Contenido creado por Gastón Fernández Castro
Cybertario

Muros

Muros

31.08.2011

Lectura: 3'

2011-08-31T07:12:19-03:00
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Otra vez la tragedia. Un joven de dieciséis años murió en la zona del Montevideo Shopping a manos de un matador salvaje y desconocido. Todos necesitamos que la Policía encuentre lo antes posible al homicida. También los padres y familiares del adolescente, aunque ellos no tendrán consuelo.

Los chicos y chicas que se juntan cada domingo en esa zona de la capital están divididos en dos. Para los que vienen de las familias más holgadas y mejor constituidas, al menos en términos de valores y afectos, el problema es "el planchaje". ¡Linda manera de alejar el problema! Como si los "planchas" hubieran caído de Marte y no fueran consecuencia de su desconexión con el acceso al confort, las oportunidades, las aulas con calefacción y las caricias y los buenos ejemplos de papá y mamá.

Esta vez, la bomba de tiempo estalló en territorio liberado. Los centros comerciales son el escenario predilecto de la clase media. Allí sentimos que estamos a resguardo de manos indiscretas, libres por fin de comprar todo lo que nuestra tarjeta de crédito nos permita. Malas noticias: es un vano intento. Vivimos en una ciudad abierta, o al menos, con sus muros perforados en el que nadie estará a salvo hasta que todos, o casi todos, lo estemos.

El país del "nosotros y ellos" se instaló hace varias décadas como una loza y pretextó todos los desaguisados que ensombrecieron nuestro horizonte. Pero el desprecio por el prójimo jamás es un fin en sí mismo. Apenas sirve para darle un manto de excusas a su despojo material y espiritual. Por cierto, los culpables de los problemas siempre son "ellos", nunca "nosotros", ya sea que se trate de categorías ideológicas, étnicas, religiosas o sociales. La pérdida del sentido comunitario, de sentir que compartimos un destino en un espacio común, antecede y preanuncia las crisis y los estallidos sociales.

Son jóvenes que dirimen sus diferencias de manera violenta y en patota. Los uruguayos fingimos que nos sorprendemos para no reconocer nuestra responsabilidad de permitir que la situación llegara donde llegó. Por cierto, los crímenes los cometen unos salvajes antisociales, que para colmo, se visten mal, escuchan una música espantosa y andan por la vida desafiando a la autoridad. "Nosotros y ellos" es también un atajo para mentes perezosas: las culpas siempre son pocas, sencillas y externas. La televisión, la falta de patrullaje o la crisis del 2002 ocupan el lugar que antes estaba reservado a la calle y las malas juntas. La responsabilidad nunca toca nuestra puerta.

Nada puede atenuar el dolor de perder un hijo por la brutalidad de un desconocido, ni el temor de que el próximo pueda ser el nuestro. Pero el riesgo de apelar a soluciones expeditivas y fulminantes termina volviéndonos como un búmeran. En este shopping del Uruguay moderno, todos estamos en el escaparate, como en un parque de diversiones. Saber quién disparará la próxima ráfaga es lo de menos. No se trata de construir muros más altos. Malas nuevas: en esta ciudad, nadie estará a salvo hasta que todos, o casi todos, lo estemos.