Garzón, una localidad uruguaya con historia que volvió a mirar hacia el futuro
Del ferrocarril y el molino a la gastronomía y el vino, este pueblo fundado en 1890 mantiene la identidad del campo pese a los cambios.
Por Pedro Dutour
[email protected]
A unos 30 minutos de José Ignacio y en el límite entre Maldonado y Rocha, Pueblo Garzón conserva un gusto y una impronta que contrastan con la dimensión internacional que adquirió en las últimas décadas. Sus calles de tierra, casas antiguas, plaza, iglesia, escuela y estación ferroviaria remiten a una época en la que el movimiento del tren y la actividad de un molino harinero sostenían buena parte de la vida económica y social de sus pobladores.
Hoy, con 178 habitantes según el Censo 2023, el pueblo mantiene esa estructura de pequeña localidad rural mientras convive con hoteles, restaurantes, galerías de arte, viñedos y visitantes llegados desde distintos países. En especial, durante la época estival.
Paula Izcua, administrativa del municipio de Garzón y criada en el pueblo, describe una comunidad en la que el paso del tiempo dejó huellas visibles, pero no alteró algunos de sus rasgos esenciales. “Muchos lo caracterizan como un poblado detenido en el tiempo, por conservar un entorno natural entre sierras con monte nativo, tranquilidad y una tradición vinculada a la vida de pueblo”, dice a Montevideo Portal. La propia historia familiar de Izcua está ligada a la zona, en la que sus padres viven allí y su bisabuela lleva la etiqueta de haber sido la primera maestra del paraje Izcua, sobre la ruta 9, sobre la entrada al pueblo.
Del camino real al ferrocarril
Los antecedentes de Garzón se remontan a fines del siglo XIX y existen distintas versiones sobre su fundación. La tradición local recogida por Izcua sitúa el origen en 1892 y vincula al comerciante Fermín de León con el establecimiento de viviendas y actividad comercial junto al antiguo camino real, por donde circulaban viajeros y mercaderías.
¿Y el nombre? “El nombre del pueblo surge del jefe político militar artiguista Vicente Garzón, quien impulsó la separación de Rocha con Maldonado”, responde Izcua.
La plaza del pueblo.
La llegada del ferrocarril modificó de manera profunda aquella pequeña comunidad rural, con la inauguración en 1928 de la estación de AFE, que llegó a tener hasta cuatro frecuencias diarias de trenes hacia Montevideo y Rocha. El movimiento ferroviario se sumó a la actividad del molino harinero de Leopoldo Lazo y generó una concentración de servicios y oficios que convirtió a Garzón en un punto de referencia para la zona.
“Los puntos claves de la historia fueron el molino harinero, que dio trabajo a muchas personas, y la llegada del tren ferroviario a Garzón”, insiste Izcua. Durante el período de mayor actividad, especialmente entre las décadas de 1930 y 1940, el pueblo llegó a tener alrededor de 2.000 habitantes, además de carpinterías, herrerías y comercios de distintos rubros vinculados a la actividad del molino y al movimiento generado por el ferrocarril.
Cuando el molino dejó de funcionar y el tren dejó de circular, el movimiento comenzó a disminuir y muchas familias abandonaron la zona en busca de oportunidades en otras ciudades.
Lo que quedó
La desaparición del ferrocarril no borró las referencias materiales de aquella etapa porque la antigua estación de AFE conserva su estructura y actualmente funciona como centro cultural, mientras se trabaja en la creación de un museo dedicado a la historia del pueblo. La escuela, la iglesia y el Club Social y Recreativo Garzón forman parte también de una trama edilicia que todavía permite reconocer la dimensión que tuvo la localidad.
“Ediliciamente, podemos hablar del club recreativo y social, la escuela, la iglesia y la estación de AFE, hoy renovada”, cuenta Izcua. Sin embargo, para ella, el elemento que mejor sobrevivió a los cambios representa algo más intangible. “Sin dudas, principalmente lo que se ha mantenido al paso del tiempo es la paz que tanto caracteriza la zona”, subraya.
Las calles siguen siendo de tierra.
En tanto, la actividad económica actual tiene una composición diferente a la de la primera mitad del siglo XX. El empleo público ocupa un lugar importante, especialmente a través del municipio, mientras que el turismo gastronómico, la hotelería, los viñedos de los alrededores y el trabajo rural sostienen buena parte de la actividad. La localidad también dispone de policlínica, escuela, seccional policial, comercios, un Centro de Cercanía y transporte público hacia San Carlos durante los días hábiles.
Las necesidades, no obstante, siguen siendo las propias de una comunidad chica y alejada de los principales centros urbanos. Izcua enumera como prioridades la creación de un espacio infantil y juvenil con actividades extracurriculares, una cobertura sanitaria permanente y una ambulancia nueva. Este año, además, comenzaron a realizarse jornadas veterinarias gratuitas cada 15 días para los residentes, una iniciativa impulsada por una vecina extranjera con respaldo municipal.
De pueblo a destino internacional
La transformación más visible comenzó varias décadas después de la pérdida del ferrocarril. La llegada de nuevos emprendimientos vinculados con la gastronomía, la vitivinicultura, el aceite de oliva y el arte incorporó a Garzón a los circuitos turísticos de alta gama de la costa este uruguaya.
Uno de los nombres centrales de ese proceso lo representa el chef argentino Francis Mallmann, cuya presencia en Pueblo Garzón contribuyó a proyectar internacionalmente el nombre de la localidad. A esa actividad se sumó Bodega Garzón, uno de los grandes proyectos vitivinícolas de la zona, instalado en un territorio de viñedos, olivares y sierras. La propia bodega recuerda que Alejandro Bulgheroni y su esposa Bettina conocieron la región en 1999 y comenzaron allí el proyecto que posteriormente se convertiría en uno de los emprendimientos vitivinícolas más importantes del país.
La vieja estación ferroviaria del pueblo.
La gastronomía adquirió así una presencia que décadas atrás habría resultado difícil de imaginar para un pueblo cuyo crecimiento había dependido de los trenes y de un molino. El restaurante de Bodega Garzón mantiene actualmente a Mallmann como embajador y director culinario, con una propuesta basada en productos de estación y técnicas de cocina con fuego.
Bodega Garzón cuenta con viñedos distribuidos en numerosas parcelas y una infraestructura de 19.050 metros cuadrados, diseñada sobre terrazas naturales y con sistemas destinados a reducir el consumo energético. Su propuesta turística incluye recorridos por los viñedos, degustaciones y actividades gastronómicas.
El pueblo también incorporó galerías, talleres de artistas y propuestas culturales que conviven con la arquitectura tradicional y el paisaje rural. Durante el verano, esa presencia se hace más visible por la llegada de turistas y por las actividades vinculadas al arte y la gastronomía, aunque el movimiento no modifica por completo la dinámica de quienes viven allí durante todo el año. “Hoy conviven la naturaleza, la paz, la gastronomía, el arte, el turismo y los residentes en conjunto”, resume Izcua.
Entre dos departamentos
La ubicación de Garzón le otorga además una relación particular con Maldonado y Rocha, en la que el municipio mantiene vínculos de trabajo con Aiguá y San Carlos, las localidades de Maldonado más próximas, mientras que la cercanía con Rocha genera actividades compartidas en torno a caminos rurales, cursos de agua y la laguna Garzón.
La vida comunitaria tiene sus propias fechas y rituales, desde el encendido del árbol de Navidad y la llegada de los Reyes Magos hasta la fiesta de la primavera, las actividades de Pascuas y la Vuelta al Pago. Son propuestas gratuitas que buscan mantener los espacios de encuentro de una población reducida, en un lugar donde buena parte de los vínculos todavía se construye a escala vecinal.
Una estampa conocida de Pueblo Garzón.
La memoria de Garzón también está asociada a nombres que permanecen en la historia del pueblo. Izcua menciona a Leopoldo Lazo, propietario del molino; a Roberto Pereyra Felló, escritor, atleta y último jefe de estación, quien desempeñó ese cargo durante dos décadas; a la familia Barrales, vinculada a la primera fonda; al escultor Mario Lazo, nacido en 1922; a Isidoro Martínez, impulsor del Club Social y Recreativo Garzón, y a Irma Rodríguez, primera enfermera y vacunadora de la localidad.
En la antigua estación, donde alguna vez se esperaba el tren, en los caminos de tierra, en el movimiento de los fines de semana y en la actividad turística que llega desde el exterior, conviven esas distintas etapas. Garzón conserva la escala de un pueblo de menos de 200 habitantes, pero su nombre dejó de depender exclusivamente de aquella estación ferroviaria para pasar a ser un punto de referencia en la región.
Por Pedro Dutour
[email protected]
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]