Amor geométrico
PRETEXTOS. POR JAVIER ZEBALLOS.
"Sus vidas no eran una línea recta sino sinuosas curvas ondulantes. Sobre todo la de ella, ya que él era más cuadrado".
Por Javier Zeballos.
03.08.2006
Sus vidan no eran una línea recta sino sinuosas curvas ondulantes. Sobre todo la de ella, ya que él era más cuadrado. Un día se cruzaron. Por un tiempo llevaron vidas paralelas hasta que se fueron acercando, a tal punto, que casi se funden en una sola línea. Tenían áreas comunes y se planteaban muchas proyecciones juntos, pero su relación se transformó en un círculo vicioso que culminó en un desigual triángulo amoroso con aristas peligrosas y sin mucha base. A esa altura, era como vivir colgado de un trapecio. Nunca lo habían visto desde ese ángulo pero la situación tenía una claridad prismática. Querían pasar a otro plano explorando nuevas dimensiones y no podían darle largas al asunto si querían vivir a sus anchas. Debían resolver el agudo problema planteado pero veían todo desde diferentes perspectivas.
Ya no eran cóncavo y convexo. El diámetro de su situación se había agrandado pero ellos no pasaban del perímetro. Parecían girar en círculos hasta que ella lo radió y, para él, ella dejó de ser su centro. La casa se había convertido en un polígono de tiro y su cama un cuadrilátero. Durante una pelea, la discusión se elevó a la enésima potencia. Él era un obtuso que siempre se iba por las diagonales y ella lo mandó a la hipotenusa. Terminaron al borde del cateto. Cortaron por la tangente para siempre.
Luego de la separación, vendieron el apartamento en El Cilindro. Deseaban olvidar ese segmento de sus vidas. Él se fue a Estados Unidos, a trabajar para el Pentágono y ella se perdió en el triángulo de las Bermudas.
Ya no eran cóncavo y convexo. El diámetro de su situación se había agrandado pero ellos no pasaban del perímetro. Parecían girar en círculos hasta que ella lo radió y, para él, ella dejó de ser su centro. La casa se había convertido en un polígono de tiro y su cama un cuadrilátero. Durante una pelea, la discusión se elevó a la enésima potencia. Él era un obtuso que siempre se iba por las diagonales y ella lo mandó a la hipotenusa. Terminaron al borde del cateto. Cortaron por la tangente para siempre.
Luego de la separación, vendieron el apartamento en El Cilindro. Deseaban olvidar ese segmento de sus vidas. Él se fue a Estados Unidos, a trabajar para el Pentágono y ella se perdió en el triángulo de las Bermudas.
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