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Al andar

Vanessa Weiss Castilho, la entrenadora que construyó su propio camino entre caballos

Nacida en la frontera y formada en Uruguay, dirige en Santana un centro ecuestre donde el entrenamiento y bienestar animal son prioritarios.

19.10.2026 17:09

Lectura: 7'

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Por Pedro Dutour
  [email protected]

Vanessa Weiss Castilho nació en Santana do Livramento, en la frontera con Rivera, pero su formación y buena parte de su historia personal están ligadas a Uruguay, donde cursó primaria, secundaria y estudios agrarios. El vínculo con los caballos, que comenzó cuando vivía en el campo, terminó por convertirse en su oficio y en el eje de un emprendimiento propio, en un ámbito en el cual las mujeres todavía deben abrirse camino. “Me crió Uruguay”, resume en declaraciones a Montevideo Portal.

Después de egresar de la Escuela Agraria de Artigas en el 2000, se dedicó por completo a los caballos. Más adelante, se recibió de licenciada en Educación Física en la Universidad de la República y, hace tres años, comenzó a estudiar Veterinaria en la Universidade da Região da Campanha (Urcamp), en Santana. Aunque reconoce que compatibilizar la formación con el trabajo no ha sido sencillo, entiende que seguir aprendiendo es una condición para avanzar. “La competencia, en lo que hagas, si estás parado, no avanzás. Ya no hay más lugar para gente que está quieta”, afirma.

Su actividad profesional se concentra en un centro de entrenamiento (Centro de Treinamento Vanessa Castilho) que montó en su ciudad natal (separada con Rivera solo por una avenida), donde trabaja con caballos de distintas razas y atiende a clientes uruguayos y brasileños. Allí organiza las tareas, define los métodos de trabajo y se ocupa directamente de montar, preparar y entrenar a los animales. Su esposo colabora con otras labores cotidianas, como la alimentación y el acondicionamiento de las camas de las caballerizas, pero la dirección técnica recae en sus manos.

“Es una miniempresa, un emprendimiento familiar. Pero soy yo la que entrena y dicta las reglas. No dependo de un tercero”, explica. En un sector en el que, según su experiencia, todavía persiste la idea de que el hombre lleva la iniciativa y la mujer acompaña, haber construido una estructura propia también le ha dado reconocimiento. Weiss Castilho se convirtió en una de las pioneras en participar en las paleteadas, una actividad ecuestre vinculada al trabajo con ganado, y sostiene que esa trayectoria contribuyó a abrirle puertas.

Más que un centro de entrenamiento

El centro mantiene una dinámica que va más allá de la preparación deportiva. Una parte de los clientes busca alojamiento para sus caballos y otra llega para entrenarlos o para aprender a montar. También recibe animales destinados a las pruebas del Freno de Oro, una competencia de la raza criolla, a los que prepara desde la base antes de que sus propietarios los lleven con otros profesionales para continuar el proceso competitivo. A eso se suman las tareas de doma y el entrenamiento de personas y animales.

Foto: Fernovi Agro.

Foto: Fernovi Agro.

“La doma es racional, según lo que permita el animal, sin causarle un trauma”, señala. El trabajo comienza por los fundamentos y avanza de manera progresiva hacia ejercicios más complejos, como los cambios de dirección, los giros sobre las patas y las tareas con ganado. Para ella, conocer al caballo y comprender sus reacciones es indispensable para decidir cómo empezar y hasta dónde avanzar. “Cuando arrancás, tenés que saber por dónde empezar. Por la base, de abajo hacia arriba. Una progresión de entrenamiento, de lo más fácil a lo más difícil”, describe.

La infraestructura responde a esa forma de entender el trabajo. Aunque define el predio como un espacio relativamente pequeño, cuenta con pistas de entrenamiento, un redondel, caballerizas con agua y sectores de recreación donde los animales pueden permanecer sueltos. La disposición del lugar, la sombra de los árboles, la alimentación y las condiciones de descanso forman parte de una organización pensada para evitar lesiones y favorecer el bienestar de los caballos. El centro trabaja actualmente con 15 animales, una cantidad inferior a la de otros períodos, pero que Weiss Castilho considera significativa por la dedicación que exige cada uno.

“Se prioriza mucho el bienestar animal”, asevera. No se trata solamente de disponer de instalaciones adecuadas, sino también de atender las necesidades de cada caballo, permitirle moverse, mantener sus vínculos con otros animales y proporcionarle una dieta equilibrada. El entrenamiento, desde esa perspectiva, no puede separarse del cuidado cotidiano.

Dos banderas

La clientela está repartida entre Uruguay y Brasil y también presenta perfiles diferentes. Hay propietarios con experiencia en el medio rural y otros que viven en la ciudad y tienen poco contacto con el campo. Para estos últimos, el centro ofrece una oportunidad de acercamiento a los caballos y de disfrute de la actividad, mientras que otros llegan con objetivos deportivos o necesidades específicas de preparación. Weiss Castilho reconoce que su servicio no es económico y que está dirigido a quienes pueden y quieren pagar por un caballo bien cuidado y entrenado.

El ingreso al establecimiento de Vanessa Castilho.

El ingreso al establecimiento de Vanessa Castilho.

La experiencia también ha despertado el interés de otras mujeres. Algunas se acercan para conocer el funcionamiento del establecimiento y otras solicitan pasantías, especialmente para observar cómo se organiza y ejecuta el trabajo en un sector en el que todavía son minoría. “La gente viene y queda encantada y dice que nunca había visto a una mujer manejarse de esa manera”, cuenta.

De cualquier modo, la construcción de ese espacio no estuvo exenta de dificultades, porque la dedicación a los caballos implica jornadas extensas, responsabilidades que no se ajustan a un horario fijo y la necesidad de resolver cuestiones familiares y laborales al mismo tiempo. A eso se suma la dificultad para encontrar personal. Por esa razón, debió suspender temporalmente las clases mientras cursa Veterinaria, una carrera que considera importante para ampliar sus conocimientos y proyectar nuevas actividades.

“Me dediqué a los caballos por amor. Si me sacan los caballos, no sé qué hacer”, dice. La frase explica por qué, pese a haberse formado también en Educación Física, nunca convirtió esa profesión en su actividad laboral principal. Aquella carrera le aportó herramientas que hoy valora, pero su vocación quedó ligada al trabajo ecuestre, al que dedica prácticamente todo el día antes de asistir a clases.

Proyectos

A los 47 años, Weiss Castilho ya piensa en una nueva etapa. Abrió dos caballerizas para atender animales que necesitan cuidados durante una recuperación, con la intervención de veterinarios responsables de los tratamientos. Aclara que todavía está en formación y que no es ella quien prescribe o administra la medicación. Su objetivo, una vez recibida, es incorporar servicios vinculados con la reproducción y profundizar en la clínica de caballos deportivos.

El centro de entrenamiento cuenta con todas las comodidades para el caballo.

El centro de entrenamiento cuenta con todas las comodidades para el caballo.

Es así que la planificación forma parte de su manera de trabajar: ordena los horarios, organiza las tareas y busca identificar qué necesita cada animal antes de avanzar con su preparación. En ese proceso, la experiencia práctica y la formación académica se complementan. “Tener el conocimiento de interpretar el problema de cada animal y saber resolverlo o intentar resolverlo”, plantea como una de las capacidades centrales de su oficio.

Desde Santana do Livramento, en una actividad en la que conviven la tradición rural, la competencia deportiva y el cuidado animal, Weiss Castilho consolidó una estructura que dirige con autonomía y mantiene abierta a distintas razas, disciplinas y perfiles de clientes. Su recorrido, entre la formación en Uruguay, el trabajo cotidiano y los estudios de Veterinaria, también refleja una decisión sostenida durante años. La de convertir su vínculo con los caballos en una profesión propia, sin limitarse al lugar que otros esperan que ocupe una mujer.

Por Pedro Dutour
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