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Mejor, jugar

Crean en UTEC un resonador “lúdico” para que niños pierdan el miedo a resonancia magnética

Estudiantes diseñaron un modelo interactivo que prepara a los pequeños para el estudio y ya es utilizado en el Pereira Rossell.

04.09.2026 14:25

Lectura: 5'

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Por Pedro Dutour
  [email protected]

Una tortuga que se tragó una moneda de oro, un submarino y una réplica a escala de un resonador magnético forman parte de una propuesta desarrollada por cuatro estudiantes de Ingeniería Biomédica de UTEC en Fray Bentos. El proyecto, concebido para el Hospital Pereira Rossell, busca reducir la ansiedad de los niños antes de una resonancia magnética mediante una preparación basada en el juego.

Belén Echenique, Luciano Ríos, Rafael Lallera y Fernando Almirón comenzaron a trabajar en la idea hace dos años, durante el segundo año de la carrera, como parte de la materia Práctica Curricular Profesional. La consigna consistía en abordar una problemática planteada por una institución y desarrollar una solución, y en su caso el desafío llegó desde el hospital pediátrico de Montevideo.

La dificultad estaba en las características propias del estudio, porque una resonancia magnética puede resultar especialmente intimidante para un niño, tanto por el ruido de la máquina como por el espacio reducido en el que debe permanecer inmóvil durante varios minutos. A eso se agrega que, si el paciente no conoce el procedimiento, puede llegar al equipo sin saber qué encontrará ni qué se espera de él.

“Más que nada cuando es un proceso que a los niños no les muestran de primera mano cómo será; puede ser bastante traumático”, señaló Rafael Lallera, el principal portavoz del grupo durante la entrevista con Montevideo Portal.

La tortuguita del resonador lúdico.

La tortuguita del resonador lúdico.

La respuesta de los estudiantes se basó en construir un resonador lúdico que permitiera anticipar la experiencia. En lugar de colocar al niño directamente en el papel de paciente, la propuesta lo convierte en operador de una pequeña máquina que debe realizarle una resonancia a una tortuga. Mientras juega, el niño conoce los movimientos, las características del equipo y los sonidos que escuchará durante el estudio real.

“Tratamos de introducir este procedimiento a través del resonador lúdico. Poder mostrarles cómo es el procedimiento, lo que se tiene que hacer”, contó Lallera. La dinámica permite que el niño vaya incorporando las instrucciones mientras realiza el estudio a la tortuga, sin que la preparación quede limitada a una explicación verbal.

El proyecto incluye además una presentación interactiva con imágenes del resonador y registros de sus sonidos. De esa manera, los niños pueden familiarizarse previamente con los ruidos que produce el equipo, uno de los elementos que más puede inquietarlos durante una resonancia.

Resistente y seguro

El desarrollo tuvo, además, una serie de decisiones técnicas vinculadas al uso que tendría el dispositivo. Al tratarse de un elemento destinado a interactuar con distintos pacientes, debía ser resistente, seguro y compatible con los procesos de desinfección. Los estudiantes buscaron también que la construcción fuera accesible y utilizara materiales que pudieran conseguir y trabajar en los laboratorios de UTEC.

Una parte del artefacto.

Una parte del artefacto.

La primera idea consistía en realizar el resonador íntegramente mediante impresión 3D. La UTEC cuenta en Fray Bentos con un laboratorio abierto y varias impresoras, pero los estudiantes comprobaron que fabricar de esa manera una estructura de esas dimensiones demandaría demasiado filamento y tiempo.

La alternativa pasó a ser construir el cilindro, o gantry, en cartón mediante una técnica de corte por capas conocida como slicing. Las piezas se cortan y luego se ensamblan, como un rompecabezas. La camilla, en cambio, se realizó en madera para darle mayor resistencia, debido a que es la parte que tiene un contacto más directo con los niños.

El acabado también requirió modificar el plan original. En una primera etapa, el cartón se recubrió con papel de diario y pegamento, pero luego los estudiantes intentaron utilizar resina y descubrieron que el material se deformaba. Como necesitaban una superficie lisa que pudiera desinfectarse, retiraron esa cobertura y recurrieron a masilla epóxica, que permite moldear y endurecer la superficie. Finalmente, lijaron y pintaron el prototipo con pintura sintética.

En el hospital Pereira Rossell.

En el hospital Pereira Rossell.

El resultado se presentó en primer lugar como parte de la materia y posteriormente ante profesionales del Pereira Rossell. Los estudiantes recibieron una invitación para llevar el proyecto al anfiteatro del hospital, donde expusieron el trabajo ante médicos y personal del centro.

“Se nos acercaron varios médicos y nos felicitaron. Dijeron que les había gustado mucho”, subrayó Lallera. Después llegaron noticias que para el grupo resultaron más relevantes que la recepción inicial del proyecto: el prototipo estaba siendo utilizado con los niños y, según la información que recibieron, continuaba en funcionamiento.

El objetivo trascendía entonces la aprobación académica. “Eso es lo que más nos dejó contentos a nosotros”, dijo Lallera. “Que está funcionando con los niños. Que es lo fundamental”, añadió.

Para los estudiantes, la experiencia representó además uno de sus primeros contactos con un trabajo planteado fuera del ámbito estrictamente académico. La Práctica Curricular Profesional, ubicada en el segundo año de la carrera, busca precisamente que los alumnos trabajen sobre problemas concretos y tengan un vínculo con instituciones y profesionales.

El prototipo quedó en manos del Pereira Rossell al finalizar el proyecto. Ahora, los estudiantes consideran que la propuesta podría replicarse en otros hospitales, aunque para ello sería necesario establecer acuerdos, definir recursos y organizar el trabajo entre las instituciones y los equipos responsables del desarrollo.

Por Pedro Dutour
  [email protected]