Te los pusiste y volviste a mirar. Parpadeaste otra vez y tus labios se curvaron formando una perfecta letra: la O . El Robbie Williams del liceo se había transformado absolutamente... Ese impacto sólo sería el comienzo de la reunión de ex alumnos.
No podía ser real... ¡Aquel había sido el amor imposible de tu vida, el que te quitaba el sueño y lograba sacar de tu interior los poemas más almibarados y tus incipientes fantasías sexuales! ¡Tocaba el bajo como los dioses, fue el primero en dejarse el pelo largo, era el rebelde que se apareció de championes en el primer escrito del año... ! ¿Cómo es que ahora sólo despertaba en vos un sentimiento de piedad y profunda vergüenza ajena?. El Robbie Williams se convirtió en un gordito bonachón algo pelado, que intentaba por todos los medios ganarse a cuanta fémina se le cruzaba por al lado mediante el tristísimo método de desperdigar una sarta de chistes malos a diestra y siniestra (más siniestra que diestra). Cambiaste los anteojos de ver por los de sol. Sí, estabas estrafalaria dentro del salón cerrado y techado, pero querías evitarlo a toda costa.
Antes de dar un paso más, para adentrarte a ese mundo de antaño, te permitiste (no sin alarma) echar otro vistazo cual paneo cinematográfico. Y no tardaste en pillar otra imagen que te descolocó... La observaste detenidamente... Afirmativo. Era Margarita Rattin.
¿Cómo podía haber sucedido que esa chica tonta, con lentes traste de botella y sonrisa que mostraba no sólo dientes con aparatos sino encías con un desagradable tinte sanguinolento, se hubiera transformado cual Betty La Fea en una sex-symbol? La ahora vampiresa, rodeada de caballeros que parecían babearse ante cada palabra que pronunciaba, se vapuleaba con gestos insinuantes al hablar. Sentiste una mezcla de admiración y estupor.
Tan absorta estabas con la situación de esquivar al ex Robbie Williams y de observar a la new come-hombres que no advertiste su acercamiento acompañado de movimientos meneantes. Te saludó extendiendo la mano, como haciendo una diferencia, como anteponiendo una muralla, y a bocajarro te pregunta: ¿cómo estás? ¿cómo te ha tratado la vida? . Vos no sabés si empezar a relatarle tus dos divorcios, seguir por tu vida actual en pareja, la crianza de dos adolescentes y tu olvidada profesión nunca ejercida, cuando la ex lenteja se te adelanta y te larga un torrente de triunfos : es contadora, gerente de x#$%&/ (imposible entender la empresa, seguro que rusa o pakistaní, lo que quiere decir que la nerd siguió aprendiendo idiomas sin parar) y en su breve tiempo libre se dedica a viajar. Vos sólo has podido llegar a duras penas al camping de Santa Teresa, cargada de aceite, arroz y latas de atún para no gastar demasiado. Te sentís mísera. Ella parece regodearse mientras hace titilar sus pulseras. Te sugiere acercarte al grupo (increíble que ese ser retraído se hubiese convertido en la versión femenina de Alfredito Etchegaray). Antes de dar el OK, repasaste tu imagen y la de ella. Vestía a la moda, palabra que la susodicha (hubieras jurado) no albergaba en su vocabulario, y lo que fue aún peor, estaba elegante pero a su vez acorde a la edad.
Vos, en un afán de querer seguir pareciendo una teen, de engañar a todos tus ex compañeros de aula (que igual saben tu edad) como diciendo el tiempo no pasó para mi , te pusiste los jeans localizados de tu hija y una remerita de La Vela Puerca. Triste. Muy triste. Todos vestían como lo que son: adultos.
Repentinamente se te vino la cruel frase de tu hija adolescente cuando te vio cruzar el umbral de tu casa: Mamá, sos una ridícula . Y, por una vez, reconociste aunque ya tarde- que la nena tenía razón.
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Más sobre la autora; www.geocities.com/terapiadas
15 años no es nada, qué febril la mirada
TERAPIADAS 16
1ra. Parte.
Parpadeaste incrédula. No, no podía ser. Con un movimiento rápido, revolviste en tu cartera hasta hallar los anteojos que habías escondido antes de entrar.
Por Cecilia Curbelo
20.10.2006
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