Entrevistas
El sueño del pibe

Lucas Sugo: “Quiero ser un cantante popular. Es mi sustento, mi carrera, pero también es mi sueño”

El artista presenta “Canciones que amo”, los días 10 y 17 de julio y 2 de setiembre en el Teatro Solís.
10.07.2018 16:43
2018-07-10T16:43:00

"Hoy de mañana lo vi al Solís. No es que hoy de mañana pasé por enfrente, crucé por ahí. Hoy de mañana LO VI al Solís. Antes de hoy lo veía en fotos".

La historia conocida de Lucas Sugo empezó en 2014, cuando a caballo de "Cinco minutos", un hit todoterreno, entró primero en los bailes y después en la mayoría de los hogares del Uruguay. De alguna manera u otra, este intérprete desconocido para los más había generado un tema por el que decenas de compositores de cualquier parte venderían a su madre.

Pero Lucas Sugo ya la venía peleando de antes. Casi que nació músico y cantante, y en su Rivera adoptiva maduró el sueño del artista imitando a Luis Miguel. La charanga, esa particular lectura que fuera de Montevideo (y en la capital también) se hace de la música tropical, fue el género que hamacó sus modestas ilusiones.

Con los años despuntó en Sonido Profesional, uno de los grupos referentes del estilo. Pero quería más y el reloj biológico le dijo que era momento de arriesgar. Y saltó sin paracaídas, con la confianza puesta en su talento y en el "hombre de arriba".

Con "Cinco minutos", al revés de lo que se podía esperar, tuvo miedo, un miedo que se fue disipando a medida que se llenaban los bailes, los teatros, los auditorios al aire libre.

Hoy Lucas Sugo es uno de los artistas más populares del país, y ese estado condice con su ambición. El chiquilín que quería actuar en la fiesta del pueblo agotó dos Teatros Solís solo con el boca a boca y las redes sociales, sin pegar un afiche, y está a punto de colocar el cartel de "agotado" para el tercero.

No se siente abanderado de nada, pero es la punta de lanza de un género que, gracias a su tesón (y su profesionalismo), empieza a ser reconocido por sus profundas raíces populares y también, mal que les pese a los exégetas y puristas de la "música correcta", por su calidad.

En Canciones que amo, Lucas Sugo repasará los temas que le dieron visibilidad, pero también recorrerá el repertorio que hizo de él el artista que es hoy. Habrá baladas, tangos, boleros y canciones latinoamericanas, pasados por el tamiz de la charanga, ese género ninguneado que busca hacerse un lugar en la consideración de la crítica bienpensante. El resto ya está hecho.

*

¿De qué viene Canciones que amo?

Primero, tiene un plus importante en la carga emotiva, por la posibilidad de traer nuestro movimiento, genuino, de la música tropical del interior, que llamamos charanga, llegar a ese marco emblemático que hace a la cultura latinoamericana. Va más allá de colocar en el currículum del artista el tocar en el Solís. Tiene otro significado para nosotros. Hoy de mañana lo vi al Solís. No es que hoy de mañana pasé por enfrente, crucé por ahí. Hoy de mañana LO VI al Solís. De adentro. Antes de hoy lo veía en fotos. Hay cosas que, como uno vive allá en el norte, tienen otro simbolismo, otra carga, que viene por el lado de la concreción de los sueños profesionales, pero también de los sueños personales. Y la conciencia de que hay todo un movimiento detrás, que viene conmigo en esta historia. Es un momento para celebrar, y para tener un sentimiento de gratitud. Uno tiene que saber que estas cosas no se logran solo.

 

Es importante eso, ¿No? La otra vez hablábamos con el Fata Delgado que, si bien no es del mismo género, pertenece a lo que mal se llama música tropical, y coincidía en eso de que, hasta hace muy poquito, ese estilo era un terrajada que no merecía llegar a los grandes escenarios. Mi duda es si hay una apertura cultural o si es políticamente correcto...

Yo lo tomo por el lado de la apertura, y reitero mi sentimiento de gratitud. Desde el vamos, el Solís me dijo que sí. Se abrió desde siempre a mi proyecto, y estoy muy agradecido. Tener la posibilidad de tocar ahí es fantástico. Tener la posibilidad de hacer tres funciones, para un movimiento que nunca había llegado, me parece que es para celebrar y decir che, políticamente correcto sería hacer una sola función. Estoy haciendo tres, porque hay otras cosas por detrás. Hay una apertura real, un reconocimiento hacia nuestro movimiento, no hacia Lucas Sugo, sino al movimiento cultural que viene del interior, y que quiere exponerse en ese recinto.

Foto: Montevideo Portal | Martín De Benedetti

Hay que reconocer que Lucas Sugo es el mascarón de proa de ese movimiento, para que pueda llegar no solo al Solís, sino para que pueda entrar a los medios de comunicación que, hasta hace unos años, no podía acceder... ¿Cómo lo vivís? Sé que sos bastante cauto con el tema de la fama...

Sí, sí. Pero sarna con gusto no pica. Es una opción de vida, que viene de la mano de la coherencia, y la conciencia de que estas cosas que estoy viviendo las veía recontra distantes, difíciles. ¡Posta! Yo, cuando me estaba forjando como artista adolescente, miraba a mi entorno, y a Fulano, a Megano, a nadie le pasaba lo que me ha tocado vivir. Esa conciencia de saberme un privilegiado, yo, que tengo un cierto vínculo con "el hombre de arriba", sé que ha sido sumamente generoso conmigo. Y la gente. Reconozco que este es el resultado de una contención. La gente contiene toda esta historia. Sigue con esta historia. Me permite la posibilidad de la continuidad y la vigencia. Es el público. Las primeras dos funciones las agotamos sin campaña publicitaria, solo con las redes sociales. Ese es el público genuino, el que te sostiene. Hay cosas muy, muy especiales en todo esto. En el futuro creo que voy a poder filtrar todo y quedarme con eso. Con cómo logramos estas cosas, con apoyo popular, y ahí aparece, de nuevo, el sentimiento de gratitud, que trato de reflejar día a día, en la calle. Miro para atrás y fueron más de veintipico de años, de ruta, golpeando puertas para llegar hasta acá. Costó mucho. Gracias a Dios hubo continuidad en todo esto.

 

Cuando el boom de "Cinco minutos" vos planteabas la necesidad de generar un público que no se agotara en el hit, que permitiera que Lucas Sugo pudiera seguir tocando, porque la vara de esa canción era demasiado alta y no se supera todo el tiempo...

El fantasma que tenemos todos, que tenés vos, yo, es lograr codearnos un poco con la vigencia. Es lo que buscamos todos. Queremos la continuidad, y es un fantasma. Sabemos que tiene que haber cierta reunión de factores para que se dé eso. Cuando pegué con la canción "Cinco minutos", no tenía real dimensión de todo lo que estaba pasando en lo que tiene que ver con retener el afecto. Si vos tenés ese afecto popular, la vigencia se puede dar. En 2014, cuando esa canción caminaba muy bien, y yo estaba en cualquier lugar del país a las 3 de la mañana para tocar en algún lado, sabía que, en esa noche, en todos los bailes, ese tema estaba sonando. Mi voz se escuchaba, y ese era un momento de incertidumbre impresionante. No la pasé bien. Es extraño. La estaba rompiendo, aparecía en todos lados, pero si uno maneja esta profesión con coherencia, con responsabilidad, y con la meta principal del sustento de por vida, miraba el mañana. No estaba mirando el hoy.

Quizá pequé un poco por eso, por ser tan objetivo, tan ansioso. Por decir "¿Qué hago? Hice un gol de chilena, y al otro fin de semana no voy a hacer otro. La gente va a ir al estadio a ver al jugador que hace goles de chilena y no los voy a hacer". Soy consciente de eso. Pero, felizmente, en ese período, después de la ebullición de esa canción, que fue más o menos a mitad de año, con mi desembarco en la capital, hasta fin de año pasaron cosas. La apertura de puertas que me dio "Cinco minutos" me permitió poner un pie y decir "Hola, me llamo Lucas y tengo estas cosas para ofrecer artísticamente hablando". Gracias a Dios hubo gente que se sumó a esta historia, que me respaldó. Ahí me di cuenta, y se me empezaron a disipar las incertidumbres, las interrogantes de qué hacer en el futuro, porque sé que esta canción se esfuma, esta canción se va, y no voy a tener el tiempo para situarme en el mapa musical nacional. Felizmente se dio, y fue por el cariño de la gente, que me permitió, después de toda la locura, cuando empezó a caer el hit, hacer los Teatros de Verano. Cuando "Cinco minutos" dejó de ser un éxito hice el Velódromo, y después dos Teatros de Verano más. Y dos Sodre, y ahora tres Solís. Todas esas cosas fueron gracias al afecto de la gente que, si sigue ahora conmigo, es porque hay otras cosas más allá de una canción. El público sabe que uno trata de manejar esta carrera con seriedad, con profesionalismo y con corazón. Colocar el corazón arriba de todo eso, pero con una base que lo sostenga. Si metés solo el corazón eso también se disipa. Si solo hay emociones, sin esencia, pasan cosas, pero se esfuman.

Foto: Montevideo Portal | Martín De Benedetti

¿Te sigue asustando ese fantasma del que hablabas? ¿Tuviste algún espejo, alguna guía, profesional o no, para hacer las cosas prolijamente?

Ahora no tengo más esas incertidumbres. La gente me regaló certezas, la certeza de continuar por este camino sin aferrarme a un hit. La posibilidad es real, la vivo, es palpable. El 2014 ya pasó. Es 2018 y tengo nuevas propuestas artísticas que son hechos. Pero sí noto que hay un combo de valores dentro de mí que me permiten ubicarme, tener mi punto cardinal, mi norte. No solo el norte geográfico, que es donde vivo, sino el norte interno que, me parece, viene por el lado de cierta combinación de factores. Los valores adquiridos desde el vamos, transmitidos por mamá, el núcleo familiar que yo tenía, esa es una fuente inagotable, me permiten elegir caminar de una forma prolija, limpia. No me pertenecen esos valores, son adquiridos. También la posibilidad de un diálogo fluido, en estos últimos tiempos, conmigo mismo. Cosas que experimenté últimamente que no sabía que existían, como la felicidad que uno tiene al volver a casa. Eso antes no lo tenía. A veces los artistas vivimos cosas intensas durante ese proyecto, ese sueño del escenario. Es contundente. Peo casi nunca te preparás para el después. Te estás preparando todo el tiempo para lograr ese objetivo, esa meta, pero no para el inmediatamente después. Ahí vienen los problemas existenciales. Las depresiones que tienen muchos artistas, y por eso cometen excesos. Cada uno toma su camino, y yo no me sumo a eso, pero lo respeto. Y en ese momento, crítico, delicado, existencial, si uno tiene ganas de volver a casa, se recontra ubica y se ve en ese lugar, y tiene la posibilidad de volver, se fortalece, se recarga, se aploma. Disfruta de las raíces y hasta se disfruta un poco. Cuando llega la escoba, que tenés que meter ahí adentro, barrer debajo de las luces, que a veces encandilan, vas pegando una barrida. Esa posibilidad del diálogo con uno mismo, y no lo digo desde un punto de autosuficiencia, sino como una cuestión íntima, me ayuda. Eso, y la gran posibilidad de aferrarme a mi gran GPS que es "el hombre de arriba". Lo tomo así, es el rótulo que le he colocado hace muchos años. Es mi gran GPS. El hombre me dice "por acá o por allá; hacé lo que quieras, negro". Esas son las tres puntas que me señalan el norte.


Hay quienes dicen que el escenario es la droga más fuerte...

Sí, claro. Depende de cómo lo encares. Ahí va mucho eso de los valores adquiridos, y de la manera en que caminás en el accionar diario. Me parece que podés lograr plenitud emocional siendo tranquilo.

 

Claro, pero te lo planteaba en el sentido de que los Rolling Stones, o Paul McCartney, siguen haciendo giras, pese a que seguramente no necesiten el dinero...

Es un vicio grato. Una necesidad. Estas cosas que abrazamos, las abrazamos desde el vamos. Las elegimos como manera de vida, no solamente como sustento. Si me sacan eso, me sacan un brazo.


¿Te imaginás fuera de los escenarios?

No, no, no. Aparte hay tremenda armonía, tremendo feeling. Gracias a Dios, en estos últimos tiempos, hay un ida y vuelta lindo entre el escenario y Lucas Sugo. La pasamos re bien los dos, ¿Por qué dejar de hacerlo?

 

¿Hubo algún momento feo antes?

Sí, hubo momentos difíciles. Me acuerdo que yo era adolescente, casi joven, y armé una bandita en Rivera. Totalmente mal hecha, sin producción, pero con mucha ilusión. Llego a un boliche muy modesto de Livramento, y arreglamos dos shows en una noche. Hicimos el primero y hubo problemas de sonido, que fuimos arreglando. Terminamos la primera actuación y el dueño de ese boliche, donde había muy poca gente, me dice "desarmá y andate. Tu banda no tiene el nivel de la casa". Te podés imaginar la cachetada anímica que me dio. Y esas cachetadas son buenísimas, porque desde ese momento decidí que todo lo que hiciera lo haría con preparación. Son cachetadas didácticas que me ha dado la vida. No es solo impulso, solo ganas.

 


Quizás en ese momento era hasta justo, pero después ¿Te volvió a ocurrir?

No. Fueron escalones muy chiquitos los que fui subiendo. Yo quería tocar en un baile en campaña, quería tocar en el baile del barrio, quería esas cosas. No tenía grandes perspectivas a corto plazo, entonces nunca tuve expectativas en ese sentido. Sí tenía la voluntad de llegar, y se demoraba. Yo tengo 40 años. A los 30 estaba en Sonido Profesional, y las cosas caminaban bien, pero tenía ciertas ambiciones, y se me venía el reloj del tiempo vital complicado, y me aumentaba la ansiedad y las ganas de concretar algunos proyectos. Pero nunca tuve grandes desilusiones, porque todo fue gradual. En 26 años de carrera las cosas se fueron dando, y creo que todo tuvo un porqué por el GPS. El "loco" [Dios] es un fenómeno. Y después sí, toda esta historia en un lapso relativamente corto, desde 2014, que fue todo abrumador, pero también noto que las cosas se fueron dando de forma gradual en lo que hace a la posibilidad de un progreso, de una superación artística y personal.


Ahora, el Lucas de 15 años que quería cantar como Luis Miguel, ¿Se imaginaba en el Solís?

No. Al Solís quería ir a verlo, nunca me imaginé cantando ahí. Era inaccesible. Ya tenía el chip de que eso no. Me acuerdo de las primeras veces que vine a Montevideo, haciendo prensa y eso, y pasé por el Teatro de Verano. Yo veía aquello, y la gente de Montevideo Music Group [sello que publica la obra de Lucas Sugo] estaba por cerrar la fecha en ese lugar, y a mí me parecía que era demasiado. Nunca había ido. No tenía las experiencias que tienen los capitalinos, que para ellos pasa a ser una especie de moneda corriente. Ir a algún show, al Carnaval. Es algo más para ustedes. Para nosotros, los del interior, no. Viene por otro lado, tiene otra carga.

Foto: Montevideo Portal | Martín De Benedetti

Hablaste varias veces de valores, que no solo están presentes en tu comportamiento, sino en tus canciones. "Cinco minutos", "No quiero verte llorar"... ¿Sentís una responsabilidad "social" a la hora de sentarte a componer?

No es una responsabilidad de tener que hacer. Es que hay mochilas que tengo que llevar, y esperar que fluya. Me he dado cuenta en estos últimos tiempos de que uno, al hacer cosas que generan reacción en miles de personas, tiene algunos granitos de arena en esa mochila que puede colocar. No quiero presionar eso. No quiero agarrar todo eso y colocarme como un cantante de reivindicación de problemas sociales. No, no, no. Si en un momento determinado me sale una canción, bienvenida sea. No es la base de lo que hago. Trato de ser un intérprete que, si tiene la posibilidad de sumar su granito de arena con esas canciones, lo hace. Se trata de eso: de la felicidad de llevar esas mochilas responsables, que van más allá de lo artístico. Tranquilo, y sin basar mi arte en eso.


Debe de estar bueno cuando esos granitos de arena son reconocidos... Porque muchos pueden considerar que "Cinco minutos" es una canción de amor...

Está bueno sí. Y las trampitas que podemos hacer los que escribimos canciones.


¿Sos muy tramposo a la hora de escribir canciones?

No tanto. Soy más explícito. Pero a veces sí me doy ciertos lujos... ¿Sabés lo que busco? Busco llegar a la excelencia de lo simple. Me está costando mucho, pero voy a eso. Quiero hacer cosas que marquen, que lleguen, pero dentro de un contexto fácil de asimilar en lo que hace a la parte masiva. Quiero ser un cantante popular. Apunto mi arte a eso. Es mi sustento, mi carrera, pero también es mi sueño.


Es difícil, ¿No? No hay tantos cantantes populares...

Es muy difícil. Creo que va de la mano del combo artístico, el compromiso continuo, el profesionalismo, la seriedad y lo limpio de tu carrera. Y a todo eso, ponerle el corazón. Yo, ahora, no me considero un cantante de música tropical, o un charanguero. Charanguero es Mario Silva. Chacho Ramos. Grandes referentes de nuestra música tropical del interior. Yo soy un cantante romántico que bucea un poco en la charanga y trata de defenderla con mucho respeto.


¿Y sos popular en tu casa? ¿Qué dicen los gurises? ¿Son fans?

Sí, me siguen. Mi pichón a los 11 años está con el Marshmello y esa onda, y la pichona, con 15, mira al Yatra, al Maluma y esa onda. Lamentablemente está con el Bad Bunny también [Risas].


Bueno, son hits, pasan...

Sí, sí. Calculo que no se van a sostener con el tiempo. Es un tema vidrioso, pero bienvenido el reguetón, bienvenido el trap, bienvenidos todos los movimientos culturales, siempre y cuando no recurran a la apología de lo delictivo, de las adicciones, al maltrato de la mujer, del abuso. Esas cosas no. El resto todo bien, bienvenido sea. Yo escucho música clásica, me gusta Bach, Gardel, la voz de Axel Rose me parte al medio, la voz de Freddie Mercury me puede, Nino Bravo me encanta, Andrea Bocelli me gusta, pero en una fiesta, si suena un reguetón, mis deditos se van para arriba y me empiezo a mover. La música empezó para eso, tratando de generar estados anímicos positivos. Entonces uno no puede ser tan crítico y decir "mi dogma es esto y lo otro no". ¡Pará! Si el leit motiv es que te sientas bien, no hay necesidad de analizar si te llega al corazón o a la mente... ¡Pará un poquito! Si lo que te está ofreciendo es otra cosa, pasarla bien y moverte un poco, ¿Por qué no hacerlo?

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
jcostigliolo@montevideo.com.uy