Las 40
Convertir en milagro el barro

Las 40 de Graciela Barrera: con un hijo asesinado, lleva a las cárceles el mensaje de que otra vida es posible

“Si puedo dejar la semilla de un poquito de amor para que puedan darse cuenta del daño que han hecho, me doy por contenta”. Por Gerardo Tagliaferro.
12.06.2018
2018-06-12T00:00:00

La imagen de Alexis Viera, el ex arquero de Nacional, abrazando en una cárcel colombiana al hombre que casi lo confina a una silla de ruedas por robarle unos pocos pesos, posiblemente tenga un efecto mucho mayor que cien programas de rehabilitación o que cien años de prisión. Nadie podrá penetrar en la mente ni en el corazón de aquel joven conmovido ante el gesto de su víctima, pero muy probablemente ese abrazo haya sido la llave que abrió la puerta de su propia redención.

Un camino similar transita Graciela Barrera, la presidenta de la Asociación de Familiares y Víctimas de la Delincuencia (ASFAVIDE). El 14 de enero de 2009, Graciela recibió esa noticia para la que no hay manual que prepare a una madre: su hijo Alejandro, de 30 años, había sido asesinado en una rapiña. Esta mujer de hablar pausado y rostro matrizado por el dolor tuvo que abrir una bolsa celeste para reconocer a su hijo muerto, y al día siguiente escribió en el pizarrón del negocio familiar que "unas bestias" se lo habían quitado.

Tiempo después un picaflor se posó sobre la cuerda donde tendía ropa, y ella sintió que le traía un mensaje de su hijo con la respuesta a una pregunta que se había hecho una y otra vez desde que la tragedia la derrumbó: ¿qué hacer con tanto dolor? Y como en la canción de Silvio Rodríguez, decidió convertir el barro en milagro, a través del amor.

Con otras dos familias que vivieron situaciones similares creó ASFAVIDE, para que las víctimas tuvieran por primera vez visibilidad y una voz con la que hacerse oír. Pero también comprendió que la mejor manera de mantener a Alejandro a su lado era con un mensaje de amor: no habrá más víctimas como él, solo cuando la sociedad deje de fabricar verdugos dispuestos a apretar el gatillo.

Y un día comenzó a visitar cárceles y hablar con los presos, para que ellos conocieran la cara del dolor que sus actos generaron y, desde ese lugar, invitarlos a repensarse. "Ojalá yo hubiera tenido una madre como usted", le dijo uno de esos hombres, quizás tan parecido al que mató a su hijo.

Tener una madre como ella no salvó a Alejandro, ni tampoco habría garantizado que quien lo asesinó no lo hubiese hecho, pero ella está convencida de que su prédica de trabajar con amor el barro pone al ser humano más cerca del milagro.

Por Gerardo Tagliaferro
tagliaferro@montevideo.com.uy

 

1) En el año 2016, en el programa En la Mira, le dijo al periodista Gabriel Pereyra que al poco tiempo de perder a su hijo se propuso transformar todo lo malo en algo bueno. ¿Siente que lo ha logrado?

Es un camino largo y cuesta mucho. Personalmente sí creo que lo logré. Cuando pasó lo de Alejandro, al otro día, lo primero que hice fue escribir en el pizarrón de mi avícola "hoy no tengo ofertas, solo tenemos dolor y tristeza; tres o cuatro bestias nos quitaron a Ale". Ahí mostraba todo el dolor, porque uno necesita gritarlo, sacárselo. Después me fui dando cuenta de que eso no me llevaba a nada y consideré que lo mejor que podía hacer era trabajar para que no hubiera otros Ale. Y si otras personas tenían que pasar por lo mismo, que tuvieran lo que nosotros no tuvimos en ese momento. Entonces, fue una transformación dentro de mí y encontré un mundo que no sabía que existía.

2) ¿Le molesta hablar de la muerte de su hijo?

No. Obviamente el dolor sigue adentro, me va a acompañar el resto de mis días, pero no me molesta. Si sirve de algo, bienvenido sea.

3) Él fue asesinado en una rapiña, el 14 de enero de 2009.

Sí. Iba manejando su camioneta, con la que distribuía pollos, en la ruta 8 a la entrada de Los Aromos, en el kilómetro 21. El caso no está resuelto.

4) ¿No cayó ninguno de los que lo atacaron? Porque fueron varios ¿verdad?

Según los testigos, que fueron muchísimos porque fue a las dos y cuarto de la tarde, fueron tres personas o cuatro. No sabemos si alguno iba con Alejandro, porque la camioneta quedó estacionada al costado de la Ruta con las balizas encendidas. Él se bajó y gritó: "me roban, me roban". Y como que quiso agarrarlos y no pudo. Todo eso consta en las declaraciones de los testigos.

5) ¿Qué edad tenía?

30 años.

6) ¿Usted tiene otros hijos?

Sí, Fabián, que es tres años menor que Alejandro y que hoy hace la distribución que hacía el hermano. Nosotros seguimos haciendo lo mismo.

“Uno necesita gritar el dolor, sacárselo. Después me fui dando cuenta de que eso no me llevaba a nada”

7) ¿Cómo se enteró de lo que pasó?

Nuestra avícola está ahí cerquita de la Caminera, en Camino Maldonado y Celiar, y vino un agente de la Caminera y le dijo a mi esposo, que estaba al frente del negocio, que Alejandro había tenido un accidente. Salimos volando y cuando llegamos al lugar ya no estaba, estaba en CAAMEPA. Yo quería llegar a la camioneta y no podía, porque era un mar de gente. Esa visión la tengo claramente y cada vez que lo recuerdo se reproduce como si lo estuviera viviendo. Cuando llegamos a CAAMEPA recién había fallecido. Hoy, después de mucho trajinar, le puedo decir que difícilmente podrían haber encontrado una huella en el lugar porque la escena del crimen no había sido preservada en absoluto. Todo el mundo tocaba... de esas cosas uno se da cuenta después y van en contra del esclarecimiento del hecho.

8) ¿Qué cree que fue eso? ¿Imprudencia o qué?

No sé decirle. Fueron una cantidad de cosas que sucedieron y que hoy... creo que en ese sentido se ha avanzado en favor de la justicia. Fíjese que era 14 de enero y estábamos en plena Feria Judicial. El expediente de Alejandro llega al Juzgado de Pando el 8 de febrero. Todos esos días, por la Feria, estuvo en un Juzgado de Paz. Nadie se fijó en ese momento, pero decían que el auto con esta gente había dado vuelta en U hacia Montevideo. Y nadie se fijó en las cámaras de Zonamérica.

9) ¿Nadie lo pidió?

No sé decirle. Son cosas que uno después va aprendiendo. El auto apareció a la vuelta de la Seccional 18, que queda en el kilómetro 16 de Camino Maldonado. Ese auto era de una persona que vivía en los alrededores y la policía se disputaba si era jurisdicción de Canelones o de Montevideo. Y bueno... esas cosas creo que hoy, por suerte, ya no están ocurriendo.

10) ¿Qué fue lo primero que sintió en ese momento?

Uno no lo puede creer. Además, llegamos con mi esposo y él se descompensó, entonces quien tuvo que reconocer a Alejandro fui yo. Tuve que abrir una bolsa celeste para verlo adentro (se emociona). Y le prometí a Ale que iba a hacer todo lo posible para que Melina saliera adelante, porque él dejó una nenita de dos añitos, y que el mundo se iba a enterar de lo que le había pasado. Eso se lo dije en ese momento.

11) Los asesinos de su hijo aún no han pagado por su crimen. ¿Eso le provoca angustia?

Mire, le voy a ser sincera. No sé si la palabra es angustia, lo que me gustaría, después de todo este tiempo que ha transcurrido, es poder cerrar el ciclo. Que el caso no quede impune, eso es lo que yo quisiera. De ahí a que tenga odio o rencor... no, no siento eso. Me gustaría sentarme frente a la persona que le hizo eso a Alejandro y poder mirarlo a los ojos.

12)   ¿Qué le diría?

Nada. Simplemente creo que lo miraría. Eso es lo que siento... no me nace otra cosa.

“Quise ver cómo ayudar a otra persona a que no cometiera más delitos. Y que no hubiera más Alejandros, con todo lo que nosotros sufrimos”

13) Me imagino que lo que siente hoy es diferente a lo que sentía entonces.

Claro, por eso le dije que es un proceso dentro de uno. Me acuerdo de que en aquel momento miraba todas las caras, porque pensaba que en alguna iba a encontrar a quien le había hecho eso a Alejandro.

14) ¿Creyó encontrarla en algún momento?

No sabría decirle, porque creo que muchas veces uno piensa quién fue... o pensaba más antes, porque ahora no lo pienso tanto como en esos momentos. Y uno ve caras por todos lados que le parece que podrían haber sido. Pero no sé... Alejandro no tenía enemigos. Le pasó, de la misma forma que le podría pasar a cualquiera.

15) ASFAVIDE nace a raíz de que hay tres familias que se juntan y dicen "esto hay que cambiarlo". 

Yo nunca dejé de trabajar, ni mi esposo ni mi otro hijo tampoco. Fue mi otro hijo el que dijo que la mejor forma de honrar a Alejandro era seguir trabajando en la avícola, que era lo que a él le encantaba. Yo trabajaba durante la mañana y al mediodía me iba para mi casa, en El Pinar. Llegaba a casa y me desesperaba, lloraba, porque en el mostrador era difícil, pero en mi casa podía llorar tranquila. Un día había lavado ropa y la estaba colgando en los alambres y vino un picaflor. Yo nunca había visto un picaflor tan cerca. Se posa en el alambre, colgué la ropa y el bichito quedó ahí. Yo lloraba y en un momento le pedí a Alejandro que me dijera cuál era el camino que tenía que seguir, porque costaba mucho y no sabía cómo salir. Y me llamó la atención ese pajarito ahí. Cuando entré a casa, en la televisión estaban hablando familiares de la AMIA (N de R: se refiere a familiares de las víctimas del atentado en Buenos Aires, en julio de 1994) contando cómo ellos se habían ido juntando. Y usted sabe que eso fue lo que me hizo preguntarme qué había acá para hacer lo mismo. En ese momento me propuse hacer algo por las familias. En esa época hacíamos marchas y todo eso, y me encuentro con la familia Rosenberg, que hacía poco les había pasado algo similar. Y después, andando por el Parlamento encuentro a la familia Amaro, con el papá, cuyo hijo Gustavo era taxista y había fallecido también, y nos propusimos hacer esto. Hoy, por suerte, le hemos dado ayuda a tres mil familias.

16) Ese número incluye, supongo, no solo a familias que tienen algún fallecido por causa de la delincuencia.

No, de toda índole, es gente a la que pudimos brindar una mano.

17) Desde el punto de vista de la atención del Estado a las víctimas, hay cosas que han cambiado en los últimos años.

Sí. Yo creo que el Estado se dio cuenta de las necesidades que tenían las personas que eran víctimas de la delincuencia. No se olvide que las víctimas siempre fueron tratadas como un objeto, y no como sujetos de derecho. Nosotros, cuando sabíamos que había pasado algo nos acercábamos a esa familia y le decíamos si los podíamos ayudar, aunque fuera para sacar certificados, y en ese caminar le fuimos mostrando al Estado que se necesitaba algo para las víctimas. Sigo pensando que hay que tomar conciencia como sociedad de que nadie está libre de pasar por lo que pasamos nosotros. Hoy estamos contentos, a pesar de todo, de que le podemos brindar a la gente lo que nosotros no tuvimos.

18) Ese cambio se tradujo en el nuevo Código del Proceso Penal, que aborda la atención a las víctimas.

Exacto, por más que no abarca todo lo que tendría que ser, pero son los primeros pasos. También está la ley 19.039, de pensión para las víctimas. Cuando se votó esa ley, por la que trabajamos tanto, en las gradas éramos cuatro personas. Y hoy por hoy hay un montón de gente.

19) Se trata de una pensión económica para las víctimas o familiares. Muchas veces se minimiza la ayuda económica ante la tragedia de la pérdida de un ser querido.

¿Sabe qué pasa? Nosotros cuando peleamos por esto lo hicimos pensando en los niños. Porque muchas veces quienes fallecen o quedan totalmente discapacitados son los papás.

20) En su caso, hay una niña que quedó sin padre.

Exacto. En el caso de María Luisa Martínez, la mamá de Maximiliano Rosenberg, había un nenito muy bebé. Porque seamos sinceros, todos necesitamos de la economía para poder seguir. Nosotras como abuelas dijimos: desde ese lugar tenemos la tranquilidad de que van a tener hasta los 21 años si siguen estudiando, o hasta los 18, una cobertura. Y a su vez tienen la atención médica. Y las personas que están incapacitadas para trabajar también pueden cobrar esa pensión. Todo eso fue gracias al BPS y al Ministerio del Interior, que trabajó mucho.

“Es bueno que quien cometió un delito conozca la otra mirada. Porque de repente, como me han dicho a mí, nunca recibieron ni siquiera un abrazo, un beso”

21) ASFAVIDE nace entonces como una forma de ayudar a quien pasa por una situación así. Pero en algún momento sintieron la necesidad de ayudar a la sociedad a comprender y atacar las causas de la violencia. ¿Cuándo se dio ese paso?

En realidad la que empezó todo eso fui yo, hará unos cuatro años. Hablando con el doctor Charles Carrera, que estaba de director en el Ministerio del Interior, le explicaba que yo quería que la sociedad cambiara, que quería ver cómo ayudar a otra persona a que no cometiera más delitos. Y que no hubiera más Alejandros, con todo lo que nosotros sufrimos. Un día me llama el ministro (Bonomi) y me propone integrarme a la Comisión Honoraria de lo que era el Patronato (de Encarcelados y Liberados). Lo primero que hice fue hablar con mi familia y ellos me dijeron que si yo lo quería hacer, estaban todos dispuestos. Y después lo hablé con quienes estaban conmigo en ASFAVIDE. Todos me dijeron que hiciera lo que me pareciera que estaba bien.

22) Ahí empezó a visitar las cárceles.

Sí, la primera fue con el Patronato, a llevar ropa y artículos de higiene. Un día fui al Comcar y ahí les pareció raro ver a un familiar de una víctima de la delincuencia. En ese momento estábamos entregando ropa simplemente, pero se comentó que yo era la mamá de una víctima. Tuve un diálogo, pero muy breve. Me dijeron "¿es verdad que usted es la mamá...?" Y me sugirieron que diera una charla, pero quedó ahí. La segunda vez fui a Canelones y lo que vi ahí es como una película de terror. Fui a un lugar, un módulo, donde había un olor nauseabundo. Las celdas tenían una puerta con dos mirillas y por esas mirillas la gente que estaba adentro, que eran siete u ocho personas, no sé, sacaban las manos y gritaban "señora, señora, ayuda". Eran rostros sin color. Yo fui y dije: "Si esta gente está así, cuando salgan..."

23) ¿Esa experiencia le cambió su percepción del delito y de sus causas?

Lo que me hizo cambiar fue la visión que tenía de lo que era una cárcel. Me di cuenta de que así nunca podríamos sacar a alguien bien de ahí adentro.

24) ¿Cree que los que mataron a su hijo pueden rehabilitarse y, si fueran encarcelados, salir mañana con una visión crítica de lo que hicieron y con la disposición de cambiar?

Me lo he preguntado muchas veces. Yo quisiera saber cuál es la idiosincrasia de esa persona. Porque si hay una persona que se equivoca una vez y usted puede ayudarlo, trabajar con él, brindarle ayuda psicológica, enseñarle hábitos de trabajo, de higiene, que sepa lo que es convivir, creo que esa persona se puede rehabilitar. Pero si es una persona que varias veces le ha quitado la vida a otro ser humano, no sé si puede rehabilitarse. Cada uno es único, y hay delitos y delitos. Cuando voy a la cárcel no pregunto qué delito cometieron, entablo un diálogo buscando soluciones para todos, porque me parece que es bueno que quien cometió un delito conozca la otra mirada. Porque de repente, como me han dicho a mí, nunca recibieron ni siquiera un abrazo, un beso. Han conocido solamente la dureza de la vida y no las palabras que capaz que nosotros son las que más comúnmente usamos.

25) Al respecto, ha contado lo que le dijo un preso. Le pido que lo recuerde.

Fue en la cárcel de Punta de Rieles. Después de haber estado charlando largo rato, cuando estaba por irme, me dijo: "señora, ojalá yo hubiera tenido una mamá como usted". También me dijeron que les enseñaba la palabra dignidad. Y también me dijeron lo otro: "señora, yo fui, soy y seré delincuente". O sea, somos todos distintos, pero si yo puedo dejar la semilla de un poquito de amor para que puedan darse cuenta del daño que una persona puede hacer a otra, ya me doy por contenta.

26) Las charlas en general han sido con grupos de presos.

Sí, y con gente muy joven. Las cárceles están llenas de jovencitos. 

“Hay que enseñar que hay otra vida, que un libro puede más que un arma, y que el amor puede mucho más”

27) ¿Siente que su testimonio les llega?

A todos no, pero sin duda a muchos sí. Ahora, porque el tiempo no me da, voy poco a Punta de Rieles, antes iba todos los jueves. Pero cuando voy caminando por los caminitos de esa cárcel me llaman "Graciela". Entonces, alguna empatía he logrado. Este lugar (la sede de ASFAVIDE) fue todo refaccionado por personas privadas de libertad, y ahora hicimos un lugar más grande para los abogados y lo arreglaron todo ellos. Gente del Polo Industrial del Comcar. Y aunque no les correspondía, ellos arreglaron enchufes, por ejemplo. En el Polo hay un minimercado donde trabajan ellos y el 10% de la ganancia viene a ASFAVIDE, es con lo que la asociación se sustenta hoy por hoy. El día que inauguramos esta casa estaba el ministro del Interior, el hoy ministro de Trabajo, fiscales, parlamentarios de los cuatro partidos, las víctimas y familiares y también había personas privadas de libertad, con sus custodios. Y nunca tuvimos ningún problema.

28) ¿Los demás integrantes de ASFAVIDE comparten su visión?

No es que algunos lo vean mal, en general me dan la anuencia para que yo siga haciendo esto, simplemente que a veces uno no puede actuar de esa forma. El dolor a veces no nos lo permite. ¿Sabe qué? Está bien que se difundan las malas noticias, pero también hay muchas cosas buenas que se hacen y no se difunden tanto. Todo el trabajo que hacemos nosotros no tiene tanta difusión como eso.

29) ¿Qué le dice a la gente que piensa que a los delincuentes "hay que matarlos" o pide "que se pudran en la cárcel", o se queja cuando se destinan recursos a mejorar su calidad de vida en una prisión?

Que tendrían que conocer las realidades, que muchas veces la realidad no es como se ve. Yo considero que hay que enseñar que hay otra vida, que un libro puede mucho más que un arma, y que el amor puede mucho más. Muchas veces he dialogado con gente que me dice eso, y quisiera saber si alguien se da cuenta de que también hay familias enteras que están sufriendo por lo que hace uno de sus hijos. ¿Alguien piensa en esa familia? ¿Alguien piensa que puede haber una mamá o un papá que tiene un hijo drogadicto, al que no tuvo forma de ayudar y que hoy lo tiene en la cárcel?

30) En la cárcel o también como una víctima.

Exactamente. Nadie está libre de eso. He ido recorriendo y aprendiendo, y le puedo asegurar que hay gente que conozco que son profesores, con títulos académicos, y no encontraron solución para su hijo y hoy está preso. Y esa familia no es mala. Tendríamos que hacer hincapié en que se trate el tema de la droga, porque no tenemos planes para abordar eso.

“Si a nosotros no nos hubieran dado herramientas desde chicos para manejarnos en la vida, no habríamos sabido hacerlo”

31) Que es un problema serio en las cárceles también, mucho más de lo que generalmente se admite.

Exactamente. Si se dice que la cárcel es la escuela del delito y no contribuimos a enseñar buenas prácticas, que se puede salir de lo que han hecho mal... Yo siempre le digo a la gente que está en la cárcel: ustedes de acá pueden salir, mi hijo no. Y mi nieta no puede tener a su papá. En cambio esa persona, cuando salga en libertad, puede tener a su hijo. Y eso es muy importante para que ellos se den cuenta.

32) ¿Cree que hay una relación directa entre pobreza, exclusión, y delito?

No es solamente la pobreza, donde más se juega es en la educación. Hay que educar desde la panza. Una persona que sea pobre, si tiene valores y tiene educación... No se dan las herramientas para que la gente salga adelante. Si a nosotros no nos hubieran dado herramientas desde chicos para manejarnos en la vida, no habríamos sabido hacerlo.

33) Es lo que le decía ese recluso acerca de la madre.

Exacto, ahí tiene la prueba. He estado con una persona privada de libertad que me ha dicho: "señora, yo vengo de unos padres que han tenido siempre problemas; he estado en el INAU, me tenían en un calabozo porque me portaba mal". Como sociedad, ¿qué les hemos enseñado cuando ellos estuvieron ahí? ¿Les hemos brindado herramientas para que no replicaran lo que habían sido sus padres? No lo hicimos. O sea, las causas vienen desde cuando nacemos y de lo que podemos ir acumulando. Una planta, si no tiene sol y agua, no puede vivir.

34) ¿Cree que el aumento de penas contribuye a combatir el delito?

Creo que ya hay penas importantes, lo que habría que hacer es cumplirlas. Si no tenemos una buena reeducación dentro de los establecimientos, no va a servir de nada por más que encerremos a todo el mundo y los tengamos allí.

35) Algún día van a salir.

Exacto, y esa es otra cosa: cuando salen ¿qué les brinda la sociedad? ¿Hay alguien que les abra la puerta, que les dé una mano? ¿Hay alguien que les brinde un trabajo? El ser humano es muy egoísta muchas veces. Y también me dijeron eso: "señora, salgo dentro de una semana ¿no sabe en qué puedo trabajar? Estoy preocupado, porque si pasan los días y no consigo nada ¿qué hago?" Y es la realidad. Somos nosotros los que tenemos que abrir la cabeza. Pero no es fácil.

36) Y es más difícil cuando uno se sienta todas las noches frente al televisor y lo que ve son rapiñas, violencia, todo lo malo. Y no tiene esta otra mirada que usted está planteando.

Obviamente yo pienso que no tiene que haber impunidad. Cuando éramos chicos y nos portábamos mal, nos ponían una penitencia. Si cometió un delito, usted tiene que pagar. Pero nosotros tenemos que ayudar para que después no vuelva a hacerlo. Lo que yo quiero es que otras familias no sufran lo que sufrimos nosotros. Para eso trabajo.

“Si cometió un delito usted tiene que pagar. Pero nosotros tenemos que ayudar para que después no vuelva a hacerlo”

37) ¿Cree en Dios?

Creo, a mi manera. No necesito ir a una iglesia todos los días. Puedo rezar cuando tengo ganas y puedo demostrar con hechos. 

38) ¿Siente que de alguna manera está en contacto con su hijo, donde quiera que esté?

Sí. Totalmente (vuelve a emocionarse). Lo llevo dentro mío, lo tuve nueve meses dentro de mi panza. ¿Cómo no lo voy a llevar conmigo? Me acompaña en todo momento.

39) ¿Qué significado tiene para usted la palabra "perdón"?

(Piensa) Poder mirar a los ojos a quien me quitó a Alejandro.

40) ¿Siente que podría llegar a perdonarlo?

Considero que si lo miro a los ojos, lo estoy perdonando. 

Montevideo Portal | Gerardo Tagliaferro
Fotos: Juan Manuel López