Hasta ahora, sobre todo en nuestro país, no han habido intentos exitosos que unan ambas esferas intentando la nunca acabada reconciliación del sistema político con la sociedad y por ende una mejor democracia.
Sobre este aspecto y refiriéndonos a nuestro país, debemos destacar tres ramas del mismo árbol . En primer lugar y con respecto a los partidos, la centralidad que los mismos han tenido. La teoría de la Partidocracia uruguaya (Caetano, Pérez y Rilla) pone el énfasis justamente, en cómo los partidos uruguayos han actuado a lo largo de la historia como motores-cerebro , ejecutando elementos o acciones concretas e importantes, iniciativas que se potenciaban en decisiones políticas. Decisiones políticas que han sido y siguen siendo también políticas públicas.
En segundo lugar, a inicios de la década del 90, (cuando el Frente Amplio asume la IMM), se implanta un novedoso proyecto de descentralización participativa que buscaba además de desconcentrar y descentralizar los servicios municipales, incluir la participación de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones, en el proceso del policymaking local. Lamentablemente, este proceso sufrió posteriormente algunas modificaciones como la implantación de las Juntas Locales que oscurecieron el vínculo participación resultados . Fue notorio que los ciudadanos no obtuvieron poderes de decisión reales y esto fue identificado, por algunos especialistas en el tema, como resultado de la reproducción de los niveles de organización político-partidaria y del gobierno en la estructura descentralizadora. En definitiva, las Juntas Locales restringían la participación a la mera provisión de información, desestimularon la participación porque los vecinos no observaban una real incidencia en la toma de decisiones.
En tercer lugar, ya desde inicios de la década del 70, Montevideo en particular comienza a sufrir transformaciones profundas en paralelo en varios espacios. El mundo del trabajo, con el fin de la gran manufactura, protagoniza el nacimiento de nuevas formas de producción de escasa utilización de mano de obra. Como consecuencia, vastos sectores medios y populares pasan a ocupar los bolsones de pobreza de la periferia de la ciudad y aumenta la fragmentación social, la segregación y la discriminación. El nuevo entorno urbano modifica las relaciones comunitarias redefiniendo la socialidad de las mayorías . El barrio, otrora espacio de intensos intercambios comunitarios, generador de identidades culturales y de sentido de arraigo, ahora es sustituido por lugares de residencia áreas dormitorios .
Algunos de estos fenómenos fueron los que Isabel Viana en un brillante artículo publicado en este suplemento el pasado 3 de diciembre, describió analizando los hechos ocurridos en Euskal Erría. En definitiva, las relaciones sociales sufrieron transformaciones notorias que dejaron huellas en muchos espacios, no sólo en lo urbano donde los asentamientos irregulares pasaron a ser parte del paisaje capitalino, también en la relación entre los miembros de una misma comunidad. La pérdida de ese sentido de arraigo también genera desestímulos a la integración y a la participación.
EVALUANDO FUTUROS DESAFÍOS
Estos hechos vienen marcando profundamente la historia del país desde los años 70. El proyecto de la IMM se presentó en una coyuntura de marcado desencanto con la política y sobre todo con las formas tradicionales de hacer política, que parecían no ofrecer soluciones claras a la gente. Lo importante es cómo este proyecto, tan en boga en la América Latina de la época, vino de alguna manera a proponer nuevos canales institucionales de participación de la sociedad en los asuntos públicos que son también asuntos políticos.
Es mi opinión -y es esto lo que hay que destacar- que en aquellas instancias la sociedad se mantuvo como desafiante de los partidos políticos, cuestionando la centralidad que los caracterizaba en los procesos de toma de decisiones, demandando espacios reales de participación en el policymaking local, demandando simplemente una mejor y más fluida interacción con el sistema político. Aquella participación que no tenía y que tampoco exigía hasta que se le dio una oportunidad.
Sin caer en un análisis sociocéntrico que explica todo o casi todo- solamente a través de los actores sociales, vale resaltar que no parecen descolocadas las demandas con las que la sociedad ayer y aún hoy interpela a nuestro sistema político. No parece errado tampoco el análisis que muchos académicos realizaron al respecto y en esto me remito a Ma. Elena Laurnaga cuando en un seminario realizado en 2001 por la IMM con el objeto de analizar el proyecto de descentralización emprendido, afirmó que los partidos y la sociedad no tienen porque ser fenómenos excluyentes y en cambio son una contraposición productiva entre política de partidos y política de ciudadanos .
Entonces, y buscando elementos en un futuro no muy lejano, nuestros partidos políticos y en particular el EP-FA-NM, por haber sido electo como futuro gobierno, tendrán que emprender un profundo debate para alcanzar nuevos canales de interacción con la sociedad pero, esta vez, desde una mirada que no soslaye al actor social, a la sociedad en su conjunto, sino que la promueva como legítimo actor político.
Concebir este desafío por la positiva para los partidos uruguayos no implica reinterpretar ni el significado de los acontecimientos históricos ni el de la centralidad de la política o de los partidos en este país. Simplemente intenta generar insumos para la ponderación y evaluación de futuros escenarios que debemos tener en cuenta hoy porque, como todos sabemos, el tiempo apremia y debemos cuanto antes acompasar los cambios con modificaciones de nuestras estructuras, sean estatales, sean partidarias, sean sociales o sean en los mecanismos de comunicación.
Este análisis también plantea la necesidad de profundizar en zonas que hasta ahora (al igual que en su momento sucedió con la política y los partidos) están relativamente desatendidas. Necesitaremos de más trabajo en conjunto y de una mayor y mejor interdisciplinariedad para cubrir desde la academia y con sustancia los fenómenos que se nos avecinan.
LA INTERACCIÓN PARTIDOS - SOCIEDAD
Los desafíos nunca escapan a dificultades, por su significado implican esfuerzo y dedicación pero también entusiasmo, el mismo que se necesitó para insistir en la revalorización de la política y del papel de los partidos políticos en Uruguay. Necesitaremos también de los partidos porque todos ellos seguirán siendo los protagonistas diarios de nuestra historia y política pero acompañados, creo yo, de la sociedad, de quienes hacen ejercicio de sus derechos y cumplen con sus obligaciones.
En este escenario no muy lejano, continuaremos visualizando a los partidos en el centro como también a la política, incluso se podría decir que quizás más dinámicos, más novedosos, más renovados. Esto por el simple hecho que las pasadas elecciones han estimulado a los partidos, sobre todo al Partido Colorado, a reevaluar, aunque sea en su discurso, su estructura interna y a apoyar la renovación de líderes en pos de recuperar no sólo el poder en un futuro sino también la comunicación tan dramáticamente perdida con los ciudadanos.
Esperemos que la sociedad uruguaya ceda en su justo término y que los partidos a su vez otorguen en su justo término, para que la política pase a ser más una interacción comprensiva entre miembros de una comunidad por un lado y miembros del sistema político de esa comunidad por el otro. El significado de recolocar los espacios de la política en ámbitos ciudadanos pasa por consolidar nuevos perfiles o modelos para una ciudadanía cambiante y que amenaza con llevarnos puestos , no en una connotación violenta sino en un sentido de accionar propositivo.
Natalia Carrau es estudiante de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales,
Udelar. |