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Con glamour

Castillo Mauá: la huella de un empresario que pensó en grande desde Soriano

El antiguo casco de una estancia de 32.600 hectáreas conserva las marcas del proyecto del brasileño Irineo Evangelista de Sousa en Uruguay.

30.09.2026 16:20

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Por Pedro Dutour
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A unos cinco minutos del centro de Mercedes, el Castillo Mauá conserva buena parte de la historia de uno de los empresarios más singulares que desarrollaron actividades en Uruguay durante el siglo XIX. Lo que hoy se conoce popularmente como castillo se trata, en realidad, del casco principal de una enorme estancia perteneciente a Irineo Evangelista de Sousa, Barón y Vizconde de Mauá, brasileño nacido en Yaguarón, cuya actividad en la región se extendió mucho más allá de la producción ganadera.

“La construcción se empezó a hacer en 1860”, señala a Montevideo Portal, Aparicio Arcaus, coordinador del Área de Museos y Patrimonio de la Intendencia de Soriano. Para entonces, Mauá ya había comenzado a adquirir tierras en el departamento, un proceso iniciado entre 1852 y 1853. El establecimiento llegó a ocupar unas 32.600 hectáreas, desde las proximidades del arroyo ubicado junto al actual edificio hasta el arroyo de las Maulas, en las cercanías de Villa Soriano. Un campo enorme.

El edificio quedó terminado aproximadamente en 1867 y funcionó como residencia y centro principal de aquella extensa explotación rural. La actividad productiva estuvo vinculada principalmente a la ganadería ovina, aunque el proyecto de Mauá tenía una dimensión que excedía ampliamente la de una estancia tradicional. “Mauá tenía una visión súper industrialista de las cosas, con producción a gran escala”, asegura Arcaus.

Esa concepción también alcanzó a la producción de lana, en una estancia en la que se realizaron experiencias de cruza entre distintas razas de ovejas con el objetivo de mejorar su calidad. El resultado adquirió reconocimiento internacional: en 1892, las lanas producidas en Mauá obtuvieron un premio en una exposición universal realizada en París. Arcaus señala que se trata de uno de los primeros reconocimientos internacionales obtenidos por un establecimiento rural uruguayo.

La estancia de Soriano, además, formaba parte de una estructura empresarial más amplia. Mauá había desarrollado una red de lugares en Brasil, Argentina y Uruguay, con distintas actividades productivas y una lógica de funcionamiento articulada entre sus negocios. El empresario también había fundado un banco en Brasil y luego extendió sus operaciones a Uruguay, donde instaló una sucursal en Montevideo y otras en el interior, entre ellas una en Mercedes, frente al antiguo puerto comercial.

El casco de una gran estancia.

El casco de una gran estancia.

“El banco era lo que sostenía fundamentalmente los negocios de Mauá”, explica Arcaus. La extensión de aquel emprendimiento alcanzó también áreas como el transporte, la infraestructura, las comunicaciones y la actividad industrial. Mauá participó en proyectos vinculados con la navegación, el dique para construcción de barcos en Montevideo —el no siempre bien ponderado dique Mauá—, la compañía de gas y las comunicaciones telegráficas entre Europa, Brasil y el Río de la Plata. También, estuvo vinculado al frigorífico Liebig en Fray Bentos.

De abajo e imperialista

Su trayectoria empresarial había comenzado mucho antes de obtener los títulos nobiliarios que lo convertirían en Barón y luego Vizconde. Nacido en una familia humilde en Brasil, quedó bajo el cuidado de una tía después de la muerte de su padre y comenzó a trabajar siendo muy joven. Su vínculo laboral con un comerciante escocés lo llevó posteriormente a Inglaterra, donde tomó contacto con el proceso de industrialización que transformaba a Europa.

“Su escuela de negocios fueron los ingleses”, resume Arcaus. Desde allí, Mauá desarrolló una concepción empresarial que luego trasladó a Brasil y al resto de la región. El título de Barón se lo concedió el emperador Pedro II después de que financiara parte de una vía férrea entre San Pablo y Río de Janeiro; posteriormente recibió el título de Vizconde.

El barón y vizconde de Mauá.

El barón y vizconde de Mauá.

Esa relación con el Imperio de Brasil todavía puede verse en el propio edificio de Mercedes. En los dos principales portones de acceso se conserva el escudo imperial de los Braganza, un detalle que recuerda la estrecha relación de Mauá con la estructura política y económica de su país.

La etapa de Mauá en la propiedad llegó a su fin hacia 1897 o 1898, cuando la crisis de sus negocios derivó en la venta y división de la extensa estancia. El castillo y parte de las tierras próximas fueron adquiridos entonces por el empresario italiano Buenaventura Caviglia, quien modificó tanto el perfil productivo del establecimiento como algunos elementos arquitectónicos de la antigua residencia.

Con Caviglia, la propiedad pasó a llamarse Estancia Santa Blanca y amplió sus actividades. A la ganadería se sumaron una bodega de vinos, producción de aceite de oliva, cultivos de vid y olivos, una fábrica de hielo seco y hasta la cría de gusanos de seda destinada a la producción y exportación.

La actual bodega Mauá, incluso, pertenece a esa segunda etapa de la historia de la propiedad. “Es medio paradójico, porque se llama bodega Mauá, pero Mauá no tuvo ni idea de que acá se produjeron vinos”, comenta Arcaus. La instalación resultó ser obra de Caviglia, varias décadas después de la etapa del empresario brasileño.

El italiano también modificó la configuración del edificio. La entrada que actualmente conduce al museo y a la zona de la bodega correspondía originalmente al sector posterior del casco. Caviglia invirtió el sentido de acceso y añadió elementos arquitectónicos, entre ellos una fuente y arcadas que no formaban parte de la construcción original.

Estilo

El edificio conserva, además, características que permiten identificar distintas tradiciones arquitectónicas. Su estructura de dos plantas responde en parte al modelo de las estancias uruguayas, mientras incorpora elementos asociados a las fazendas brasileñas. La escalera exterior en herradura, decorada con azulejos portugueses y rejas de hierro forjado, conduce a la planta alta, donde un corredor conecta las antiguas habitaciones principales.

Detalle que indicaba la alcurnia del lugar.

Detalle que indicaba la alcurnia del lugar.

Actualmente, la planta baja alberga el Museo Paleontológico Alejandro Berro, mientras que en el nivel superior se encuentran espacios vinculados con la actividad cultural y turística. A su alrededor permanecen antiguas construcciones que funcionaron como galpones, depósitos y habitaciones para el personal de la estancia.

El conjunto también conserva un parque utilizado para actividades recreativas y culturales, además de la bodega que mantiene la producción vitivinícola. Desde las terrazas del edificio se extiende la vista hacia el entorno de Mercedes y, especialmente desde la denominada Terraza de Verano, hacia el paisaje del río Negro.

A casi 160 años de la construcción del casco principal, el Castillo Mauá permite seguir las distintas etapas de una propiedad que cambió de manos, de nombre y de perfil productivo sin perder la marca de su primer gran y portentoso propietario. En sus portones, en la arquitectura y en la extensión de las tierras que alguna vez pertenecieron a la estancia todavía quedan rastros de aquel proyecto empresarial que convirtió a Soriano en uno de los puntos de apoyo de la actividad de Mauá en el Río de la Plata.

Por Pedro Dutour
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