades: está habilitada para comenzar a buscar oportunidades vinculadas con turismo en todo el territorio nacional.
“Ahora, con el título, ya puedo ejercer. Tengo que hacer un currículum nuevo y empezar a repartir”, dice.
En su trabajo actual encontró también respaldo para dar ese próximo paso. “Mi patrón me dijo que, si algún día le decía que me iba a dedicar a lo que estudié, él estaría feliz. La verdad que son gente muy buena y siempre me están apoyando”, asegura.
El mercado laboral vinculado al turismo en Paysandú no ofrece, por ahora, demasiadas certezas. María lo sabe, aunque prefiere mantener abierta la posibilidad de buscar oportunidades también fuera del departamento.
“Acá en Paysandú está medio bravo el tema del turismo, pero quién sabe. Si algún día alguien me dice que hay trabajo en Punta del Este, puedo ir. Ya tengo mis hijos grandes y cada uno está con su vida”, asegura mirando hacia el futuro, al que observa ahora con otra perspectiva.
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