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Contenido creado por María Noel Dominguez
Columnistas

A esa decile tú que venga

TERAPIADAS

La salida tenía que ser ¡perfecta! Luego de años de pañales, llantos nocturnos, berrinches y demás placeres de la vida maternal, la invitación de tu marido a salir "los dos solos" te llenó de ternura y cierto grado de ansiedad por ese reencuentro como pareja.

Por Cecilia Curbelo

24.07.2006

Lectura: 6'

2006-07-24T00:00:00-03:00
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Pactaron que esa noche no hablarían de los niños. Que sería sólo para ustedes. En todo caso, evocarían el día en que vos pasaste distraída (claro que la distracción era simulada y que no era la primera vez que pasabas, sino la quinta) por enfrente de su casa, hasta que te atreviste a seguir el consejo de aquella amiga (¿No te acordás? Aquella pervertida que después pretendió a cambio del éxito obtenido un menage a troix) de simular una caída. Lo más lacrimoso es que ibas tan concentrada en tu pequeña farsa que el golpe fue verídico y lo único que recordás es estar dentro de la casa de tu suegra, acostada en su cama y tomando de su sopa, todo lo cual te costó que la susodicha cuente en su libro de haberes con el privilegio trastornado de autoproclamarse la cupido femenina, desconociendo que todo, absolutamente todo fue craneado por la amiga-menage con fines harto repulsivos. Suerte que esa libertina ya se fue del país y te escribe desde Holanda donde está en su salsa practicando menages de a ocho incluyendo un gato y un hámster en la aventura erótica (no, ni idea qué función cumple el roedor pero es evidente que si participa es porque en algo colabora ).

Se decidieron por el cine, una película romántica de esas bien empalagosas. Te pusiste tu mejor lencería, un poco agrietada por la falta de uso, e intentaste que el vestido tubo te disimulara la protuberancia bajo las lolas que te quedó luego del segundo embarazo. El vestido elastizado sobre una faja que te corta el aire resultó mágico. Frente al espejo no te reconociste. Únicamente viste, en persona, a la novia de Roger Rabbit.

Tu marido deliraba cuando te vio salir del baño. Galante, te tomó del brazo ¡y salieron a romper la noche! Llegaron al cine, sacaron las entradas y se quedaron en el lobby. Graso error. ¡ESA también estaba ahí! El vestido tubo comenzó a inflarse por tu respiración contenida y, sobre todo, por los gases nerviosos que te vinieron de golpe (y que gracias a Dios se negaron a despedirse de tu cuerpo). En pocos segundos te transformaste en un adefesio enfermizo, sin pausa y con prisa.

ESA que parecía iluminada por un aura mágica. ESA con una minifalda que apenas le cubría los muslos perfectos, y un top que revelaba unas curvas soft. ESA de labios carnosos. ESA que mide más de un metro setenta, que los años no le transcurren, que el pelo le sigue brillando como un espejo (mientras que a vos se te florece aunque te lo cortes a lo Sinead O´Connor) y que usa el perfume envolvente que te hace soñar con campos vírgenes.

ESA a la que tu marido observa desaforado.

ESA, su EX.

ESA te mira de arriba abajo e instintivamente te acurrucás en vos misma cual bicho de humedad. Claro, no te vio segundos antes cuando el vestido tubular aún mantenía una concordancia con tu cuerpo exento de flatulencias. Tampoco cuando saliste de la peluquería y el brushing estaba intacto. Justo esa noche llovió y Bob Esponja resurgió en tu cabeza para martirizarte una vez más. Fue imposible que notara la esbeltez de tus piernas porque en el trayecto se te salió uno de los tacos (es que, reconocelo, eso de andar con zancos no es lo tuyo) y tuviste que arrancar el otro, así que quedaste de "chatitas". Y, para horror, la ves aproximarse como si de un espejismo se tratase y decir, con voz susurrante y radial: "Hola, ¿cómo están?".

Es el momento: o huís o te enfrentás a los bemoles de la vida. Pensá (convencete como puedas) que lucís idéntica a ella y contestale que bien, muy bien. Si se te hace imposible vislumbrarte interiormente así, para no echar leña al fuego, y de paso carcomerle un poco el balero, tomá vos la posta (no dejes que hable tu marido, a quien viste de coté que está babeando y sin aliento) y respondé: "Esperando el tercero", mientras señalás tu barriga plagada de gases.

Por tu esposo no te preocupes, seguro no escuchó. Se encuentra en otro mundo, hundido en los ojos de ESA. Bueno, no precisamente en los ojos Parece que el desgraciado encontró otras partes de la anatomía para posar sus cuencos oculares.

De repente ESA le hace gestos a otra persona para que se acerque, y dice, orgullosa: "Les presento a Pipi". Pipi les sonríe y toca dulcemente tu panza. Para tu estupor, agrega: "Nosotras también queremos un hijo".

Shockeada preguntás: "¿Nosotras?", mientras tu dedo índice se traslada de una a la otra.

Se hace un incómodo silencio. Los ojos de tu marido se levantan en un rictus indefinido hasta el rostro de ESA. Percibís cómo su ego masculino se acrecienta: vuelve a ser el macho que fue abandonado pero no por otro hombre, sino por una mujer. Y eso, aunque pánfilo, lo surte de una fortaleza interior bastante discutible a tu entender.

Vos quedaste sin palabras y casi sin advertirlo el vestido tubo volvió a su lugar. Ya no tenés el embarazo fingido. El alivio te tornó sana de golpe y la gastritis se esfumó como por arte de magia. Pipi anuncia que la película está por comenzar (vos, jocosa, pensás que ya comenzó). Como en un sueño, escuchás una voz que dice: "Ché, ¿y si nos vamos los cuatro a tomar algo? ¡Este encuentro hay que festejarlo! Dejamos la película para otra salida, capaz para el viernes que viene, ¿les parece?" (después, horas más tarde, tu esposo asegura y re-asegura que fue tu voz quien habló).

Tus celos de años te abandonaron por fin. Tu marido comprendió (o interpretó) que si bien fue plantado (su trauma adolescente) no fue por ser menos macho. Y vos, para mejor, terminaste con una pareja amiga. ¡Ciertamente una salida más que perfecta!

Nota: Si todas las EXs fueran así, daría para unirse a los Pimpinella y cantar a voz en cuello: ¡A ESA decile tuuuu, que venga! .

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www.geocities.com/mujeres_simples