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A caballo

Juan Pablo Álvarez, el veterinario que conquistó el Charrúa con dos caballos campeones

El jinete de Guichón fue distinguido tras obtener el Campeonato Nacional de Raid Hípico con dos caballos que terminaron primero y segundo.

14.10.2026 15:03

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Por Pedro Dutour
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El trabajo de más de dos décadas en el raid hípico tuvo un nuevo reconocimiento para Juan Pablo Álvarez, jinete guichonense que obtuvo el Premio Charrúa en la categoría deportes ecuestres-raid por su actuación durante 2025. La distinción, entregada en el Teatro Macció de San José de Mayo durante la 53ª edición de los premios organizados por el Círculo de Periodistas Deportivos del Uruguay, llegó después de una temporada en la que consiguió el Campeonato Nacional con dos caballos que terminaron en los primeros lugares de la clasificación.

La particularidad del resultado estuvo precisamente en ese doble desempeño: Buen Cristiano se consagró campeón y Pistolero obtuvo el vicecampeonato, una combinación poco frecuente en una disciplina que exige preparación física, planificación veterinaria y un trabajo sostenido durante meses. “Logramos el Campeonato Nacional por la participación con dos caballos, que a su vez salieron campeón y vicecampeón. Es algo poco frecuente que haya dos caballos con tan buen rendimiento”, explicó Álvarez a Montevideo Portal.

El premio reconoce una trayectoria que supera los veinte años de competencia y que tuvo uno de sus antecedentes destacados en 2009, cuando obtuvo un campeonato en pruebas cortas. Sin embargo, el logro de 2025 llegó en la categoría de pruebas largas, que comprende recorridos de entre 80 y 115 kilómetros y presenta exigencias diferentes a las carreras de 60 kilómetros. “Es mucho más difícil y mucho más competitivo”, subrayó el jinete, cuyos dos caballos continúan en actividad y mantienen un buen rendimiento en el calendario nacional.

Preparación y conocimiento del caballo

La relación de Álvarez con los caballos comenzó durante su niñez y terminó por convertirse en una parte central de su vida profesional y familiar. Es veterinario y trabaja principalmente con ganado, mientras que el tiempo libre lo dedica a los animales que compiten en raid, desde el entrenamiento hasta los controles sanitarios y la preparación para cada carrera.

Ese conocimiento también influye en su mirada sobre el bienestar animal, una cuestión que suele generar cuestionamientos entre quienes observan la disciplina desde fuera. Álvarez afirmó que los caballos reciben alimentación adecuada, entrenamiento y atención técnica y veterinaria, además de controles destinados a prevenir lesiones. En su experiencia, los cambios reglamentarios de los últimos años, la incorporación de controles antidopaje y las sanciones ante incumplimientos contribuyeron a mejorar las condiciones de competencia.

“Los caballos son deportistas en todo sentido. Entrenan y comen de la mejor manera. Tienen atención técnica y veterinaria cuando lo necesitan y también para prevenir lesiones”, aseveró. Agregó que la Federación Ecuestre aplica un reglamento riguroso para evitar excesos y sancionar conductas que puedan comprometer la salud de los animales.

Las carreras pueden superar los 100 kilómetros.

Las carreras pueden superar los 100 kilómetros.

La evolución de los ejemplares que compiten durante varias temporadas constituye, para el jinete, una referencia de ese cuidado. Uno de sus caballos está en su cuarta temporada y el otro, en la tercera, con la perspectiva de continuar en actividad si mantiene las condiciones físicas necesarias. “Están en perfectas condiciones para correr”, comentó.

Buen Cristiano es un caballo angloárabe, mientras que Pistolero tiene una composición genética más cercana al pura sangre. Este último tiene un vínculo especial con la familia de Álvarez: fue criado por ellos desde potrillo, a partir de una línea de cría que conocen desde su nacimiento. La preparación de ambos demanda una tarea constante que no se limita a los días de carrera, sino que incluye el seguimiento de su estado físico y sanitario.

Competencia, sacrificio y compañerismo

Aunque los resultados deportivos ocupan un lugar central, Álvarez identifica en el ambiente del raid uno de los principales motivos para seguir compitiendo. Las jornadas incluyen viajes, preparación, nervios y varias horas sobre el caballo, pero también encuentros entre participantes que comparten una actividad que se prolonga más allá de la llegada.

Los caballos reciben un cuidado especial.

Los caballos reciben un cuidado especial.

“Es un modo de vida, de familia, de amistad, de sacrificio también, porque hay que meterle a la preparación del caballo, y mucho trabajo en equipo”, afirmó. La relación con los demás competidores, explicó, conserva un componente de compañerismo que no desaparece durante las carreras, incluso cuando están en disputa los primeros puestos.

Como ejemplo, recordó una prueba disputada en mayo en Durazno, cuando su caballo perdió una herradura durante la competencia. La detención para resolver el problema podía costarle varios minutos y comprometer el resultado, pero otro participante le facilitó una bota ajustable que le permitió continuar sin una demora mayor. El gesto tuvo un valor especial porque se trataba de uno de los rivales directos en aquella carrera.

Álvarez terminó ganando y el competidor que lo había ayudado arribó tercero. Después de cruzar la meta, ambos compartieron un momento con los demás participantes. “Pasamos la raya y nos quedamos todos juntos tomando una cervecita y compartiendo el momento”, destacó el guichonense. Para el jinete, esas experiencias ayudan a entender por qué la actividad mantiene su atractivo, más allá de los resultados.

Con uno de sus caballos competidores.

Con uno de sus caballos competidores.

Al mismo tiempo, la competencia también exige una preparación física importante para el jinete. Una carrera de alrededor de 100 kilómetros puede llevar unas cinco horas, durante las cuales debe mantener la concentración, administrar el esfuerzo y adaptarse a las condiciones del terreno y a la respuesta del animal. Las cuestas y la topografía inciden en el desarrollo de la prueba, pero también resulta determinante interpretar qué rendimiento puede ofrecer cada caballo en una jornada concreta.

El próximo desafío de Álvarez es una carrera de 115 kilómetros en Sarandí Grande (en el departamento de Florida, y reconocida como la Capital Nacional del Raid Hípico), una de las fechas tradicionales y más importantes del calendario. Mientras sus caballos siguen compitiendo, el Premio Charrúa incorpora un nuevo reconocimiento a una trayectoria construida entre la actividad veterinaria, el trabajo cotidiano con los animales y una práctica deportiva en la que la preparación individual depende, en buena medida, de la tarea compartida.

Por Pedro Dutour
  [email protected]